Rafael Rebolo Gómez - La Armada Cartaginesa

 

1. Introducción

 

En octubre de 1944 en el golfo de Leyte se enfrentaron las flotas estadounidense y japonesa, con 209 buques la primera y 67 la segunda, considerando en estas cantidades desde destructores a portaviones; el número de combatientes en la batalla llegaba a 100.000. Tras el enfrentamiento se habían perdido 34 naves, la mayoría japonesas, produciéndose unas 13.000 bajas. Esta batalla se considera como la mayor confrontación naval de la historia.

En el año 256 a. C., en el sur de Sicilia, junto a cabo Écnomo, se enfrentaron las armadas cartaginesa y romana. Entre las dos potencias sumaban 680 navíos del tipo quinquerreme (330 romanos y 350 púnicos), el personal embarcado ascendía a unos 290.000. Tras la batalla, 24 buques romanos y más de 30 cartagineses habían resultado hundidos, otros 64 fueron capturados por Roma. Es difícil precisar el número, pero con casi toda seguridad alcanzó las 25.000 bajas.

Si hemos de creer a Polibio, fuente de los datos anteriores, Leyte queda empequeñecida frente a la magnitud de Écnomo; sobre todo si se considera que las poblaciones que respaldaban esas flotas eran al menos un orden de magnitud inferiores en la Primera Guerra Púnica que en la Segunda Guerra Mundial. Posiblemente las cifras estén hinchadas, pero estimaciones más realistas no afectan a la magnitud del enfrentamiento.

Las naves que tomaron parte en Écnomo eran galeras, la mayoría de cinco órdenes de remos. Durante 30 siglos fueron las reinas del Mediterráneo. Las galeras de combate, en especial las correspondientes a la antigüedad clásica, han atraído la atención de los estudiosos a lo largo de los últimos siglos y en particular desde finales del siglo XIX.

Las opiniones sobre su morfología, prestaciones, operación, etc., han sido muchas veces contradictorias, levantando encendidas polémicas que aparecen reflejadas, dentro de la literatura técnica, en artículos, réplicas y contrarréplicas. Sin embargo, a partir de mediados del siglo XX, parece que se perfila un cierto acuerdo tanto en la evolución de las galeras como en sus actuaciones y operación, terminando este proceso de consenso en los años ochenta con la reconstrucción, no exenta de críticas, de lo que se piensa pudo ser una trirreme griega.

Este trabajo esboza lo que pudo ser la evolución de los buques de combate de remos, intentando centrarse en las naves fenicias y en particular en las púnicas, aunque inevitablemente las referencias a naves griegas sean continuas. Como referencia del estudio se han usado los siguientes trabajos: “Greek and Roman Oared Warships” de J. S. Morrison y J. F. Coates, “Ships and Seamanship in the Ancient World” de L. Casson,“The Age of the Galley” (es una recopilación de diversos trabajos); por lo que no se citarán en el texto, sobreentendiendo que la mayor parte de lo aquí mencionado está tratado en ellas. Se citarán otros trabajos de menor entidad, aunque no menor importancia, cuando así se requiera.

El primer uso de un buque como barco de guerra fue, probablemente, la utilización de un mercante como transporte de tropas o para la práctica de la piratería y de incursiones costeras. Con el paso del tiempo, estos barcos se equiparon para la defensa y el ataque, poniendo en manos de los tripulantes armas y equipo de abordaje. Pronto quedó patente la ventaja de poseer una velocidad y capacidad de maniobra superior a la de sus oponentes, sobre todo en actividades relacionadas con la piratería, donde eran requisitos imprescindibles tanto para dar caza a una presa, como para la huida.

Hace unos 5000 años ya existían barcos diseñados específicamente para la guerra. Sobre el 2000 a. de C., en Creta, empezó a usarse un tipo de barco esbelto, con proa puntiaguda, muy distinto del panzudo mercante. La propulsión era por remos y la capacidad de navegación a vela limitada. A partir de esta galera ancestral, y durante dos milenios, se produjo un desarrollo continuo de este tipo de nave, proporcionando a las diversas potencias que florecieron durante ese periodo el dominio del Mediterráneo y el control de las rutas comerciales.

Por su propia naturaleza y misión, apenas existen restos arqueológicos de barcos de guerra de esta época. Su estructura de madera y el poco lastre usado (consecuencia de los requisitos de maniobrabilidad y velocidad) dificultaban, tras una tormenta o combate, el hundimiento de la galera. Incluso si ésta se hundía, la carencia de lastre y carga impediría que se preservara el forro del casco y la estructura de la quilla, como ha ocurrido en otros pecios de naves mercantes. Si valía la pena, los restos solían ser recuperados y canibalizados por la flota vencedora; si no, se acababan dispersando y degradando.

El conocimiento que se tiene de estas galeras proviene de dos tipos de fuentes: las escritas tanto en relatos históricos como ficticios, y representaciones escultóricas e iconográficas. Los registros escritos no suelen ser, por desgracia, manuales de diseño, sino meras referencias a los barcos en las que no aparecen demasiados detalles ya que éstos se dan por conocidos al ir dirigidas a un público familiarizado con los mismos. Por otro lado, con el paso de los siglos y las sucesivas copias de las obras se han introducido errores y variaciones que pueden velar el significado original, siendo difícil saber que pretendía decir el autor. Las representaciones artísticas tampoco son demasiado detalladas. Existen graffitis de la época, realizados posiblemente por marinos y trabajadores portuarios, que si bien muestran una calidad artística baja, reflejan detalles de los barcos. Otra fuente de información importante es el análisis de las representaciones en monedas, que presentan el inconveniente del tamaño, y por tanto no son capaces de proporcionar demasiados detalles, recurriendo a convencionalismos artísticos en las representaciones.

Del estudio de los restos de astilleros y fondeaderos de galeras se obtienen datos adicionales como las dimensiones de los barcos que en ellos se construían o protegían.

Como consecuencia de la escasez de restos y de la inevitable subjetividad que existe en la lectura de las fuentes, muchos de los temas tratados están basados en conjeturas e interpretaciones que son discutibles y que, ante cualquier nuevo descubrimiento, pueden demostrarse erróneas. En cualquier caso, se intentará a continuación presentar los puntos de vista más aceptados en la actualidad, teniendo en cuenta que no existe total unanimidad entre los estudiosos, no dejando de ser muchas de las interpretaciones, aunque ingeniosas y coherentes, meras especulaciones.

 

2. Generalidades de las naves propulsadas a remos

2.1 Condicionantes físicos y operacionales

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