Rafael Rebolo Gómez - La Armada Cartaginesa

 

3. Evolución de la galera en los tiempos antiguos

 

3. 2 El Trirreme

El siguiente paso, a finales del VIII o principios del siglo VII a. de C., fue la incorporación de un nuevo orden de remos, apareciendo así el trirreme (o triere en griego). Tanto fenicios como griegos podrían tener sus razones para desear incrementar la potencia de sus barcos. Parece que fueron los primeros los que incorporaron un nivel adicional de remeros (thranitai) en sus barcos, creando el trirreme. Las naves de guerra griegas, desarrolladas desde su origen para uso militar, a diferencia de las fenicias que seguían poseyendo una cierta capacidad de carga, tenían mayor dificultad en instalar un nuevo orden de remos como consecuencia de su menor manga. Si esta nueva hilera de remos se colocaba directamente por encima de las dos anteriores, era necesario usar palas de mayor longitud y con un ángulo elevado respecto a la superficie, obligando a un mayor esfuerzo y una remada forzada por parte del remero, con problemas de sincronización causados por los diferentes periodos naturales de los remos.

 

Figura 11.- Nave birreme a dos niveles. Periodo geométrico (730-700 a. de C.)

 

En los buques griegos se resolvió este problema mediante la construcción de un postizo externo al casco (parexeiresia), que situaba al nuevo remero ligeramente por encima y hacia fuera de los originales, sin necesidad de aumentar la manga real. De esta manera se pudieron usar remos de igual longitud, independientemente de la altura; además de no elevar demasiado el centro de gravedad (figura 12).

 

Figura 12.- Posible distribución de los tres órdenes de remeros en un trirreme fenicio y otro griego
(basado en J. Coates, ilustración de La Aventura de la Historia, números 27 a 29)

 

3.2.1 Trirremes griegas

Un trirreme iba propulsado por 170 remeros. Además, el personal embarcado se complementaba con timoneles, marinos y oficiales bajo las órdenes del trierarco o capitán. En total la tripulación estaba formada por unos 200 hombres. La eslora y manga del barco en la línea de flotación aumentó hasta unos 35 y 3,6 metros (debido al uso de la parexeiresia, la manga no era muy distinta de la pentecóntera). El desplazamiento se elevó hasta unas 45 toneladas en servicio.

El espolón se transformó en un ariete, con tres dientes, de madera recubierta de bronce, cuya finalidad era el embestir al navío enemigo para abrirle una vía de agua o romper los remos de uno de los laterales dejando el barco ingobernable. Con objeto de proteger la integridad de la postiza durante un ataque, ésta se reforzó en su parte frontal (epotis). El casco se encontraba recorrido por un cierto número de cintas longitudinales que terminando en el espolón permitían aguantar los esfuerzos originados durante la embestida. Respecto a la cubierta, en un principio se mantuvo el estilo de las birremes: una cubierta central elevada. Al cobrar importancia el abordaje, se fue aumentando su superficie con objeto de acomodar mayor número de soldados, llegándose a la configuración de dos cubiertas elevadas, por encima de las posiciones de los thranitai, con un pasillo central más bajo. En las últimas versiones se convirtió en una construcción catafracta, con una cubierta que abarcaba todo el ancho del casco. Los laterales de las postizas se cubrían con piezas de cuero para proteger a los remeros de los proyectiles enemigos. Posteriormente se usaron rejillas que, además de protección, permitían una cierta ventilación, necesaria para el trabajo de los remeros.

 

3.2.2 Trirremes fenicias

Los fenicios, de gran tradición marinera y con galeras de manga superior a las griegas, en vez de instalar una parexeiresia, incrementaron la altura del barco. Los thalamitai y zygitai seguían pivotando sus remos a través de portas en el casco y sobre la regala; los thranitai los articulaban sobre una baranda directamente situada sobre la regala. Por encima de ellos se encontraba la cubierta, que se extendía a todo lo ancho de la nave. El número de remeros y su distribución era similar al de las naves griegas, no existiendo diferencias entre sus esloras. La forma de la proa difería, manteniendo las naves fenicias el espolón largo y afilado típico de las naves de Luli. El mayor tamaño del espolón permitía absorber parte de la energía del impacto, no requiriendo de las gruesas cintas características de las naves helénicas.

Los laterales del casco en la zona de remado parecen estar abiertos, en forma semejante a la de las naves del rey Luli (Figura 13). Este espacio abierto podría tener como objeto la ventilación/refrigeración de la planta propulsora, recubriéndose con cueros durante el combate para ofrecer cierta protección a los remeros ante armas arrojadizas, en forma semejante a como los griegos cubrían su postiza. Bajo el punto de vista de la integridad estructural del barco, la existencia de aperturas debió ser contrarrestada con refuerzos en baos y posiblemente el uso de una cubierta, convirtiendo la nave en catafracta. La existencia de cubierta permitía la presencia de mayor número de marines que en sus homónimas griegas, tal como atestiguan los textos.

 

Figura 13.- Reaparición del modelo fenicio. A) Arados (350 – 323). B) Biblos (siglo IV). C) Amato (340-330). (Morrison, 1996)

 

La iconografía muestra unos cuernos a proa (figura 14) de difícil interpretación. Es sugestiva la posible utilización de dichos cuernos (figura 15) como un bauprés para permitir el uso de aparejos no cuadrados, mejorando las cualidades de navegación a vela (Basch, 1969).

 

Figura 14a.- Sidón, finales del V a. de C. (Basch, 1969)

 

Figura 14b.- Sidón, finales del V a. de C. (Basch, 1969)

 

 

Figura 15 a y b.- Dos sellos de arcilla encontrados en Persépolis.
El cuerno de la proa parece cumplir alguna función en el aparejo.

 

La configuración de galera descrita se mantuvo hasta mediados del siglo IV, donde el buque fenicio se heleniza y toma un aspecto más parecido al de los buques corintios. El espolón se acorta, adoptándose el tridentado, y aparecen cintas de refuerzo. Para evitar daños propios en la proa, en la colisión durante un ataque, se incorpora el proembolon, un pequeño espolón a media altura en la proa. Los cuernos desaparecen y el estolos se curva hacia detrás, a diferencia de los griegos con forma de S y más esbeltos.

Desaparecen los laterales abiertos, no se observa la existencia de postiza y se mantienen los escudos sobre las amuras (Figura 16). Durante la helenización de la galera fenicia se adopta la vela cuadrada (si es que no se usaba ya), y si es cierto que se llegaron a usar protovelas latinas, estas quedarían relegadas a navíos de menor entidad (por ejemplo pesqueros), no siendo por tanto representadas en la iconografía.

 

Figura 16.-a, b y c: Monedas corintias, segunda mitad del siglo IV a. de C.

 

Figura 16 bis.- 1 y 2) Arados alrededor del 330 a. de C.-  3) Arados alrededor del 240 a. de C.

 

3.3 El Cuatrirreme, el Quinquerreme y otros ‘remes’.

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