Rafael Rebolo Gómez - La Armada Cartaginesa

 

4. Operación de la Flota

 

4.2 La Tripulación

Para que un barco de combate como el trirreme fuera un arma efectiva, todo debía funcionar perfectamente coordinado. Era por tanto necesario el uso de una tripulación bien entrenada y motivada, que estaba formada por una mayoría de remeros, un número más o menos elevado de tropa, unos marinos y especialistas y un reducido número de oficiales.

 

4.2.1 Los remeros

Normalmente las tripulaciones de las galeras estaban constituidas por hombres libres, habitualmente procedentes de las clases sociales más bajas. La motivación de estos individuos era económica y recibían una paga por la labor desarrollada. En muy contadas ocasiones se usaban esclavos y sólo como último recurso. El uso de prisioneros o esclavos ponía en peligro la nave, ya que podían boicotear el funcionamiento de la misma en un momento crítico simplemente rompiendo el ritmo de la palada, y en el mejor de los casos podrían no estar lo suficientemente motivados. En el caso de los esclavos, hay además un motivo económico: son caros. Las bajas, siendo asalariados no suponen un coste adicional (incluso si no han recibido toda la paga supone un ahorro), el esclavo supone una pérdida. Sí es cierto que en algún momento se usaron esclavos, pero éstos solían ser liberados antes del combate. Cuando se comenzó a emplear dos remeros por pala, fue posible utilizar prisioneros en una de las posiciones, pero no parece que fuera una práctica demasiado extendida, pues seguía estando presente el riesgo de rebelión. Tras la toma de Cartago Nova, se complementó la flota romana con prisioneros, pero teniendo cuidando que la tripulación fuera mayoritariamente leal, distribuyendo remero experto con prisionero, y prometiendo la libertad a estos últimos a cambio de su colaboración. (Casson, 1966; Libourel, 1973; Morrison, 1988)

Durante el periodo considerado existía un amplio mercado de marinos profesionales, en todas las ciudades costeras, dispuestos a ofrecer sus servicios al mejor postor. Pero durante las Guerras Púnicas, tanto para Roma como para Cartago, llegó a ser difícil el conseguir tripulaciones en número bastante debido a la continua sangría a que se vieron sometidas como consecuencia de los combates y adversidades climatológicas, no pudiéndose en ocasiones tripular todos los buques disponibles.

No hay duda que la labor de los remeros era dura. Éstos trabajaban apiñados, separados apenas un metro del inmediatamente anterior en su mismo nivel, unos pocos centímetros del anterior superior y, en el caso de más de un remero por pala, la distancia mínima para evitar la interferencia con los codos de su compañero de boga. Incluso en los periodos de reposo, el barco no ofrecía ninguna posibilidad de un acomodo medianamente confortable de la tripulación.

En el interior de un barco catafracto, a la escasez de sitio habría que sumarle un ambiente agobiante. Por un lado, pese a cubrir las portas de los remos con los askomata, debía ser difícil evitar las salpicaduras, sobre todo en el puesto del remero inferior (el thalamites), cuya porta distaba unos 40 o 50 cm de la superficie del mar en calma. Por otro lado, como consecuencia del bajo rendimiento termodinámico del ser humano, la cantidad de energía liberada en la bodega del buque en forma de calor era unas cuatro veces la proporcionada a los remos. Si no se garantizaba la ventilación, además del calor, el ambiente debía encontrarse viciado debido a la reducción de oxígeno y el aumento de dióxido de carbono como consecuencia de la respiración, así como al aumento de vapor de agua proveniente de la transpiración. Para empeorar las cosas, la época de navegación se desarrollaba en los meses más calurosos. En los primitivos barcos de casco abierto el problema de la ventilación no debía ser demasiado grave. Conforme fue aumentando la protección pasiva de los mismos, hasta llegar al catafracto, se hizo necesario la instalación de enrejados sobre cubierta y laterales para facilitar la ventilación y renovación de aire en la bodega. La importancia de ventilar no era tanto por el confort de los hombres, sino por la pérdida de potencia que suponía. En la actualidad, se ha comprobado sobre ergómetro, que pedaleando se puede suministrar 150 W durante media hora y 400 W unos minutos con el aire en reposo; mientras que si existe una corriente de 12 m/s, se consiguen los 400 W durante una hora.

Probablemente, lo que se dice sobre las galeras medievales “de ser posible olerlas antes que verlas”, sea aplicable al caso de las ‘remes’.

 

4.2.2. Las Tropas

El número y tipo de tropas embarcadas varió a lo largo del tiempo y según las potencias.
Mientras que en los primeros navíos, no existían diferencias entre remeros y tropa; ya en las naves fenicias del siglo V a. de C., el número de soldados embarcados llegaban a 30 (frente a 14 en las naves atenienses). Durante los siglos IV y III, con el aumento del tonelaje de los barcos y el uso de cubiertas, el número de soldados embarcados se incrementó llegando a 100 o 120 durante los enfrentamientos con Roma.

 

4.2.3 Los oficiales y marinos

El número de oficiales podía variar según el tipo de barco, pero se identifican unas ciertas categorías a lo largo del periodo.

En una nave, en orden de importancia, tras el capitán seguían los siguientes cargos:

• El timonel (cibernetes), de él dependía gran parte de la capacidad de maniobra del buque. Era un puesto de gran responsabilidad y prestigio. Los salarios eran buenos.
• El oficial de la cubierta de proa o vigía (prorreo)
• El más conocido a través de la literatura, cine o cómic: el celeuste (pausarii, salomador, hortator), encargado de marcar el ritmo de la boga. El tiempo se marcaba bien con tambor, flauta o cantos. Habitualmente se le suele denominar cómitre, aunque esta denominación es más propia de las galeras renacentistas y posteriores, donde corresponde al oficial encargado de aplicar los castigos a los remeros y forzados.
• El oficial pagador e intendente.

El resto del complemento estaba formado por marineros y especialistas, encargados de las maniobras y mantenimiento del barco (carpinteros, calafates, etcétera).

 

4.3 Coste económico

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