Rafael Rebolo Gómez - La Armada Cartaginesa

 

4. Operación de la Flota

 

4.4 Puertos

El periodo anual de utilización de las galeras, a causa de su poca capacidad marinera, era algo inferior al de los buques mercantes y abarcaba desde principios de la primavera hasta finales del otoño (siendo el periodo menos peligroso el comprendido entre finales de Mayo y mediados de Septiembre). Por eso San Pablo, camino de Roma dice:

Transcurrido bastante tiempo y siendo peligrosa la navegación por ser pasado el ayuno (nota: hacia el equinoccio de otoño), les advirtió Pablo, diciendo: Veo, amigos, que la navegación va a ser con peligro y mucho daño...” (Hechos de los Apóstoles, 27, 9-10). Durante los meses en que la flota invernaba los buques se guardaban, fuera del agua, en ‘silos’ protegidos.

No era habitual que las galeras permanecieran más de un día sin tocar tierra, siendo la norma el pernoctar en la costa, ya sea en una escala intermedia o volviendo al puerto madre. La poca autonomía venía dada por las propias características de la nave, por un lado la escasez de espacio limitaba la capacidad de combustible (agua y comida) que podía transportar; por otro, la ausencia de ayudas a la navegación y el no ser barcos muy marineros hacía arriesgada la navegación nocturna.

La comida quizás no fuese un problema demasiado importante, ya que el volumen consumido por un adulto no es elevado. Se sabe de los textos que los marinos se abastecían en los mercados locales cuando se encontraban en zona amiga y rapiñaban en zona enemiga. Parte de la dieta de la tripulación estaba formada por pan de cebada, higos, vino y aceite.

No ocurre lo mismo con el agua, donde el consumo estaría entre los 4 y 6 litros por persona y día. Esto supone alrededor de una tonelada diaria para un trirreme (aunque posiblemente transportaran tres o cuatro veces esa cantidad por si no era posible encontrar un lugar seguro donde abastecerse).

Para el funcionamiento de una potencia naval era necesaria la presencia de fondeaderos seguros, regularmente espaciados, dentro de su órbita de influencia. Existían dos categorías de puertos: las bases de las flotas y los fondeaderos secundarios, donde sólo estarían destinados algunos pocos barcos. El puerto se intentaba adaptar a la geografía del lugar, y para nuestros estándares podían ser poco profundos, debido al escaso calado de los barcos. Solían disponer de una bocana estrecha, ya fuera de origen natural o artificial, defendida por un par de torres artilladas donde “por medios de máquinas, se facilitará el que se crucen unas cadenas” (Vitrubio, Los Diez Libros de Arquitectura, Libro V, capítulo 12).

Los principales puertos poseían sectores separados para las actividades militares y civiles, caracterizándose los primeros por las rampas para la puesta en seco de las galeras. La zona militar se encontraba dotada de elevadas medidas de seguridad y estaba apartada de las miradas de cualquier extraño. Destacaron tres puertos militares por su capacidad: el del Pireo, el de Siracusa y el de Cartago. Éstos se componían de un cierto número de rampas, cubiertas con tinglados, de tamaño ligeramente mayor que el barco para el que estaban destinadas. En ellas se introducía el navío de popa sin remos ni aparejos. Estos últimos se solían guardar en almacenes instalados por encima del barco bajo el mismo techado. Esta disposición permitía, en caso de necesidad, el lanzamiento de los barcos en poco tiempo. El puerto del Pireo poseía 372 de estos refugios, y el de Cartago, de forma circular, tenía capacidad para 220 buques (Romero, 1996). Estos varaderos eran lo bastante estrechos como para impedir la construcción de los barcos, siendo posible sólo la realización de reparaciones menores. Dionisio de Siracusa, durante su escalada armamentística, no olvidó las mejoras de las instalaciones portuarias (Diodoro, Libro 14, XLII). Modernizó los 150 refugios existentes en el Gran Puerto y construyó 160 nuevos, algunos con capacidad para dos buques.

 

5. Operación de las galeras en la antigüedad clásica

5.1 Actuaciones

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