Ricard Riol Jurado - Para crisis, la de la movilidad

 

Presidente de la Asociación para la Promoción del Transporte Público (PTP)

Movilidad Sostenible y Segura, número 48 - Invierno 2009

 

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La crisis financiera internacional está creando un clima ideal para olvidar los viejos problemas estructurales de nuestra economía productiva: el extraordinario peso del sector de la construcción, que ha tocado techo; una industria de la automoción volátil que no para de perder puestos de trabajo en una economía globalizada; o la dependencia energética petrolera, que nos empobrece a nosotros por las descomunales transferencias a los países productores de petróleo, en el caso de Cataluña unos 14 millones de euros al día, 5.110 millones de euros cada año. En el caso de España las cifras se multiplican por cinco.

En nombre de la crisis algunos sectores instan al Gobierno a subvencionar o rebajar los impuestos a la venta de coches y motos para frenar la caída de la demanda o convertir los albañiles de los pisos en los constructores de nuevas autopistas. Quieren continuar haciendo lo mismo, pero de otra manera.

Son ideas de otro tiempo que parecen ignorar nuestros déficits estructurales; ideas que, camufladas por la necesidad, devendrán el perfecto catalizador hacia el desastre. Este país no podrá llegar muy lejos si continúa con recetas desarrollistas, que aumentan la dependencia del exterior y son radicalmente contrarias a la sostenibilidad económica y ambiental: rellenar el territorio de coches, motos y camiones nos empobrece y son inversiones con rentabilidad negativa. Está demostrado. El país que por una parte construye más aerogeneradores de Europa quiere convertirse en la primera potencia europea en autopistas. Parece como si alguien no hubiese entendido absolutamente nada.

El debate de la movilidad está íntimamente ligado con el de la crisis. Las mejoras en el transporte público también son soluciones para la crisis: reducir la factura energética petrolera, crear puestos de trabajo fijos que no se van fuera del país, la contención del sector de la construcción y su conversión al de la reforma interior, la inversión en I+D. Si los poderes públicos tienen la suficientemente visión de conjunto, optarán por licitar y adjudicar proyectos de transporte público y de gestión de infraestructuras. Son actuaciones que no dan un céntimo a las industrias con ganas de irse y que benefician la potente industria catalana dedicada a la movilidad sostenible, a saber, las constructoras ferroviarias y de autobuses, las empresas de mantenimiento, los especialistas en electrificación y señalización, los proveedores de sistemas tarifarios para el transporte público y privado, empresas de gestión compartida de flotas, empresas de transporte público con personal fijo de explotación, la emergente industria de la bicicleta, o las nuevas actividades de gestión de la movilidad sostenible (carsharing, carpool, bicing, regulación del aparcamiento urbano en superficie). Con los números en la mano, se demuestra que potenciar el transporte público y la movilidad sostenible genera una balanza positiva entre ganancias y pérdidas de puestos de trabajo si se la compara con la política de continuar impulsando la movilidad privada.

La crisis de la movilidad era anterior, y sobrevivirá a la actual crisis financiera; por lo tanto, en estos tiempo más que nunca, merece la pena tomar conciencia del valor de la movilidad sostenible y dejar de subvencionar lo que no funciona.

Os invitamos a reflexionar sobre estos y otros temas de la mano de nuestros redactores habituales y de la participación especial de los señores Pau Noy Serrano, Jordi Julià, Josep Pérez Moya, director del Servicio Catalán de Tráfico; Antoni Poveda, presidente de la Entidad Metropolitana del Transporte y la señora Maria Comelles, directora general de Calidad Ambiental de la Generalidad de Cataluña.

 

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