Rita Vallès i Serra - Yo también bajo a Vila en coche

 

Diario de Ibiza, 26 de septiembre de 2001

 

En primer lugar, debo hacer una confesión: Sí, soy culpable de ser residente en el municipio de Santa Eulària y bajar a Vila, donde tengo el trabajo, cada día utilizando el coche (lo sé, lo sé, no tengo perdón). Ya me gustaría tener la suerte del alcalde, que vive en Ibiza y tiene el trabajo en la misma ciudad. Bien seguro que él, dando ejemplo, debe ir cada día, incluso cuando llueve, caminando hasta Dalt Vila. Bien seguro que no coge ninguno de sus vehículos para recorrer la corta distancia que le separa del Consistorio y que no aparca nunca delante del edificio del Ayuntamiento.

Ni él, ni ningún miembro del equipo de gobierno, ni de la oposición, ni sus funcionarios.

Dice que los no residentes podríamos venir en autobús. ¿Quizá él lo usa cuando va de visita o a cenar a Sant Josep, Sant Joan, Santa Eulària o Sant Antoni? Bien seguro que sí, para dar ejemplo. De hecho, el magnífico transporte público de la isla es famoso en todo el mundo. Dice que los impuestos de los residentes sirven para pagar los quebraderos de cabeza que les ocasionamos los no residentes. ¿Ha calculado también el señor alcalde o alguno de sus estratégicos asesores los dineros que gastamos en Ibiza todos los que debemos pasar el día a Vila a causa de nuestro trabajo diario? ¿No? Quizá valdría la pena hacer un estudio, ya que tanto le gusta encargarlos. Por cierto, los no residentes que tienen su propio negocio a Vila y sí pagan los impuestos municipales, ¿podrán entrar sólo hasta media ciudad? Como debo bajar a Vila dos veces al día (sí, soy reincidente, trabajo mañana y tarde) procuro molestar lo mínimo y dejar el coche en el aparcamiento disuasorio más próximo, el de Fra Vicent Nicolau. Después de observar cómo queda este aparcamiento cada vez que llueve, ya entiendo el porqué del nombre: te disuade de dejar el coche, a no ser que el alcalde haya pensado (ya se ve que piensa mucho) en facilitar a cada no residente unas 'katiuskas' para bajar del vehículo y no dejarnos morir atrapados en una charca de fango maloliente (incluso los no residentes tenemos derecho a la vida). Si quiere podemos seguir hablando mientras tomamos tomando un café en algún bar de Ibiza. Y no se preocupe, a los residentes no les costará un duro. Pago yo.

 

Original en català...

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