Rita Vallès i Serra - Sin luz al final del túnel

 

Septiembre de 2006

 

Sant Rafel necesita un túnel, eso lo sabe todo el mundo; es más, es imprescindible. Es el complemento ideal de un pueblecito antaño rural y que hoy se puede definir como una carretera con restaurantes a ambos lados. Aún conserva su iglesia y su colegio. Pero era cuestión de tiempo que estos edificios empezaran a convertirse en un estorbo para el desarrollo, palabra mágica bajo cuyo influjo la identidad de la isla va quedando sepultada al mismo tiempo que sus algarrobos.

Y en esas estamos. El colegio molesta porque no deja construir el túnel con tranquilidad. La solución inicial era nada menos que un traslado temporal de los niños a un centro de Puig d´en Valls, hasta que las obras terminen. Pero claro, esta opción se daba a punto de empezar las clases cuando, hasta hace poco, Govern y Consell habían asegurado que los trabajos pararían durante las horas lectivas a partir del 15 de septiembre. Pero ay, amigos lectores, nuestros políticos son volubles y las elecciones están a la vuelta de la esquina y tienen mucha prisa. Tanta, que no han dudado incluso en sembrar dudas sobre la seguridad antes jamás cuestionada de la escuela de Sant Rafel. Y así tenemos a los padres, desquiciados y completamente divididos ante las interesadas sugerencias de los políticos que, bajo la apariencia del interés por los niños esconden su única preocupación real: mantener su sillón.

De todas formas, debo confesar que me ha sorprendido tanta capacidad de diálogo por parte del Govern balear y del Consell Insular. Tal como van las cosas, no me hubiera extrañado que la solución propuesta por la Administración (y la que seguramente les encantaría poder adoptar) hubiese sido la de arrasar el colegio directamente, eso sí, sin niños dentro, que queda feo. Al final, la conselleria de Obras Públicas del Govern se ha mostrado más razonable que la insular comandada por Stella Matutes y ante la negativa de los padres al traslado, se ha decidido parar las obras entre las 9 de la mañana y las 2 de la tarde, para que los críos vayan tranquilos a clase.

Me sentiría conmovida por tales muestras de sensibilidad si no fuera porque, como dice una buena amiga, después de las vacaciones me quedan cuatro neuronas y dos me fuman y dos me beben, así que no me pidan que me emocione, que me canso. He vuelto relajada, pero, a medida que pasan los días, noto que me invade, lenta y sibilinamente, la indignación que creía haber dejado atrás. Estorban los árboles, estorban las casas, estorban los molinos, estorban las escuelas... La antigua isla, de la cual pronto sólo nos quedarán las magníficas fotos de Joan Costa, estorba a la nueva. Acabaremos estorbando las personas y nos mandarán a vivir al subsuelo para poder seguir construyendo sin problemas. ¿Alguien tiene una linterna?

 

Eivissa - Ibiza...

Sant Rafel de Forca...