Javier Serapio Costa - La Ibiza sumergida

 

30 de mayo de 2006

 

Por debajo de la superficie de la Ibiza del marketing, de los tópicos de playas de aguas turquesas y discotecas... habita el inmenso pulpo de la corrupción. Sus tentáculos se extienden por toda la isla, cruzando el mar por levante hasta su primo-pulpo mallorquín y por poniente hasta su primo peninsular. Pocas instituciones de la isla, incluidas las de gobierno y autoridad, se libran de sus ventosas, como se está comprobando a diario con el triste conflicto de las autopistas.

Mientras las máquinas siguen destripando compulsivamente la isla con malintencionada celeridad, los tentáculos del pulpo se extienden, y...¡zas!, periodista crítico que no gusta: anestesiado, dosificado o demonizado; otro tentáculo y... colaborador molesto de prensa: apartado; un par de ventosas y... reportajes y entrevistas en televisión finalmente no emitidas. Para vivir, el pulpo necesita pegar sus ventosas a los espejos (medios de comunicación) y cuando no puede controlarlos, les arroja un chorro de tinta para enturbiar la realidad de sus oscuras maniobras. Es especialmente alérgico a los medios de ámbito nacional, ante éstos se siente amenazado porque no puede controlarlos tanto como a los locales (como se ha podido observar en algunos programas: Informe Semanal; noticias de TV3; documental de Antena 3). No cabe en su cerebro la libertad de expresión. Se mueve en un esquema bipolar: o estás con él o contra él. Sus únicos intereses son el poder, el dinero y la imagen.

El pulpo vive en la isla desde hace mucho tiempo. Fue creciendo durante décadas, especialmente en la posguerra, potenciado por el aislamiento, la represión caciquil y la presión endogámica, que actuaron como conservantes. Ha ido cambiando de rostro, de color y de nombre, pero siempre es el mismo: la oscura Ibiza represiva del miedo, la misma que era capaz, hace 50 años y más, de soltar un sucio chorro de tinta a aquellas personas que podrían resultar positivas para la sociedad, pero revolucionarias y nocivas para los intereses oligárquicos. Desde entonces y hasta hoy, valiosas personas (políticos, médicos, arqueólogos, artistas... y hasta algún cura), han tenido que marcharse de la isla, o de sus trabajos, quemados, echados o derrotados por estos funcionamientos retrógrados, que condenan a la isla a quedarse con lo depravado y a perder lo bueno. Ha transcurrido medio siglo pero el sentido de algunas detenciones efectuadas por los antidisturbios en el conflicto de las autovías, tan sospechosamente predeterminadas, sigue siendo el mismo: descabezar todo lo que se oponga al sistema feudal.

En Ibiza tenemos buenos pescadores y cocineros. Podríamos atrapar entre todos a esta mutación de pulpo y preparar una buena frita de polp. Su enorme tamaño se le ha vuelto en contra: apenas cabe ya en ninguna cueva y es visto desde todos los rincones de la isla. Se le nota nervioso, excepto cuando actúa su ejército de "robocops". Sufre pesadillas de redes y arpones... Se le han cortado varios tentáculos, pero tiene otros, cruciales, enrocados en la Península y en Mallorca, con los que multiplica su inmensa fuerza y poder, impidiendo su captura. Tal vez podamos pescarlo antes de que las obras estén más avanzadas y el desastre sea mayor, o tal vez no... Pero no olvidemos que las autopistas son sólo la punta visible del iceberg que supone el plan de destrucción de los últimos encantos que le quedan a la isla: ya asoma la estocada definitiva a uno de sus símbolos, la bahía del puerto, con la construcción de las nuevas plataformas del dique de es Botafoc, traicionado hasta por la parte socialista del Pacto en el Ayuntamiento, que en su día prometió que nunca se iba a permitir ninguna ampliación más en la zona, (algún temporal de xaloc, viento del sureste y uno de los aparentes motivos para la construcción del dique, debió llevarse las promesas de los políticos); la amenaza de proliferación de puertos deportivos (incluso sobre praderas de posidonia declaradas Patrimonio de la Humanidad, como el de es Viver); la aplicación del PTI, que con más de 45 urbanizaciones permitidas desfigurará la esencia ibicenca para siempre, convirtiéndola en una vulgar finca privada repartida entre cuatro nuevos ricos.Y todo con el mismo lema: "como la letra, el cemento y el asfalto con sangre y antidisturbios entra". En Canarias y Marbella nos llevan ventaja: con la ayuda del barco pesquero de la Fiscalía Anticorrupción, ya están degustando su frita de polp.

La sociedad ibicenca tiene una oportunidad única para cambiar el rumbo de su historia sumergida. Ya no hay vuelta atrás: o freímos al pulpo de la corrupción, con aceite de sentido común, solidaridad y amor a nuestra tierra, bien aliñado con valentía y resistencia pacífica, o en dos años, el pulpo nos habrá freído la isla entera y a los que la queremos de verdad, con aceite de asfalto y cemento, rebozaditos en codicia y prepotencia, y rebañados con sordera y autismo ante el clamor popular.

 

Javier Serapio Costa es psicólogo y psicoterapeuta

 

La respuesta de Julia Marí Held

1 de junio de 2006 - La Ibiza que se niega a sumergirse

Quería felicitar a Javier Serapio por el artículo titulado "La Ibiza sumergida". Por fin alguien se dispone a decir lo que ocurre en esta isla. El sistema que rige, sobre todo en las altas esferas, es aquel de "dime a quién conoces y te diré cómo vives". Según tu abanico de conocidos te puedes asegurar leyes menos duras o la ausencia de ellas. Este abanico de amistades se puede aumentar con dinero: si las personas que necesitas aún no son conocidas tuyas, con una buena tarjeta de visita cargada de dinero puedes conocer a quien sea. Como ejemplo véanse los pocos problemas que tienen algunos locales de ocio con las limitaciones de ruido y horarios. Lo malo es que puedes perder amigos fácilmente, si hablas demasiado o pagas demasiado poco. Todos conocemos el sistema que rige, todos nos quejamos cuando nos perjudica, todos callamos cuando nos beneficia.

 

Javier Serapio Costa ...

Eivissa - Ibiza...