Javier Serapio Costa - Nuestra esencia

 

Diciembre de 2008

 

Cuando sufrimos un revés vital, una enfermedad grave, una pérdida… es cuando vemos la esencia real de quienes nos rodean, amigos, familiares, compañeros en nuestro viaje de la vida. Y suele ocurrir que a ese dolor vital, le habremos de sumar el IVA que supone descubrir que muchos de esos compañeros de viaje desaparecerán, escondidos por sus temores, egoísmos, cobardías… Ese dolor será aliviado por quienes de verdad seguirán a nuestro lado; por los que apenas contábamos y que, de pronto, reaparecerán en el momento necesario; y por las nuevas almas que surgirán en esa etapa y que nos acompañarán largo tiempo. Es la parte positiva del sufrimiento que nos enseña cuánto de lo que nos rodea es falso y cuánto es auténtico. Aunque nosotros al sufrir mostremos una parte de nuestra esencia, será especialmente cuando sufran nuestros seres queridos o nuestro entorno y se nos requiera de forma especial, cuando se pondrá en evidencia y retratará nuestra verdadera realidad interna. Son aprendizajes forzados y forzosos que se nos presentan cada tanto en la vida, y tal vez, cribas necesarias para conocernos más, despertar a la vida y seguir adelante en nuestro camino, sin disfraces ni falsos acompañantes.

De la misma manera, en momentos turbulentos o de cambio de una sociedad, podremos radiografiar nuestra esencia como ciudadanos: nuestro grado de vertebración; nuestro compromiso, implicación o indiferencia con nuestra tierra y entorno social; nuestra madurez; nuestra autoestima social, nuestros valores de referencia… Podremos afinar también qué se esconde realmente bajo la fachada de nuestros políticos y contemplar, ahí más que nunca, su auténtica valía, empatía, fiabilidad de su palabra, coherencia, flexibilidad, valentía, sensibilidad con el entorno…

También en esos periodos críticos se podrá contemplar el papel que juegan los medios de comunicación dentro de esa sociedad: cuánto tienen de real y auténtico; cuánto pueden tener de manipulación y presión detrás. Si estamos atentos para leer, escuchar y ver críticamente, comprobaremos la verdadera esencia y tendencia del alma de cada periódico, cadena de radio o televisión (y no me refiero sólo a si cojea hacia la derecha o hacia la izquierda, o si camina más centradito). Es en esos momentos cuando el “disfraz de objetividad” de los medios de comunicación “menos sanos” está más vulnerable y llega incluso a desaparecer para poder tergiversar una realidad predeterminada, a veces de forma muy sutil, otras de forma descarada. Tan grave y triste que tiene incluso que intervenir la justicia. Cuando esto ocurre, la comunicación pierde su sentido y muere, dando la espalda a la realidad para beneficiar a intereses ajenos (sean económicos, políticos, familiares o de amistad). A veces es inconsciente, otras… demasiado consciente. Y en este país, demasiado frecuente…

 

Javier Serapio Costa es psicólogo y psicoterapeuta

 

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