Javier Serapio Costa - Peleas de gallos

 

29 de octubre de 2008

 

Si observamos cómo nos hemos relacionado con el frágil y limitado entorno natural y social, sin escrúpulo alguno, sometiéndolo, estirándolo y deformándolo cual goma elástica para adaptarlo a intereses egoístas y económicos… podríamos pensar que es una consecuencia más de un sombrío lastre histórico: el vínculo de sometimiento (sumisión-dominancia) típico de los patriarcados rígidos, que se convirtió en uno de los estilos de relación más frecuentes en la isla, potenciado por el aislamiento, el caciquismo local y nacional.

Lo podemos ver también en las alternancias de poder en las legislaturas ibicencas, que al final, en muchas áreas de actuación, no han sido otra cosa (al menos hasta ahora, y salvo raras excepciones), sino “cambios de gallos” que durante cuatro años han confundido el entorno, oposición y ciudadanos con su corral al que intentan someter con sus intereses particulares y de partido. Se borran las huellas y rastros de los anteriores gallos, se modifican las leyes que hagan falta para gobernar tranquilos, y se colocan un atractivo “disfraz de democracia”, para después ignorar, apartar o coaccionar a quien no comulgue en su particular misa.

Los gallos más listos, sabiendo que poco negocio podrán hacer desde el destierro de la oposición, huyen a otros “corrales-empresa” más fructíferos; algunos incluso allende los mares y con la velocidad de las llampugas otoñales (los peces más rápidos de nuestras aguas), para proseguir con su particular visión del sentido de la vida. Los gallos ibicencos, (a los que ya se suman gallos importados mallorquines, catalanes…), han podido perpetuarse, entre otras cosas, al controlar y manejar de forma hábil la indefensión de los ciudadanos y los miedos a expresarse, a las represalias o a perder los “favores” obtenidos, especialmente en el plano laboral.

Desalienta comprobar como la triste memoria del futuro de Ibiza depende de las peleas de gallos, de sus jerarquías, de sus egoístas intereses, de sus complicidades, envidias y rencores. Más que sobre las chapuzas de autopistas, macropuertos y otros “negocios” varios previstos, (algunos “hibernando” en espera de un cambio de color del consell), lo que urge es actuar de una vez por todas sobre estos esquemas retrógrados y mafiosos, típicos de sociedades feudales y predemocráticas, indignas para la isla y que la están conduciendo inexorablemente a su ruina. Los mayores y resabidos ejemplos de corrupción, los peces gordos, siguen cortando el hilo de la justicia con la afilada dentadura que les proporciona su privilegiada situación, implicando siempre de rebote a otros peces más ingenuos que sí podrán ser capturados.

 

Javier Serapio Costa es psicólogo y psicoterapeuta

 

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