Javier Serapio Costa - La persistencia de la memoria

 

28 de febrero de 2008

 

Sin memoria, no se puede aprender de la experiencia y así seguimos..., repitiendo errores. Da igual quién gobierne o crea gobernar en Ibiza (izquierda, derecha, la Autoridad Portuaria o un grupito de empresarios). Se sigue con el empecinamiento de querer pasar de la noche al día sin pasar por el amanecer: del inmovilismo y dejadez en las infraestructuras, tan peligrosos como impresentables, a ejecuciones desmesuradas, chapuceras y faraónicas que van desfigurando irremediablemente la isla. Se pretende seguir vistiendo ridículamente al niño-isla con ropa de hombre-ciudad. Y siempre elaborando proyectos como trajes a medida de unos pocos, impuestos con el rodillo de la prepotencia y aliñados con dichos y desdichos, engaños y un cinismo inadmisible.

A pesar de que la tierra ibicenca nos mostró meses atrás su alma herida, en forma de grietas y socavones, junto a Ca na Palleva, cerca de Can Malalt y en el puente de Jesús (curiosa y tal vez significativamente, algunos de los puntos más polémicos y donde más sufrimiento aconteció en la lucha antiautopista), ya están sobre la mesa los planos de otra destrucción irreversible: tras cargarnos la tierra, ahora le toca el turno al mar y a la bahía del puerto.

Últimamente se han podido leer en la prensa local escritos donde se plantean preguntas como: "¿Para qué hicimos el dique de es Botafoc?", "¿Para qué puñetas tenemos el dique?", en el contexto de la necesidad de ampliar el puerto ya mismo, y de descongestionar la Marina trasladando la parte comercial a la zona de es Botafoc. Me he encontrado muchas personas que piensan lo mismo. Me ha llamado la atención porque, oficialmente, en ninguna parte se planteaba la ampliación con plataformas para buques comerciales como motivo de construcción del polémico dique. Los motivos defendidos frente a los ibicencos y la Comisión Europea fueron los de proteger la bahía de los vientos de xaloc (sureste), trasladar la descarga de combustible fuera de la ciudad, y al final, un poco de refilón, el de permitir el atraque de los buques de crucero. Pero el engaño y manipulación han sido tan claros, tan delatadores, que hasta muchos ciudadanos están convencidos de que el dique se construyó oficialmente para ampliar el puerto con plataformas para buques comerciales (el motivo oculto y real emergió a la superficie). La memoria y los recuerdos se deforman en Ibiza como el queso al calentarlo. ¿Recuerdan la simbólica playa de los Duros? Otros duros la enterraron. Y algún día recordaremos con dolor las aguas de las playas de ses Figueretes y d'en Bossa cuando todavía eran limpias y cristalinas.

Permitir que la situación de la Marina se haga insostenible y ligarla tendenciosamente con la única solución que ha querido realmente la Autoridad Portuaria, mientras se ignoran y bloquean, sutilmente, las otras alternativas que no interesan (por ejemplo, continuando los trámites para la nueva concesión del puerto deportivo de Ibiza Nueva) es una maniobra demagógica de libro, consentida por unos y combatida sin mojarse por otros. Todo esto nos reduce otra vez a los ciudadanos de a pie a simples monigotes de papel, puros sufridores silenciosos de un distante juego de intereses privados o de partidos, que está machacando a la isla sin piedad. ¡Y luego hay quien se extraña ante la elevada abstención de las urnas ibicencas! El viento del sureste resultó ser suave brisa de verano en comparación con el viento huracanado que se originó en los despachos de poniente.

Muchos de los que en su momento lucharon con ahinco para evitar el dique prefieren ahora morderse la lengua y proteger su porción del flaó del poder al hecho de enfrentar el desgaste político (pero necesario), que les supondría tratar de detener otro atentado para la isla, de igual magnitud que las autopistas. El silencio resulta más cómodo y rentable, igual que el escudarse en acuerdos y en dar todo por cerrado; o el ir echando premeditadamente balones fuera, mientras se dibujan sobre la mesa los futuros cadáveres de la sangrante Illa Plana, de la maltrecha bahía del puerto y de praderas de posidonia gracias a las que somos Patrimonio de la Humanidad. Y ahora la oposición, para no ser menos que el Pacto, se adhiere a los desdichos, y si bien en noviembre alentaba a la Autoridad Portuaria a avanzar las obras del macropuerto y a "desoír a los pequeños grupitos extremistas y radicales", ahora afirma que, si ganan las elecciones, tampoco las quieren tener grandes (las plataformas). Bochornoso.

Una de las bahías más bellas del Mediterráneo, la original postal de entrada y el único paseo descongestionante con vistas al mar y a las murallas que le queda a la ya estresada ciudad, disfrutado por miles de residentes y turistas, tienen los días contados si no nos mojamos. Otros aires soplan por Formentera, donde ya están parando los pies a los descabellados proyectos de ampliación portuaria que les amenazan. Urge la reordenación portuaria, pero con seny, sin plataformas ni más tomaduras de pelo.

 

Javier Serapio Costa es psicólogo y psicoterapeuta

 

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