Juan Manuel Grijalvo -

Impresiones de un fin de semana en Sevilla -

Movilidad, tranvía y tranvías

 

Dedicado a mi padre,  Juan Grijalvo Valdeón

 

Sevilla y su gestión turística, de Francisco Unquiles

 

[Comentarios de Agustín Morales insertos en el texto]

[Revisiones - Febrero de 2008]

 

No sé si le he dicho alguna vez que algo así como la mitad de mi familia vive en Sevilla. Cuando mi prima Victoria me dijo que una de sus sobrinas de allí se casaba, me faltó tiempo para hacerme invitar a la boda, comprar los billetes en Abra Tours y conseguir un mapa de la ciudad para situarme sobre el terreno. He estado una o dos veces, pero fue hace más de cuarenta años. Sólo conservo unos recuerdos bastante borrosos de la casa en Heliópolis, de mis abuelos y otros familiares, de la Giralda, de un parque... y de unos árboles altísimos.

 

Veure i viure - Portada

 

El viaje mental comienza el día 19 de mayo de 2005. Ernest Prats presenta en Ca'n Ventosa un libro de Bernat Joan i Marí, titulado "Veure i viure". El autor me lo dedica: "A l'amic Joan Grijalvo, per totes les idees, projectes i neguits que compartim. Ben cordialment..." Es decir, al amigo Joan Grijalvo, por todas las ideas, proyectos e inquietudes que compartimos. Bien cordialmente... Me llevé mi ejemplar en el maletín porque resulta muy indicado como lectura para un camino como éste: para ver y vivir. Y porque siempre me ha gustado que me llamen amigo.

El viaje físico empieza el viernes 20 por la mañana. Salgo del garaje con el coche, para llevarlo a... otro garaje. A mediodía lo saco otra vez, voy al aeropuerto y lo dejo en un aparcamiento de pago. Sigo en avión a Barcelona, un vuelo que hice muchas veces. La gran diferencia es que no voy a quedarme en la Ciudad Condal. En el avión nos leen por los altavoces una larga lista de las puertas de embarque por las que hemos de pasar los que vamos en tránsito. Al llegar al Prat, descubro que somos muchos, pero muchos, los que subimos con la escalera mecánica hacia los módulos, y muy pocos los que se dirigen a la salida.

Mientras espero el avión a Sevilla empiezo a tomar notas en el Psion 7... La primera es que tengo que recuperar el Psion 5, que es mucho más práctico para ir de viaje. [Hecho... pero ahora está estropeado el Psion 7.] Embarcamos... Como no me ha tocado ventanilla, empleo el tiempo en leer el libro de Bernat. La portada resulta muy aplicable a este vuelo. Y el texto me parece interesante y variado.

Simbólicamente, este viaje lo hago por el elemento Aire, a través de unos cielos enérgicamente azules. Poco antes de llegar nos dicen por los altavoces que la temperatura en destino es de... treinta y tres grados. Y todavía estamos en primavera. Al parecer, en Sevilla el elemento Fuego también tiene su importancia.

[Pues sí, la famosa calor de Sevilla (sólo superada por Córdoba); aquí, para que se activen los sistemas de alerta es necesario llegar a los 40,4 grados. En el otro extremo está Las Palmas: con sólo 30 grados ya se activan. Curioso, porque todos estamos hechos de carne y hueso]

Según vamos bajando, me hago una primera idea visual de a qué llaman por aquí una finca rústica o un pueblo. Son cosas que se parecen a sus homónimas en Eivissa en el nombre. Piense usted que la isla entera cabe unas veinticuatro veces en la provincia de Sevilla. En cuanto a la población, todos los que vivimos aquí podríamos mudarnos a Dos Hermanas y aún sobraría sitio.

El aeropuerto de Sevilla me parece pequeño para una ciudad tan grande. Luego caigo en la cuenta de que el AVE desempeña las funciones del puente aéreo a Madrid, y el "hub" transcontinental está en Barajas. Por eso no hace falta una terminal hipertrofiada, según los modelos gringos al uso.

Voy en taxi al hotel, con los ojos muy abiertos, absorbiendo las primeras impresiones de la ciudad. Entramos por una avenida muy amplia y despejada, que resulta ser la de Kansas City. Curioso nombre para una calle tan principal. Me hago el propósito de averiguar por qué se llama así.

Lo primero que me salta a la vista es la cantidad de plantas y flores que hay a los lados de la carretera y en la mediana... Iremos hablando de lo que es la vegetación en esta ciudad, porque el asunto es muy notable.

En muy poco tiempo llegamos al hotel. Caigo en la cuenta de que el aeropuerto está bastante cerca de la ciudad. Más adelante descubro que la ciudad ha crecido hacia el aeropuerto. Como era de esperar, las vías de comunicación atraen a los constructores de ensanches urbanos.

El hotel se llama Catalonia Giralda. De alguna manera, el nombre me tranquiliza. Me hace sentir en territorio conocido. La impresión se refuerza cuando oigo a unos huéspedes que hablan en catalán por el pasillo. Ya es mucho más de media vida expresándome cotidianamente en la lengua de... ¿de quién? ¿De Ausiàs March? ¿De Pompeu Fabra? El castellano es la "de Cervantes". Ya le preguntaré a Bernat quién es el autor catalán por antonomasia.

[Bernat dice que es Ausiàs March]

La habitación es tranquila y cómoda. Abro la ventana y veo una azotea cubierta con un toldo. Está abundantemente provista de plantas en macetas de todos los tamaños. Llamo por teléfono a la tía Tere para confirmar que esté en casa. Resulta que vive bastante cerca. Hago el camino a pie. Paso por la calle de Luis Montoto y me llaman la atención unos árboles inmensos que salen como pueden de unos alcorques diminutos. Diría que esta omnipresente vegetación no puede vivir de la lluvia. La humedad que la sostiene ha de viajar por el subsuelo desde el río. A continuación veo algo que parece un tramo de un acueducto antiguo. Al parecer, hace tiempo que en esta ciudad se da al elemento Agua la importancia que tiene.

 

Acueducto antiguo

 

Me paro a mirar una salamanquesa que sube muuuy despaciosamente por una tubería. Ya sabe usted que pienso que es mejor ruralizar la ciudad que urbanizar el campo. Me parece un síntoma de buena salud ambiental encontrar uno de estos animalitos tan rústicos por aquí. En Eivissa se llaman "dragons". El nombre les viene un poco grande, pero ésta es una tierra amable y no hay bichos más peligrosos...

La tía Tere está esperándome en el balcón y me reconoce cuando llego. Y yo a ella: se parece mucho a mi padre. Subo al piso y tengo una sorpresa muy agradable: me encuentro allí a la tía Maru. Eso me retrotrae mentalmente a mi primera temporadita fuera del domus familiar, la que pasé en Altea con ella, con el tío Andrés y con los primos Aguirre. No debí hacer nada notable, porque Rafa no me ha sacado en sus famosos libelos. Le pido a la tía Tere que me ayude a completar mi lista de teléfonos y lo hace con esa misma eficacia minuciosa de mi padre. Me pregunto cuánta información sobre pautas de conducta hay en la cultura, cuánta en el entorno familiar y cuánta en los genes.

De vuelta al hotel entro en la estación de Santa Justa. Es un edificio moderno que me parece una copia poco lograda de algún aeropuerto. Es al mismo tiempo el término de la línea de ancho "estándar" que viene de Madrid por Brazatortas y una estación de paso de la línea de ancho ibérico que sigue hacia Huelva y Cádiz. También hay trenes para Mérida y Zafra. El vestíbulo está en un extremo del edificio, al nivel de la calle. Las vías están soterradas. Los viajeros bajan por unas rampas larguísimas y acceden a los trenes andando por unos andenes kilométricos. Tal vez hubiera sido mejor poner la entrada frente a la avenida de Kansas City. Con ello las bajadas a los andenes estarían poco más o menos en la mitad de su longitud. Y la fachada hubiera sido más visible y más monumental. Tampoco me hace feliz la disposición de las cubiertas, que me parecen túneles yuxtapuestos. Me habría gustado más una sola nave diáfana. En resumen, que la estación no es del todo de mi gusto.

 

Santa Justa - Fachada

 

Eso sí, los trenes son interesantísimos. Veo llegar el AVE, una 252 que tira del Trenhotel Talgo que viene de Cádiz y sigue hacia Barcelona, un Civia y una unidad eléctrica que no soy capaz de identificar. Hacia 1992 escribí un artículo sobre los trenes de gran velocidad, para contestar una pregunta del primo Vicente. Si quiere usted leerlo, está en este sitio.

 

Un tren del AVE que no sé identificar

 

De vuelta al hotel, hago una "parada y fonda" en un bar de la calle José Laguillo. [Se llama Hermanos Gómez, está en el número 20.] Mi padre solía decir que "los andaluces no comen, pero se 'jartan' de tapas". El camarero no me conoce de nada, pero se dirige a mí como "amigo", cosa que me hace sentir cómodo y bien tratado. Pido unas raciones de habas y de huevas fritas, siguiendo mis propias ideas de lo que es una tapa, una media ración y una ración... pero me advierte que "va a ser musha tela". Cuando llega con el material, descubro que cada "media ración" es un plato de dimensiones más que regulares. Al parecer, eso de que los andaluces comen poco es otro mito que habremos de desechar.

[La tapa, o “tapita” como también se dice por aquí, es un buen invento, sí, señor. Desde que entró el euro se cargaron parte de su mayor atractivo, el precio]

A la mañana siguiente salgo del hotel y me sorprendo otra vez ante este cielo enorme de Sevilla. Voy andando sin rumbo fijo por la calle Recaredo. Llego hasta la ronda de Capuchinos, entro en una cafetería a desayunar y llamo a la tía Lola. Quedamos a las doce y media. Empiezo a bajar a pie hacia su casa. Por el camino voy haciendo esas observaciones superficiales a las que puede aspirar un forastero que está de paso por una ciudad que no se conoce bien en toda una vida. Llevo un mapa en la mano todo el tiempo, y veo algunas cosas.

Sevilla ya era muy grande hace veinte siglos, o más. Eso implica una logística de primer orden, una tupida red viaria y una gran cantidad de vehículos terrestres movidos a sangre, y de barcos de vela y tal vez de remo... No es difícil ver coches de caballos. Me da la sensación de que no están ahí sólo para los turistas. Más bien diría que es la flota de coches de punto de toda la vida, que ha reducido su volumen para adaptarse al descenso de la demanda. Tal vez siga siendo un recurso de movilidad que usan los propios sevillanos cuando no tienen prisa.

[Esto fue así en una determinada época, ahora ya todo el mundo tiene prisa y su uso ha quedado relegado a los turistas]

Los herederos de los coches de punto son los taxis. Al parecer, en Sevilla hay pocas paradas, y los conductores pasan una parte sustancial del tiempo buscando activamente pasajeros. O lo que es lo mismo, haciendo viajes de vacío y gastando combustible, con tantas garantías de dar con clientes como las que tiene un pescador de dar con peces cuando cala las redes en la mar. Naturalmente, la experiencia es un grado, pero el comportamiento humano no es fácil de predecir. Hay tres emisoras. Sus números de teléfono son:

Radio Taxi - 954 58 00 00

Radio Taxi Giralda - 954 67 55 55

Tele Taxi - 954 62 22 22

No sé qué porcentaje de los coches están asociados. Si es pequeño, los costes fijos se repartirán entre pocos usuarios y las cuotas serán más altas. Las administraciones públicas de algunas ciudades han tomado cartas en el asunto haciendo obligatoria la instalación de tales equipos en los taxis. Otra medida posible es la prohibición de tomar pasaje por ahí, y poner más paradas. No sé si sería buena idea para Sevilla, porque la estructura de la ciudad es la que es, y porque las tradiciones no cambian de un día para otro. Pero está claro que el imparable encarecimiento de los combustibles y la mayor conciencia social sobre la contaminación que causan los automóviles nos irán llevando por alguno de esos caminos. O por el que se le ocurrirá a usted, que tiene mucho más conocimiento de causa que yo.

En Sevilla también hay autobuses, y no pocos. Circulan por unas avenidas muy anchas, que uno se imagina transitadas por miles de carros que transportan vino, aceite, harina y todas las vituallas que mantienen vivos - y alegres - a los seres humanos. Me pregunto por primera vez qué posibilidades hay de reimplantar el tranvía en Sevilla.

El relieve - o, mejor dicho, la falta de él - debe facilitar mucho el trabajo de los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Y de los currantes que materializan sus ideas. La ciudad se puede extender hacia los cuatro puntos cardinales, y el único obstáculo, que yo sepa, es el Guadalquivir. No es poca cosa, pero los pontífices romanos ya debieron ingeniárselas para cruzarlo por donde les convino.

[El curso del Guadalquivir se ha cambiado en multitud de ocasiones. La última, que yo sepa, fue en la Expo 92 para crear el recinto de la Isla de La Cartuja]

La ciudad está construida sobre una especie de esponja impregnada de agua, compuesta por los sedimentos que ha venido arrastrando el río durante muchos miles de años. Está en un gran delta fluvial, a muy pocos metros sobre el nivel del Atlántico. Eso es lo que permite que los barcos de altura hayan llegado hasta aquí desde siempre.

Sigo a pie hacia el parque de María Luisa. Es uno de mis recuerdos infantiles. El panorama se va despejando de edificios, el cielo azul me expande el ánimo y empiezo a ver cada vez más árboles. Cuando estoy llegando a la Fábrica de Tabacos llamo con el móvil a Juan Quetglas Santos y a José Luis Ruiz Moya para que me hablen de la ciudad. Resulta que están en Torrevieja y en Eivissa, respectivamente.

De lo que me dicen entresaco que Sevilla está hermanada con Kansas City porque la fundaron unos exploradores que eran de por aquí. En cuanto a nosotros los Grijalvo, no sé si somos parientes de Juan de Grijalva, uno de los descubridores de Méjico. Varios Grijalva pasaron a América. Muy probablemente embarcaron en Sevilla. En cualquier caso, el tío Rafa y mi padre fueron a Guinea, y el tío José Luis a Cuba. Todo ello indica una cierta predisposición familiar a la aventura. Varios monumentos dan fe de una larga vinculación con el Nuevo Mundo, como el Archivo de Indias y la Torre del Oro. Las exposiciones de 1929 y 1992 renovaron y refrescaron esas relaciones.

Paso junto a unos carteles que anuncian obras del metro. Al parecer, las inician en 1974, las detienen en 1983, las recomienzan en 1999... y de momento no hay fecha para terminarlas. Los túneles se han inundado varias veces. Me pregunto otra vez qué posibilidades hay de reimplantar el tranvía en Sevilla. Volveremos sobre este asunto.

 

Simón Bolívar bajo el cielo azul de Sevilla

 

Por fin llego al parque de María Luisa... Paso junto a una estatua ecuestre de Simón Bolívar y me interno en el recinto. Todos los jardines que había entrevisto hasta ahora no eran más que el "trailer". No tengo palabras para describir mis sensaciones. Me pierdo entre árboles altísimos rodeados de todo tipo de plantas en pleno estallido de floración primaveral. Pienso en lo que debió sentir Samwise Gamgee en Lórien. Si ha leído usted "El Señor de los Anillos", ya le he dicho bastante... en el sentido andaluz del término.

Muy a mi pesar, salgo del parque. El cielo vuelve a ser espectacular. Busco puntos de referencia para situarme sobre el mapa. Efectivamente, he perdido el rumbo. Descubro un edificio con un rótulo que dice que es un mercado, pero tiene todo el aspecto de ser una estación.

 

San Bernardo - Nave

 

Vamos, que no puede no ser una estación, porque si esto no es una estación yo no sé qué es una estación. Estudiando el mapa, descubro que es efectivamente la antigua estación de San Bernardo. Eso me tranquiliza, porque estaría estupendo que yo no supiera distinguir una cosa de la otra. Doy la vuelta pasando por delante de la fachada principal. Tampoco me hace feliz, como la de Santa Justa. Diría que no tiene bastante personalidad para Sevilla.

 

San Bernardo - Fachada

 

Cuando llega el momento de ir a casa de la tía Lola paro un taxi, le doy la dirección y en muy poco tiempo estoy delante de la puerta. Me encuentro allí con el tío Manolo. Luego llegan tía Maru, tía Elena y el primo Ernesto. Mi plan era irme a comer por ahí, pero la tía Lola me invita a quedarme, cosa que me hace sentir cómodo y bien tratado. Resulta que mi primo trabaja de consultor, ha vivido bastantes años en México, ha viajado por toda América... Un buen día se hartó de pasarse la vida dando brincos de un aeropuerto a otro como un canguro y retornó a sus orígenes sevillanos. Pero, como dice Bring M. Backalive, viajar ilustra a los jóvenes, y creo que ha vuelto del Nuevo Mundo siendo más sabio que cuando se fue.

A eso de las cuatro salgo de casa de la tía Lola, subo por la avenida de la Borbolla y paro un taxi que me lleva al hotel. Me cambio de ropa y sigo hasta la parroquia de San Andrés, que cae bastante cerca. Voy andando por una serie de calles y plazas. Y no sabría decirle cuál me parece más deseable como lugar para vivir apaciblemente.

 

Rehabilitación de edificios

 

Durante el trayecto me cruzo con una pareja que lleva una niña en un cochecito. La mujer y la niña van vestidas de una manera que llamaría la atención en Ibiza, pero él... él llamaría la atención en cualquier parte del mundo. Ahora podría explicarle lo que llevaba puesto, pero a falta de una fotografía u otra prueba documental, prefiero no decirle nada... porque era increíble. Estoy seguro de que aquel encuentro en la tercera fase demuestra algo sobre Sevilla y los sevillanos, pero no sabría decirle qué. Por cierto, al ver su corbata descubro que se me ha olvidado ponerme la mía... Voy a desentonar entre los invitados. Es la falta de costumbre.

 

El bar. Al fondo, la Parroquia de San Andrés

 

En la iglesia me encuentro a los primos de Soria. Me quedo en uno de los últimos bancos, para que nadie repare en mi heterodoxa indumentaria, y sigo atentamente el ritual. El presbítero consigue sorprenderme con un sermón sobre los matrimonios de ahora que no deja títere con cabeza... Tras la ceremonia y la preceptiva sesión de pose fotográfica de los contrayentes, hacemos una escala técnica en un bar de la plaza de San Andrés para rehidratarnos con unas birras. De ahí seguimos a la plaza del Duque de la Victoria, donde nos esperan los autobuses que han de llevarnos hasta la hacienda donde se celebra el convite. Salimos por la calle de Puñonrostro hacia la avenida de la Palmera. Al pasar ante el estadio de Heliópolis, una parte de los pasajeros hace gestos poco amistosos en dirección al inmueble. Me pregunto qué sucede en los días de partido, cuando las dos aficiones se ven las caras. Debe ser que el nombre de la calle de antes me ha sugestionado.

[Jaja, el eterno Sevilla-Betis; no, no hay mucho “puño en rostro” entre las dos aficiones; hay mucho más de sentido del humor. Recuérdese por ejemplo el lema de los béticos: “Viva el Betis manque pierda” (manque=aunque)]

Seguimos por la carretera de Cádiz hacia Los Palacios. Veo un puente muy alto, con dos rampas que suben y suben, dejando un vano considerable para que los buques pasen bajo el tablero. La comparación con los de Bilbao es inevitable. En Rontegi han resuelto un problema parecido con un puente horizontal que cruza sobre la ría desde la cumbre de un cerro en la margen derecha hasta la ladera de la montaña en la izquierda. Navegar por el Guadalquivir debe ser una experiencia interesante... Arribar al puerto entrando río arriba, como los antiguos descubridores... Tal vez los azares de la vida me deparen la ocasión de hacerlo.

Voy en el último banco del autobús y me hago la segunda idea visual de lo que es una finca rústica por estos pagos. Al parecer, desde los tiempos de los romanos, por lo menos, aquí hay latifundios cuyos límites se pierden en lontananza. Los terratenientes son muy pocos y muy ricos. Los que no tienen tierras son braceros... los proletarios de que nos hablaba el difunto Karl. Eso nos da una sociedad con poca cohesión. Pero, sin duda, la realidad es mucho más compleja...

Al cabo de bastante tiempo, llegamos a la hacienda y nada más descender del autobús nos vemos ante un surtido de manjares de lo más apetitoso. Tengo la prevención de catarlos moderadamente, porque la experiencia de anoche ha echado a pique mis prejuicios sobre la frugalidad andaluza. En efecto, nos llaman al comedor y nos sirven una cena excelente. Después comienza el baile... La famosa fisurita que tengo en el menisco interno de la rodilla derecha me priva de intentar esas actividades. Pasamos el rato conversando muy agradablemente hasta que sale el primer autobús para volver a Sevilla. Acompaño a la tía Elena y a la tía Tere, que no suelen salir por la noche, y llego al hotel a eso de las tres de la madrugada. El segundo viaje de autobús será a las cinco, y el tercero... a las siete. En fin, que ya ve usted que los sevillanos no se aburren.

[Efectivamente, las orquestas que hay en muchas bodas no saben qué hacer para echar a la gente. Esa es la razón de que hacia el final empiecen a tocar canciones como “Paquito el Chocolatero”, que tiene una coreografía diseñada para cansar a un vasco del mismo centro de Bilbao (vaya, pues yo soy exactamente uno de ésos... J.M.G.). Cosa que, para desgracia de estas orquestas, no ocurre con los sevillanos]

No he quedado con nadie para el domingo, porque no sabía a qué hora iba a terminar la celebración y porque tengo que estar en el aeropuerto a las cuatro. De manera que dedico la mañana a dar un paseo y explorar la ciudad otro poco. El centro urbano es un verdadero laberinto. Y los barrios de ensanche tampoco están hechos con espíritu cartesiano.

[Y que lo digas, jaja; nosotros mismos nos perdemos a menudo por esas callecitas estrechas que los moros nos dejaron como herencia para aprovechar el viento fresco]

Decido ir a ver la estación de autobuses de Plaza de Armas, para sacar ideas sobre lo que debería haber sido la de Eivissa. En la calle Recaredo hay una librería [se llama Maymen y está en el número 39] y entro a preguntar si hay algo sobre el parque de María Luisa. El librero me responde que no soy el único que pide algo así, pero no hay nada. A continuación me dice que es una lástima que esté tan descuidado... Me deja boquiabierto, porque yo no me había apercibido de tal cosa. Para mí es una maravilla tal como está. Supongo que los miles de forasteros que lo visitan son de la misma opinión. También he de decir que lo he visto en primavera, cuajado de flores esplendorosas... Bueno, compro otros dos mapas y sigo andando.

 

Paso por el colegio de arquitectos, que me recuerda la sede de su corporación hermana en Barcelona...

No, no voy a decirle lo que pienso de ambos edificios. Véalo usted mismo.

[Muy criticada en su momento por todos los sevillanos y, como diría un amigo, una joya del estilo “remordimiento”]

 

 

Sigo andando y veo esto...

 

 

Y esto...

 

Más rehabilitación de edificios

 

Llego al hotel NH Plaza de Armas... es imposible no verlo.

 

Y de pronto, mis ojos se clavan en otra estación de tren en un sitio donde el mapa no señala ningún ferrocarril. Perplejo, me pregunto si el sol no me estará haciendo perder la chaveta. Y me calmo de nuevo al ver que es otro caso de "reconversión", esta vez en centro comercial. Y a la tercera va la vencida: vista desde fuera, ésta me gusta mucho, mucho, mucho.

[Pues sí, como a todos los sevillanos. Aún alguno se lamenta de su pérdida. La compró inicialmente la Warner para hacer el Centro Comercial Warner-Lusomundo]

 

Estación de Plaza de Armas

 

Sigo con mi itinerarium y cruzo la avenida Torneo y el puente del Cristo de la Expiración.

 

Al pasar sobre el río, veo una barca y algo que parece un embarcadero fluvial.

 

Valdrá la pena hacer el viaje, porque es la mejor forma de ver todos los puentes. Me interesa muy especialmente el del Alamillo. Para mi gusto, uno de los mejores almanaques de pared que han caído en mis manos lo hizo cierta entidad financiera en 2001. Está ilustrado con vistas de varias obras modernas de ingeniería y arquitectura. Hay una muy buena de la estación de Sarriko del metro de Bilbao, pero lo tengo colgado a metro y pico de la mesa de los ordenadores, abierto por... lo adivinó usted, por la foto de ese puente, que es obra de Santiago Calatrava Valls. Me sirve para recordar que ha de hacer uno entre Eivissa y Formentera.

Miro hacia el otro lado. Ahí está de nuevo el cielo enorme de Sevilla y, en la parte de abajo, algo que me interesa mucho: un teleférico. Está parado, de manera que no me acerco a investigar. Debe ser cosa de la Expo, como aquel famoso monorraíl.

[Sí, ambos fueron obras de la Expo de gran éxito. Lamentablemente, no supieron aprovecharlos posteriormente, para asombro y tristeza de todos los sevillanos]

 

Las torres del teleférico están en el centro de la imagen, pero casi no se ven

 

Vuelvo hacia la estación de autobuses. Entre el edificio y el Guadalquivir hay algo que me hace verdadero daño a la vista: una plaza dura. A quién se le ocurre poner semejante cosa a la orilla del río y blindar con placas de hormigón un lugar ideal para hacer... otro jardín, naturalmente. Bueno, habrá sido idea del mismo arquitecto que diseñó la sede colegial. Aunque no ha podido escabecharla del todo: alguien ha puesto unos parterres en las esquinas, que le estropean un poco el impacto visual del búnker. Como dice Faramir, "Your land must be a realm of peace and content, and there must gardeners be in high honour". Vuestro país debe ser un reino de paz y contento, y los jardineros deben recibir altos honores. Desde los tiempos de Babilonia, por lo menos, el arte de la jardinería ha sido una de las mayores expresiones de la civilización. En cambio, las plazas duras... usted mismo.

 

¿A que es precioso?

 

La estación de autobuses no me parece ninguna maravilla, pero diría que resulta práctica para los usuarios. Tiene todos los servicios que uno espera encontrar en una terminal de este tipo. Diría también que la ubicación está muy bien escogida, porque ha heredado todas las conexiones de la antigua estación del ferrocarril de Córdoba... que es lo que voy a ver a continuación.

 

Estación de Plaza de Armas - Fachada

 

Vista desde fuera, tiene bastante carácter. Es de estilo "regionalista", id est, fue diseñada por un arquitecto que se esforzó por integrarla en la ciudad. Otros más cualificados que yo dirán si lo ha conseguido. A mí me parece que sí.

Inicio las oportunas circunambulaciones interna y externa, para tomar posesión simbólica del espacio...

 

Estación de Plaza de Armas - Fachada

 

... y de pronto se me olvidan mis estudios de aprendiz de geomancia y otras tradiciones pasadas de moda, porque descubro algo muy poco frecuente: una cervecería artesana. No sé si le he dicho alguna vez que uno de mis "hobbies" es catar cervezas. De entre todos los muy numerosos tipos de establecimiento hostelero que ha inventado nuestra especie, éste resulta ser mi favorito entre los favoritos. Entro con un subidón de endorfinas como el que debió tener Arquímedes al descubrir su famoso principio, y pido una caña de "su" cerveza rubia y unas tapas.

 

La Fábrica - (Enlace a su página web, MUY recomendado)

 

Tengo sed y "la première gorgée de bière" de que nos habla Philippe Delerm me sabe a néctar del Olimpo. Bueno... como no tengo que conducir, pido otra caña de rubia y luego otra de negra; para catarla, como le decía, por pura curiosidad científica. Y me doy cuenta de que he descubierto un lugar como hay pocos en el entero planeta para alguien con mis esotéricos gustos: una cervecería artesana en una estación de ferrocarril. Sólo le falta una cosa para la perfección absoluta... algo muy obvio: no hay trenes.

 

Estación de Plaza de Armas - Interior

 

Pregunto si tienen botellas de cerveza para llevar, y me contestan que no. Resulta que el producto no lleva estabilizantes ni aditivos de ninguna clase. Se conserva exclusivamente a base de frío. Si yo me traigo una frasca y la lleno en un grifo por mi cuenta, ellos no tienen nada que ver. Pero no pueden venderme cerveza etiquetada. Ante el sagrado altar de Hermes, el dios que protege el comercio y el transporte, hago el juramento de volver al lugar, bien provisto de tales recipientes, y me dirijo a la parada de taxis.

 

Estación de Plaza de Armas - Fachada

 

En el "website" de La Fábrica nos dicen que "se trata de un edificio que responde a la estética neomudéjar, tan extendida en la Sevilla de finales del siglo XIX. Su autor material, Nicolás Suárez Albizu, siguió el proyecto original de José Santos Silva, en el que los principales elementos constructivos son el ladrillo, el hierro y el cristal. Se considera una de las obras más trascendentales de la arquitectura sevillana y arquitectura andaluza del siglo XX. Es un edificio de tres cuerpos, coronado en el central por una gran bóveda de hierro y cristal. Su diseño está inspirado en un patio de la Alhambra de Granada y en los arcos de la Mezquita de Tánger".

Al cruzar la calle veo un autobús para turistas disfrazado de "cable car" de San Francisco. Me pregunto otra vez qué posibilidades hay de reimplantar los tranvías en Sevilla.

Bueno... cuando subo al taxi son las tres. Le digo al conductor que tengo que estar en el aeropuerto a las cuatro y que me lleve por el camino más largo que se le ocurra, para ver alguna cosa más. Así, cuando pasamos por la plaza Nueva, yo le hablo y no acabo de lo maravillosa que es esta ciudad, y de lo increíblemente precioso que es el parque de María Luisa. Y usted estará pensando que va a darme la razón, pero lo que me dice es... que es una lástima que esté tan descuidado, y me deja boquiabierto.

[Esta es una frase típica de todos los sevillanos, para el Parque de María Luisa en concreto, y para otros lugares de Sevilla. Hubo una época en que el Parque de María Luisa estaba cuidado hasta límites extremos. Lo que más molesta al sevillano es que haya obras interminables, como la de la Plaza de España, y fuentes sin agua; pero es cierto que ahora no está mal del todo… bueno, quizás algo descuidado, jajaja]

Intento discutir, pero pasamos por la plaza de España y me hace ver los destrozos que están haciendo los gamberros del siglo XXI en unas barandillas decoradas con azulejos que datan de la exposición... pero de la de 1929. Me hago la reflexión de que los sevillanos deben ser mayormente personas sinceras. El librero y el taxista, al menos, no han escondido los desperfectos de su parque. Y era bien fácil, porque yo estaba - y estoy - deslumbrado por tanta belleza botánica junta... La apoteosis del elemento Madera. Me va contestando las preguntas y compruebo una vez más que los taxistas suelen ser tener muchos conocimientos de primera mano. Si añadimos lo que aprenden conversando entre ellos y con los viajeros, diría que lo que no sepa el colectivo de taxistas sobre su ciudad no vale la pena de saberse. Cuando se generalicen las emisoras de radio de banda ancha les pondrán un canal privado de "chat" de voz... y ya veremos el modo de escucharlo. Por cierto, tal vez sea casualidad, pero cuando se dirige a mí me llama... lo adivinó usted, me llama amigo.

Cuando estamos casi en el aeropuerto me dice que, hace bien pocos años, el urbanismo de Sevilla lo marcaba la voluntad colectiva de que se viera la Giralda desde cualquier punto de la ciudad. De ahí la ausencia de edificios muy altos. Por otra parte, no tiene mucho sentido hacer rascacielos cuando hay millas y millas de suelo urbanizable por todas partes. Me pregunto si debe ser fácil encontrar roca en el subsuelo para afirmar los cimientos de las casas. Y caigo en la cuenta de que esta impresión de cielo enorme que me da Sevilla puede provenir del contraste con Barcelona, que tiene muchas casas altas a los dos lados de casi todas las calles; y con Eivissa, que sufre un urbanismo que... bueno, ya hablaremos de eso otro día.

En la cola para sacar las tarjetas de embarque me encuentro con mis primos Victoria e Iñaki, que se vuelven a Barcelona. Les doy las gracias por haberme dado la ocasión de pasar este fin de semana tan, pero que tan gratificante. Por cierto, ¿se ha dado usted cuenta de que la palabra que más se repite en este texto es el verbo "descubrir" y sus derivados? Yo venía con la idea de que Sevilla me iba a gustar... Pues bien, me ha encantado, me ha hechizado, me ha embrujado... todo eso y más.

La primera etapa del viaje de vuelta consiste en un vuelo hasta Valencia. Esta vez sí voy junto a una ventanilla y veo algo de paisaje, con esos pueblos enormes que se ven perfectamente desde el aire, y un tren y todo. Corre por la vía y me hace pensar en mis modelos Märklin.

Paso fugazmente por el aeropuerto de Valencia. Creo que no lo ha diseñado Santiago Calatrava. El segundo salto por el elemento Aire me dejará en el de Eivissa, que... tampoco es para presentarlo a un concurso.

El viaje físico termina cuando dejo el coche en el mismo garaje que al principio. El mental me durará toda la vida, porque esta ciudad es un Descubrimiento con mayúscula. De momento, ya ve usted lo que ha dado de sí un fin de semana...

 

 

La próxima vez vendré desde Madrid en el AVE, cruzando el elemento Tierra gracias al elemento Metal. De paso tal vez vea Barajas. Llegaré por Santa Justa, y tal vez cambie de ideas si la veo desde los andenes. De sabios es mudar de opinión. Tendré que ver algunos edificios monumentales, empezando por la Giralda de mis recuerdos. Pero lo que más me apetece es explorar los vericuetos del parque de María Luisa, y concentrarme en las infraestructuras de la movilidad urbana y periurbana. A saber, las líneas de cercanías, el apeadero de San Bernardo, el de la Virgen del Rocío, la red de autobuses urbanos e interurbanos, y "last but not least", los transportes elevados del recinto de la Expo de 1992: el monorraíl y el teleférico, o telecabina.

 

¿Dónde están ahora los vehículos?

[Desguazados...]

 

El gran defecto de estas líneas de exhibición es que van de ninguna parte a ningún sitio, y el público las confunde con una especie de atracciones de feria. El ferrocarril y los demás medios de transporte guiado usan el elemento Metal de un modo mucho más juicioso que el complejo carreteras-asfalto-automóviles-combustibles. En cuanto a ese invento tan discutible que es el coche de alquiler, lo trataré con más detalle cuando termine de escribir un texto que me costará mucho trabajo. Se titulará "Las virtudes del automóvil". Está "pendiente", como tantos otros en este sitio...

Y el siguiente viaje lo haré subiendo por el Guadalquivir en un barco pequeño. La idea es arribar por el elemento Agua, a bordo del elemento Madera. Con eso tendré casi completo el catálogo de viajes simbólicos... El que corresponde al Fuego, que consiste en venir a pie o a caballo en plena canícula estival, pienso posponerlo sine die. O dejarlo para la próxima reencarnación.

[Sabia decisión. Al menos hasta que coloquen un sistema bioclimático como el de la Expo por las calles de Sevilla, cosa que creo que pretenden hacer en la Avenida de la Constitución. Ya veremos]

Por cierto, si le interesan a usted mis ideas sobre el noble bruto, tengo un par de artículos en el sitio que son, para mi propio - y discutible - gusto, de los mejores que he escrito. Tal vez sea porque mi signo del zodíaco chino es... lo adivinó usted, el Caballo que encabeza la página principal.

Caballo

Caballos y...

 

Conclusiones provisionales

 

Me pregunto qué necesidad hay de construir ferrocarriles subterráneos por un subsuelo demasiado húmedo. La trama urbana consiente perfectamente el paso de cualquier tipo de tranvía moderno.

[Los que conocieron el tranvía también lo comentan de vez en cuando. Por lo que yo sé, habrá tramos de metro sobre la superficie. En este sentido se producen manifestaciones en algunos lugares por donde está previsto su paso, alegando que es peligroso (especialmente para los niños) y que el ruido que provocará devaluará sus casas]

En cuanto a los medios habituales de transporte elevado, diría que pueden circular sin problemas por todas las avenidas. El Aerobus necesita muy pocos soportes. Con su gran capacidad para salvar espacios libres, también cruzaría muy bien los obstáculos fluviales.

 

Hay más imágenes del Aerobus de Gerhard Mueller en

http://faculty.washington.edu/~jbs/itrans/aerob1.htm

 

En cuanto al casco antiguo, la mejor solución que se me ocurre es reimplantar el tranvía. Ahora hay un modelo francés sin cables aéreos. Los vehículos captan la electricidad de una serie discontinua de placas metálicas aisladas que sólo reciben corriente mientras el tren está físicamente sobre ellas y las cubre por completo. El resto del tiempo puede usted cruzar la línea por cualquier punto bailando un zapateado, su perrito puede orinar sobre ella, etcétera... sin los efectos adversos que suelen seguirse de tales actividades cuando se ejercen junto a esos terceros carriles "vivos" que forman parte de muchas electrificaciones a la antigua usanza. Y nos ahorramos el trajín de disponer y mantener los cables. Curiosamente, mis trenes Märklin han funcionado toda la vida de un modo bastante similar.

juan_manuel@grijalvo.com

 

Carta de comentario - Francisco Hermosa Pérez

 

Juan Quetglas Santos dijo :

La movilidad en Sevilla es un texto optimista que reconforta leer y no creo deba añadir nada yo.
Mejor me reservo para los murciélagos.

 

Un interesante foro sobre movilidad:

 

Sevilla 21 - Foro : Aerobus en Sevilla

 

Buenos días,

Soy nuevo en este foro y como últimamente una de mis inquietudes es nuestro sistema de movilidad me gustaría poner mi granito de arena en lo que podría ser un medio de transporte colectivo alternativo o complementario al resto de los que existen, el aerobús. Para aquellos que no lo conozcan, el aerobús es un sistema de transporte colectivo eléctrico elevado y va suspendido de unos cables de acero. El coste de construcción es cinco veces menor que el metro. Aparte de que no hay que abrir túneles debajo de nuestra ciudad, creo que lo más importante es que ni obstaculiza ni es obstaculizado por otros medios de transporte, es barato, limpio y sencillo de construir y ampliar. Puede servir como medio de transporte urbano, periurbano e interurbano y además de transportar pasajeros puede transportar mercancías. Hace años que está funcionando en algunas ciudades de Alemania ((bueno... ya no. J.M.G.)) y ahora lo quieren instalar en Estados Unidos y algunas ciudades de China.

Saludos de un caballopúblico

Para seguir el hilo : http://www.sevilla21.com/foro/viewtopic.php?t=973

 

[Estoy seguro de que aquí en Sevilla tendría muy buena aceptación por parte del público, pero si cuesta cinco veces menos que el metro, ¿de dónde iban a trincar los políticos? (y no lo digo en broma)]

Pregunta de Juan Manuel Grijalvo:

¿Mantienes esto de que no podemos proponer medios de transporte baratos porque si no de qué van a trincar los políticos?

[Lo mantengo. Es una realidad triste. Para engañar al ciudadano no sería necesario. Busca a alguien especialmente culto y suéltale en una conversación que el metro de Sevilla costará X/10 (siendo X la cantidad correcta) y añádele "¿No te parece un escándalo?"

Vete a buscar a otra "eminencia" (que no esté metido en temas de ingeniería, se entiende) y dile que ese mismo metro costará 100x y añádele, por ejemplo: "Puede parecer una cifra elevada, pero no lo es en relación a los presupuestos generales del Estado".

No creo que ninguno de los dos te contradiga.

Ahora bien, para engañar a las empresas, a las auditorías, etcétera... ya hace falta hilar más fino. Pero el hilo es más fino en relación a lo fina o lo basta que sea la ropa, por tanto son necesarios proyectos con tantos ceros que mareen a las consultorías... A día de hoy todavía nadie sabe cuánto se "trincó" por el tema del AVE de Sevilla. Todos los sevillanos estamos muy contentos por el AVE, pero la cantidad estafada oscila entre cero y tropocientos, dependiendo del periódico que leas.

Alguien dirá que para que lo que digo sobre "trincar" sea cierto hay que presuponer una cierta ambición y maldad en los políticos. La ambición, que no siempre es mala, ya la tienen: nadie llega a político sin ambición. La maldad pueden tenerla o no, pero pienso que el dinero tiene una influencia tan grande sobre las personas que, en ciertos casos y manteniendo el temple, debería tratarse como atenuante, locura transitoria, o incluso enajenación mental. El gran problema no es el robo del político en sí, sino el que te quieran implantar un proyecto inadecuado, que no tenga futuro o en el caso que nos ocupa... que pudiera haber sido ¡cinco veces más barato!. Pienso que esto debería investigarse aún más que los robos de los políticos.]

 

Comentarios de Héctor Barco Cobalea

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