Stella Raventós y 16 firmantes más - Umbral y la Caballé

 

El País,  Barcelona,  31 de agosto de 1984

 

No nos ha gustado nada, en absoluto, el artículo que Umbral dedicó a la gordura de Montserrat Caballé con frases tan inefables como "sólo la ópera, corral / cerril, coral / becerril"  - un ingeniosísimo y dificil juego de palabras cuyo más recóndito sentido se nos escapa -  "se ha obstinado en perpetuarse tal cual, contra todo principio de evolución de las especies", o "la Caballé, además de una gran cantante es la metáfora negativa, inversa y molesta de un género dromedario, dinosaurio y mamut que se ha quedado fósil y sigue cantando". Hablando en serio, sí, claro, la ópera es anacrónica porque no es un producto de nuestro siglo, como no lo son el Partenón, los conciertos de Brandemburgo o la Capilla Sixtina. ¿Tal vez sería conveniente modernizar a la Gioconda superpintándole un traje de astronauta? La Caballé, ella no necesita que nadie la defienda, pues está por encima de cualquier mezquindad. Sin embargo, no vamos a negar que realmente está gruesa, que a veces es escénicamente discutible, pero no importa: su profesión es cantar, y eso lo hace de maravilla. Pedirle que además tenga bonitas piernas es tanto como reclamar a Norma Duval que cante O patria mia, pretensión tan inútil como tonta. Bromas aparte, si a Umbral se le ha agotado la imaginación y no tiene nada interesante y original que decir, que no lo diga, no lo escriba. A lo mejor la pérdida no será irreparable. O limítese a los cuerpos gloriosos y a los abrigos de Sisita Pastega Miláns del Bosch, temas todos ellos trascendentales para la humana convivencia. Para terminar, otro consejo humilde a Umbral: pase usted de la ópera y los aficionados a la ópera pasaremos de usted. Se lo prometemos.

 

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