Juan Manuel Grijalvo  -  Aparcamientos subterráneos

 

Enero de 2011

 

A veces conviene subrayar lo obvio, porque el bosque no nos deja ver los árboles...

 

La expresión "aparcamiento subterráneo" se compone de dos elementos léxicos. El sustantivo designa un caso general y el adjetivo califica el caso particular. Otro día, si le parece bien, podemos hacer una pequeña excursión por las teorías del aparcamiento en abstracto. Para eso es preciso que escriba usted unas notas sobre sus ideas sobre el asunto. Así podremos compararlas con las mías cuando nos veamos.

Un aparcamiento subterráneo es una instalación insostenible por definición. La cosa consiste en excavar un gran hueco en el subsuelo, construir dentro de él un edificio con la entrada en el tejado y enterrarlo para que la superficie quede poco más o menos como antes. Cuando lo ponemos en marcha, precisa iluminación artificial y ventilación mecánica las veinticuatro horas. Todo eso implica grandes dispendios de combustibles fósiles, que no son gratis... ni siquiera baratos. Las instalaciones en superficie y los edificios se pueden iluminar con luz natural, al menos durante el día, y renovar el aire es mucho más fácil: por lo general, no hay que hacer nada.

Teóricamente, los aparcamientos subterráneos se hacen cuando no queda más remedio. El primero que vi fue el de la Plaça de Catalunya. Alguien había tenido la genial idea de instalarlo en un lugar que gozaba y goza de un transporte público excelente. Era uno más de tantos resultados estúpidos de lo que he dado en llamar "la receta Barcelona": todo el mundo tiene que ir en coche a todas partes y a todas horas. Su aplicación irreflexiva en estas islas tan pequeñas ha causado ya un sinfín de efectos atroces. Estamos muy lejos de cierta declaración programática de finales del siglo pasado: "el Pla Territorial Parcial es basarà en el criteri d'increment real de la capacitat de mobilitat en lloc de promoure un augment continu de la superfície d'asfalt: més asfalt i més carreteres no signifiquen, sovint és el contrari, més mobilitat i rapidesa".

Desde aquellos días hemos visto hacer bastantes aparcamientos. Algunos proyectos no se han realizado. Por ejemplo, aquellos dos subterráneos en el baluarte de Santa Llúcia y en el paseo de Vara de Rey. Pero ya sabe usted que las ventajas son inseparables de los inconvenientes. A la insostenibilidad intrínseca de la idea se sumaban una realización práctica difícil y un previsible incremento de los viajes al centro de Vila con medios motorizados. Y aquella... digamos, aquella idea de la Autoridad Portuaria para hacer aparcamientos debajo de los muelles, tampoco... En fin... A principios del verano de 2010 entró en servicio un aparcamiento de pago en Es Pratet. Seguiré su evolución con todo el interés que merece esta iniciativa privada.

La situación en Sant Antoni de Portmany es diferente. El 16 de diciembre de 2005, el Sr. Joan Boned presentó al Consell Insular una moción sobre el estudio de viabilidad para la puesta en marcha de un tranvía, que fue desestimada. Una de las objeciones era la dificultad de resolver las entradas de las líneas en las poblaciones. Al parecer, es más fácil  - y "más mejor" -  que los ciudadanos accedan de uno en uno a un aparcamiento subterráneo situado en el centro, a bordo de sus respectivos automóviles particulares, en vez de venir todos juntos en un medio de transporte colectivo, limpio, silencioso y seguro, que apenas ocupa espacio en la vía pública. Por todo eso, el Ayuntamiento otorgó una concesión administrativa a la sociedad privada "Subsuelos Urbanos, S.L." para que hiciera un "parking" en la Plaça d'Espanya.

Ahora dicha empresa ha presentado una demanda contra el Ayuntamiento, y un Juzgado la ha admitido a trámite. La materia del pleito es la reclamación de una cantidad bastante elevada por "incumplimiento de contrato". Habrá que ver qué pactos hay exactamente en el convenio. Al parecer, el municipio se comprometió a eliminar una serie de aparcamientos y no lo ha hecho. La cosa es que la instalación no está dando los resultados económicos previstos. El Juzgado competente estudiará los términos de la concesión y resolverá lo que proceda en Derecho. Si las partes presentan recursos, el pleito se puede dilatar hasta que se agoten las instancias. Mientras tanto, la situación financiera de la concesionaria seguirá deteriorándose.

El siguiente capítulo de la serie va a ser el otro aparcamiento subterráneo que explota la misma empresa en Santa Eulària. Mientras duraron las obras, los automovilistas que estacionaban sus vehículos detrás del Ayuntamiento se han acostumbrado a dejarlos en otros sitios. Considerando la situación económica de los presuntos "paganos", tal vez no vuelvan al centro y no lleguen a llenar las plazas de la instalación... ni las arcas de la concesionaria. Como dijo Medina, "algo va a haber que hacer" si las previsiones no se cumplen.

La base y sustancia del posible pleito puede ser análoga a la de los "peajes en sombra" de las autovías: la concesionaria "tiene derecho" a obtener el reembolso de sus inversiones y un lucro suficiente, prescindiendo por completo de cuestiones tan nimias como la utilidad pública  - o la demostrable falta de ella -  del servicio ofrecido. En este País de las Maravillas sobran los ejemplos: el aeropuerto fantasma de Ciudad Real, los túneles de la M-30, el CETIS de Vila... Por cierto, estoy esperando que lo inauguren para hacer otro de mis pequeños artículos técnicos. ¿Usted sabe cuándo va a ser?

Bueno... El circuito se resume en que alguien ha puesto en marcha una obra basada en previsiones de tráfico absolutamente imaginarias, el contratista ha cobrado, las cuentas de explotación no salen, la promotora resulta ser insolvente y los créditos impagados "intoxican" el sistema financiero. El factor común en todas estas variantes del cuento de la lechera es que el negocio empieza y acaba en la construcción. Y ya sabe usted que  cui prodest scelus, is fecit.

Como he dicho en otras ocasiones, no hay tantas "recetas" para resolver la demanda de movilidad en estas islas tan pequeñas. Las numerosas autoridades competentes aplican las suyas sin haber establecido un diagnóstico de los males a remediar. Estamos ante problemas mal planteados, o directamente falsos. A partir de ahí, la terapia no puede ser la adecuada.

Estoy estudiando el "Informe Subercase", publicado en la "Gaceta de Madrid" del 2 de noviembre de 1844. Trata de cómo regular las concesiones administrativas de las compañías que iban a construir los ferrocarriles en este país. Aquí le dejo una cita:

"La comisión cree haber esplanado suficientemente los principios que sirven de fundamento al pliego de condiciones generales que propone para las empresas de caminos de hierro. En ellas ha procurado conciliar los intereses del Estado y del público con los de las compañías particulares, asegurando en lo posible la moralidad que debe servir de base á las concesiones que les otorga el Gobierno".

Otro día, si usted quiere, podemos seguir iluminando los aparcamientos subterráneos a la luz del Informe. Con algunos cambios mínimos de terminología, resulta perfectamente aplicable a muchas situaciones de ahora mismo...

juan_manuel@grijalvo.com

 

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