Juan Manuel Grijalvo - Escaparate 2009

 

Ultima Hora, 1 de julio de 2009

 

 

Hace cosa de seis años, este periódico tuvo la atención de publicarme un artículo titulado "Escaparate". La tesis era que la calle de Pere Francès sería el escenario de un primer experimento del "nuevo urbanismo progresista". La "receta" consistía en ampliar las aceras, plantar árboles, suprimir aparcamientos y dejar sólo un carril de circulación para automóviles, porque "si hi ha una cosa que defineix el caràcter de les viles mediterrànies -molt especialment de les illenques- és un 'tempo' especial, un ritme pausat i tranquil, fet molt més a mesura del que l'home necessita per mantenir el seu equilibri i la seva salut. Hem de recuperar aquest ritme, molt més d'acord amb la nostra idiosincràsia, i contribuir així a fer una ciutat més habitable i una ciutadania més feliç".

Como de costumbre, las palabras han ido por un camino y los hechos por otro. Al poco tiempo de acabar la reforma de la calle - una reforma que en su día ya fue un fracaso indiscutible - comenzaron las obras para convertir una guardería infantil en un edificio de oficinas, cosa que demuestra una vez más que los poncios que nos gobiernan creen firmemente que los ciudadanos que viven en el centro no necesitan guarderías ni colegios. Al parecer, es mucho mejor llevar cada día los niños en coche a Jesús o Puig d'en Valls, porque nos pilla de camino a nuestra oficina, que está, por ejemplo, en Sant Miquel.

Desde los postulados del "nuevo urbanismo progresista", no se entiende que se autorice un edificio cuyo planteamiento está en las antípodas del "caràcter de les viles mediterrànies". Empezaron cortando tres calles y la acera lado mar de Ignasi Wallis para excavar un gran aparcamiento subterráneo. Eso demuestra que las personas que han de trabajar en los despachos vendrán en automóvil, por ejemplo, desde Sant Miquel. Una gestión correcta de la movilidad urbana empieza por no dar a nadie facilidades para aparcar en el centro, porque eso crea más tráfico que entra y sale por esas calles que conforman "una ciutat més habitable" donde vive "una ciutadania més feliç".

 

 

Desde el inicio de las excavaciones aparece agua freática en grandes cantidades. Los constructores la retiran a fuerza de bombeos. Algunos de los edificios próximos han tenido, digamos, ciertos problemas de estabilidad; por ejemplo, el Institut Santa Maria, el grupo Ibosim o Ca'n Ballet. Aparecen grietas en Ca'n Ventosa. Los servicios técnicos competentes las adornan con unas barritas de escayola para ver si crecen y cuánto.

 

 

Las obras duran y duran y duran y duran. A fecha de hoy aún no han terminado. De pronto, el Ayuntamiento se acuerda de aquel "slogan" de la "ciutat més habitable", y lo demuestra instalando un carril-bici que va de ninguna parte a ningún sitio. Como dije en su momento, hay cosas que se pueden hacer, por ejemplo, "en algunas calles del centro de Bilbao... pero es que debajo han puesto el Metro, oiga. Y no es lo mismo". Los planificadores de Vila siguen ignorando a los ciclistas y a los usuarios del transporte público.

En 2003 dejé escrito que la calle de Pere Francès iba a ser el escaparate del "nuevo urbanismo progresista". Hemos visto otras intervenciones del mismo jaez en la Avinguda d'Espanya, y veremos unas cuantas más en Dalt Vila. Otro día, si usted quiere, podemos seguir hablando de todo eso del Patrimonio de la Humanidad. Ojalá esta vez me falle el pronóstico.

juan_manuel@grijalvo.com

 

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