Juan Manuel Grijalvo - Subir a Dalt Vila en coche

 

Dedicado a A. S.

Ultima Hora,  30 de junio de 2007

 

Hoy, día 14 de los corrientes, hago uno de mis ejercicios prácticos de movilidad: subir a Dalt Vila en coche. El principal objetivo de la maniobra es revisar un ordenador que no se porta bien. Antes, estos interesantes dispositivos tenían varias funciones más o menos prácticas. Ahora, Internet ha potenciado su utilidad. Por ejemplo, si vive usted en el relativo aislamiento de Dalt Vila, las nuevas tecnologías pueden facilitarle la existencia. Vuelven innecesarios muchos desplazamientos, le informan de las novedades, le mantienen en contacto con sus amigos, etcétera. Por lo mismo, cuando la conexión, el navegador o el cliente de correo no funcionan, su vida cotidiana pierde amenidad. Procede buscar algún "pringao" que los arregle, si quiere, si puede y si sabe... Y por eso he quedado en "Es Llaüt" con el amigo A.S., que tiene el privilegio de vivir en Dalt Vila, cosa que tiene grandes ventajas... que son inseparables de los inconvenientes. La idea es pasar la barrera antes de las cinco y aparcar mi coche en su garaje. El suyo quedará temporalmente en la calle, protegido por el mágico tarjetón municipal que lo identifica como propiedad de un residente del barrio.

El viaje empieza cuando parto al volante de mi auto, siguiendo al de A. Subimos por la rampa del Baluard de Sant Joan, esperamos a que cambie el semáforo, seguimos hasta la esquina del Museu d'Art Contemporani, paramos otra vez en el siguiente semáforo, y continuamos por sa Carrossa. Pasamos por delante de Ca'n Botino y pienso otra vez en la "restauración"... Ha sido como colorear "Casablanca". Llegamos a una plazoleta. Me encuentro allí al respetado doctor M., y le ruego que venga a la conferencia sobre la PTP y la movilidad sostenible que dará Ole Thorson en Ca'n Ventosa el próximo 30 de junio.

Damos la vuelta, nos cruzamos con el microbús y entramos por una calle que no había visto nunca. Por ahí se accede al garaje de A.; cuando me abre la puerta eléctrica con el mando a distancia, se me ocurre que venimos del aeropuerto de Klow y que estamos en la fábrica de Sbrodj que nos muestra Hergé en "Objetivo: la Luna". Pero no, mi coche se cuela en un garaje más bien pequeñito, paro el motor, A. me abre la puerta de la casa y me guía escaleras arriba hasta su despacho. Llevo un CD en mi macuto; traigo grabados algunos programas que tal vez pongan remedio a la situación, y tal vez no. Encendemos el PC y los síntomas nos saltan a la vista: el cliente de correo no funciona y el navegador está secuestrado. Cada pocos minutos la máquina intenta conectarse a un sitio concreto. Instalo un navegador que no es de Microsoft, busco el nombre del titular en whois.net y resulta ser una empresa de Nueva Zelanda que se dedica... a proteger la privacidad de sus clientes. Ahora podría decir varias cosas sobre ellos y sobre sus clientes, pero son del todo impublicables. Hago todos los experimentos que se me ocurren... Cuando se me acaban la ciencia y la paciencia, A. me dice que llevará el ordenador al taller, como otras veces. Lo más probable es que se limiten a formatear el disco duro, borrarle todos sus archivos, reinstalar el sistema y... hasta que se vuelva a infectar, con lo mismo o con otra cosa parecida. El Güindous es asín.

 

 

Ya que estamos aquí, sería imperdonable que no saliéramos un momento a la terraza. La vista es interesante. Haciendo abstracción de las chimeneas de Gesa, del aparcamiento para embarcaciones "deportivas" que invade el espejo de otrora cristalinas aguas, del cemento que la especulación inmobiliaria ha vomitado en la bahía, de la absurda y salvaje construcción en Jesús, del dique de Botafoc, etcétera... sería aún más interesante. Desde Ca'n Botino debe ser parecida, pero eso no me consuela en absoluto. Vemos llegar uno de esos yates para ricos. Ya sabe lo que contestan sus dueños cuando inquirimos tímidamente si cuesta mucho mantenerlos: "Si usted tiene que hacer esa pregunta, no se compre uno".

Salgo en coche del garaje para volver por donde he venido. Mientras desciendo hacia Comte de Rosselló por calles que no permiten el paso de dos vehículos y que son difícilmente transitables para los servicios de urgencia de hoy, pienso que Dalt Vila se muere. Un barrio vivo combina viviendas, despachos, talleres, escuelas, servicios, comercios de proximidad... Una tienda no se puede mantener con clientes que sólo compran durante uno, dos o tres meses al año. Cuando permitimos que los inmuebles habitables de Dalt Vila se conviertan en segundas o terceras residencias de propietarios absentistas le estamos dando el tiro de gracia.

El caso es que las empresas que vengan a instalarse a Dalt Vila han de generar mucho valor añadido... sólo para mantener las oficinas. Para decidirse a venir necesitan una accesibilidad no ya buena, sino mejor que la de otros barrios. El cambio del modelo de movilidad implica que se pueda vivir en Eivissa sin coche. Resolviendo el caso general, el caso particular que nos ocupa se nos dará por añadidura.

El amigo A. está haciendo planes para unas reformas en la finca, con el objetivo de... ampliar el garaje, naturalmente. Es un hombre de mi edad; como suele suceder, la precisión de nuestros sentidos va menguando con los años y cada día nos falta un día menos para quedarnos sin carnet de conducir. Cuando llegue esa fecha infausta (o no, según se mire) ya veremos qué providencias hemos tomado para que su vivienda siga siendo tan accesible como antaño... La demanda de movilidad de hogaño no se puede resolver a base de más de lo mismo. Como decía el programa del Pacte en 1999, "el Pla Territorial Parcial es basarà en el criteri d'increment real de la capacitat de mobilitat en lloc de promoure un augment continu de la superfície d'asfalt: més asfalt i més carreteres no signifiquen, sovint és el contrari, més mobilitat i rapidesa".

A. y yo necesitamos menos movilidad y más accesibilidad. Cuanto antes implementemos las medidas que se derivan de esta elemental constatación, antes llegaremos a cambiar el modelo de movilidad. Si usted también ve que es imprescindible, le espero este sábado a las seis en Ca'n Ventosa.

juan_manuel@grijalvo.com

 

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