Juan Manuel Grijalvo - Reflexiones sobre movilidad

 

(Ultima Hora, 18 de abril de 2004)

 

Aquí y ahora, la gestión de la cosa pública se compone de una serie de actividades que podríamos clasificar, "grosso modo", en políticas y administrativas. La política es el mecanismo de toma de decisiones. Como "ahora hay democracia", las oligarquías que controlan los partidos nos presentan cada equis años unos candidatos y unos programas. Vienen a ser los "chefs" que escriben las recetas de lo que vamos a comer - y pagar - durante los próximos equis años. Sobre el papel, la función de las administraciones es técnica: han de traducir en hechos lo que han elegido los ciudadanos. Son - o deberían ser - como los cocineros que nos preparan los platos de cada día, sin poner ni quitar nada de su cosecha.

Cada equis años nos toca escoger entre varios menús, porque no hay dinero para todo. Es el clásico dilema entre cañones y mantequilla, que se resuelve cada día... por los cañones, naturalmente. Entre las diversas partes del menú, hay una que me interesa más que las otras. Es lo que se ha dado en llamar el modelo de movilidad. Viene a ser la filosofía que subyace en las medidas que toman las autoridades y los ciudadanos para hacer posibles los desplazamientos de las personas y de las mercancías. Se llama "modelo" porque tiene - o debería tener - una expresión matemática.

El modelo al uso es insostenible. De entrada, sale carísimo. Las carreteras soportan un tráfico desmesurado, las motos no nos dejan dormir, no hay forma de aparcar en los cascos urbanos, miles de personas mueren en accidentes de tráfico, hay un calentamiento global... y nos vemos metidos en guerras cuyo único fin es mantener bajo el precio del petróleo para que el tiovivo siga dando vueltas.

El poderosísimo complejo de intereses que construye, asfalta y mantiene las carreteras, fabrica, financia y repara los automóviles, extrae, refina y transporta los combustibles, etcétera, gasta sumas astronómicas en decirnos cada día que el estúpido modelo de movilidad que padecemos es el mejor de los posibles. Junto a los anuncios amables o subliminalmente eróticos de los coches, vemos esas horripilantes campañas de seguridad vial que monta la Dirección General de Tráfico. Un departamento del Estado nos muestra de la forma más cruda posible los aspectos más macabros del modelo, mientras todos los demás los esconden lo mejor que saben. Es otra muestra de esa esquizofrenia que lo empapa todo.

Sobre el papel, los diversos partidos que compiten cada equis años por su voto y el mío postulan diferentes modelos de movilidad. Pero son sólo palabras. En la práctica, lo que ocurre aquí y ahora es que el primero de ellos está ligado inextricablemente con el complejo coches-carreteras-combustibles-etcétera. Y viene aplicando lo que he dado en llamar la "receta Barcelona", que consiste en más de lo mismo: en abrir caminos a la circulación rodada, pasando por encima - o por debajo - de lo que sea. Se ordena el territorio cortando el mapa con un bisturí, y después se aplica la cirugía al terreno con excavadoras. Es peor el remedio que la enfermedad. Y bien pronto no vamos a poder pagarlo, porque es insostenible. Ya sabe usted que si California fuera un Estado independiente, sería algo así como la sexta economía del mundo. Pues está en bancarrota porque no puede mantener la red de carreteras. Y eso ya no lo arregla ni el Schwarzenegger.

El segundo partido administra una pequeña parte del territorio. No puede luchar contra la invasión de los vehículos de los propios habitantes del municipio, reforzados por los que llegan cada día del resto de la isla. Por eso está aplicando la "receta Disneylandia", que es cerrarles el paso mediante aparcamientos más o menos "disuasorios", o prohibiciones directas, como en Dalt Vila o la Marina. Es una batalla perdida, porque el enemigo está en casa. Las primeras actuaciones de esa nueva sociedad "privada" municipal van a ser un aparcamiento subterráneo y la estación recontrasuperpolivalente de Sa Colomina. No auguran nada bueno para el futuro.

En cuanto al resto de la oferta política, lo tiene muy crudo en un sistema de representación que machaca las minorías por el mero hecho de serlo.

El único método práctico para ir cambiando de modelo es lo que llamo "la receta Bilbao". Se trata de mantener lo que hay, sin aumentarlo, y destinar los recursos públicos a mejoras en el transporte público, donde van a tener una rentabilidad social incomparablemente mayor. Para mí, el mejor gobierno es el que más hace por los ferrocarriles y otros medios guiados. Aquí y ahora, eso pasa por estudiar la ubicación de las futuras estaciones y hacer las oportunas reservas de terrenos en los planes urbanísticos. A medio plazo, se trata de tender una red nueva de Aerobus, un transporte guiado, eléctrico, elevado y automático. Su gran ventaja es que resuelve también las comunicaciones entre Eivissa y Formentera. Que yo sepa, ningún partido político comparte mi programa. Y los técnicos de las numerosas administraciones competentes sólo saben hacer más carreteras. Por lo tanto, habré de fundar una sociedad anónima para construir y explotar el sistema. Antes formaré la sección de movilidad del Ateneu Cultural d'Eivissa, que es una asociación legal y tiene CIF, cuenta corriente y un artículo en el primer tomo de la Enciclopèdia.

El requisito previo para que la futura red sea no ya viable, sino pensable, es una reforma que implante una administración única en toda la isla y acabe con la actual división municipal. Sus efectos nefastos son cada vez más visibles. En el caso de Vila, basta pensar un momento en lo que ocurrirá si ninguno de los Ayuntamientos colindantes autoriza la instalación de la nueva depuradora. Nos vamos a inundar... y no será de agua de lluvia, precisamente.

Ahora está de moda hablar de Sant Rafael, que tiene muy buenos restaurantes. Y tal vez los siga teniendo, si resisten la pérdida de ingresos mientras duren las obras de la carretera. La situación no difiere en sustancia de lo que ya está ocurriendo en las rondas de Vila, y prefigura lo que será el resto de las intervenciones. Piense usted un minuto en lo que van a ser la rotonda de Ca'n Sifre, la variante de Sant Jordi y los cruces de la carretera de Ses Salines, si se enfocan con los mismos criterios de "desdoblamiento" que éstas dos.

Las actuales estructuras políticas y administrativas manifiestan una cierta falta de sensibilidad para con los derechos de los vecinos. Y con los del resto de los afectados por la expansión indefinida del modelo coches-asfalto-combustibles-etcétera, que resulta ser la mayoría de la población. Otro día volveré sobre los efectos inmediatos de las expropiaciones.

Es necesario cambiar de modelo de movilidad. Y en la medida en que todas las "recetas" vienen de la misma escuela gastronómica, de menú o de restaurante. Un simple cambio de cocineros no resuelve nada.

Yo voy a formar la sección de movilidad del Ateneu Cultural d'Eivissa. ¿Se apunta usted?

juan_manuel@grijalvo.com

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