Enrique Tierno Galván - El tren como referencia urbana

 

"Renfe en 1983", publicación del G.I.R.E.

 

Una vivencia que se va perdiendo y que, sin embargo constituía un elemento permanente de referencia en la vida de niños y adultos, era el hecho, al parecer simple e inocuo, de ver pasar el tren.

Seguro que muchos de los lectores de esta revista recuerdan de niños e incluso adolescentes, que iban a la estación de su pueblo a esperar, paseando durante un cuarto de hora, a que el tren transcurriera entre ellos velozmente, como una ilusión que nace y casi inmediatamente se pierde. El acto de ir a esperar al tren no suponía la curiosidad de ver los que bajaban o los que subían, sino el hecho de ver cómo el tren pasaba. Una costumbre detrás de la cual, incluso en los niños, había añoranzas y el abanico abierto de las posibilidades de toda aventura. Servía también para regular la hora, no sólo de los relojes, sino de la hora mental de quienes comprobaban con ingenua satisfacción, que el tren pasaba a la hora justa que indicaba el reloj de la estación. La razón se tranquilizaba como si se hubiera llegado a la conclusión de un silogismo en Bárbara, comprobando que el tren pasaba a su hora.

Son estas vivencias vinculadas esencialmente al progreso y a esa estrechísima relación que, durante tanto tiempo existió entre el tren y el progreso. Había en la conciencia de quienes se acercaban a la estación a ver el paso del tren, una ratificación cotidiana de que el progreso no decaía sino continuaba su marcha como el tren mismo y, no se crea que esta costumbre era sólo la del villorio en donde el tiempo era ocio puro, en ciudades de relativa complejidad y número bastante crecido de habitantes, la costumbre era casi universal, simbolizaba la especial estructura de la Europa industrial en los primeros pasos de su desarrollo.

Hay muchas otras ideas asociadas hoy en el tren, que todas más o menos, coinciden en el mismo supuesto de orden, seguridad y progreso. Es notable que esta particular vivencia no se haya producido con otro medio de comunicación. El ruido estentóreo del avión nos vincula, por el contrario, con el apresuramiento e incidencia imprevista de una sociedad que avanza con vacilaciones en el orden y en el concierto.

La reaparición de la vivencia articulada con una sociedad estable a través de la renovación del simbolismo del tren, es una idea muy grata para quienes tenemos la responsabilidad de administrar las ciudades. Si abundasen los trenes y el ciudadano recobrase el hábito de viajar en ellos, teniendo cuidado de que su imagen arcaica y nueva a la vez se mantuviera sin muchos cambios, los Municipios tendrían un elemento más de referencia a lo estable y seguro. En el orden de la ética de la convivencia, el tren sigue siendo una referencia que no debemos perder y que se añade a cuanto se va descubriendo de práctico y útil en un instrumento de relación colectiva que conserva la mayor parte de sus consecuencias económicas y sociales beneficiosas.

Que el tren no desaparezca y siga siendo juguete, símbolo y referencia social virtuosa.

 

Enrique Tierno Galván...

Ferrocarril y ferrocarriles...