Francisco Unquiles - Sevilla y su gestión turística

 

Tras leer el artículo “Impresiones de un fin de semana en Sevilla”, de Juan Manuel Grijalvo, se puede deducir la gran capacidad que tiene la pluma del autor para describir toda una ciudad tanto interna como externamente, teniendo en cuenta que la información ha sido obtenida en tan sólo un fin de semana, corto en días pero amplio en conocimientos. Quizá se eche de menos haberse relacionado más con sus gentes, o al menos si así ha sido no ha quedado plasmado en el artículo.

Cuando dice que “estando en un bar, el camarero no me conoce de nada, pero se dirige a mí como un amigo, cosa me hace sentir cómodo y bien tratado”, expresa genuinamente la forma de ser de los sevillanos con todo el mundo, sean forasteros o no, porque esa vivencia que tuvo Juan Manuel no es la excepción, sino todo lo contrario. Es la regla habitual, y sin lugar a dudas esta circunstancia aumenta el atractivo para el visitante.

Pero Sevilla tiene otros atractivos y otras formas de atraer muy curiosas, y quizá también muy efectivas.

Cuenta Juan Manuel en su artículo lo impresionado que le dejó la visita al Parque Maria Luisa, un parque descuidado, que la Infanta Maria Luisa donó en el siglo XIX a la ciudad de Sevilla. Con motivo de la Exposición del 1929 fue transformado por el jardinero francés Forestier, que le dio su actual aspecto, con una gran variedad de plantas y numerosas fuentes, estanques, surtidores y lagos artificiales.

Sin embargo, para mí particularmente, existe un atractivo que no me canso nunca de ver y de vivir. Me refiero a pasear por sus calles en las tardes de primavera. Aunque en esa época del año tienen lugar los acontecimientos que más visitantes reúnen, la Semana Santa y la Feria de Abril, no es precisamente ese el motivo al cual hago referencia. A lo largo de las aceras de numerosas calles de la ciudad hay naranjos. Hace más de 25 años, el Ayuntamiento decidió plantar más de 30.000 árboles de esta especie. Económicamente producen bien poco (las naranjas son amargas), y decorativamente no son muy vistosos, aunque tienen la belleza natural de todas las plantas. Pero cuando se abren los azahares cada año, crean un ambiente de bienestar con sus efluvios y perfumes. El paseante tiene la sensación de estar en un lugar mágico. Cuando deja el lugar, lo hace en un estado muy diferente, un estado de calma y felicidad contenida, de seguridad y de peso cero, porque todos los desequilibrios vuelven a equilibrarse. Es algo que son capaces de reconocer todos aquellos que recapacitan sobre su pasado en el presente, aunque ese pasado se refiera a hace pocos minutos.

Y con sus formas de atraer turismo, Sevilla aumenta cada año sus visitantes. Desde hace tiempo utiliza una tercera vía, distinta de las dos habituales. Patrimonio histórico y playa no son muy abundantes en la ciudad. Son cualidades que no se pueden crear, porque se tienen que poseer. La suerte de una ciudad pequeña, casi un pueblo, como es Granada, de tener el patrimonio histórico que tiene la hace ser la más visitada de España. Roma es eternamente atractiva por su inmenso patrimonio monumental. En cuanto a Ibiza, es una isla inundada de las mejores playas del mundo.

Sevilla está al borde del río Guadalquivir, lo que proporciona poca playa, y su patrimonio histórico es muy reciente.
Los sevillanos lloran por la destrucción a lo largo del tiempo, hasta hace menos de un siglo, de la que fue la importante ciudad romana de Itálica, a pocos kilómetros de la actual.

Pese a ello sus administradores no renuncian a atraer visitantes, y desde hace tiempo están utilizando una fórmula que consigue año tras año un aumento de su número, que es la unión de turismo y deporte.

Efectivamente, la ciudad acoge cada año numerosos eventos deportivos de todas las modalidades, categorías y ámbitos territoriales. Muchos de ellos son de escala mundial, como los campeonatos de atletismo, de piragüismo, etcétera, y otros nacionales. Y es que la infraestructura deportiva de la ciudad es tan amplia, contando incluso con un estadio olímpico, y sus gestores tienen tal experiencia adquirida, que puede acoger y de hecho acoge cualquier acontecimiento deportivo. Hubo una tentativa para organizar unos Juegos Olímpicos, llegando a la preselección. Para un acontecimiento deportivo como ése es preciso tener una infraestructura hotelera y de comunicaciones que sólo poseen las ciudades más grandes. Como diría el camarero del artículo de Juan Manuel, “eso es musha tela”, aunque siguen pensando que todo se andará.

Esta forma de atraer el turismo está dando buenos resultados. La consejería de Turismo de la Comunidad autónoma se llama de Turismo y Deporte, para unir ambas actividades tan estrechamente que se confundan en una sola. Tiene un valor añadido, que es el tipo de visitante que recibe la ciudad: personas fuertemente atraídas por el deporte y la cultura, con un estilo de vida sano y saludable.

 

“Impresiones de un fin de semana en Sevilla”, de Juan Manuel Grijalvo...

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