Xavier Lacosta Sunyer - Mártires de Nagasaki

 

Agosto de 2005

 

La segunda bomba atómica de la Historia fue lanzada sobre Nagasaki tres días después de que, el 6 de agosto de 1945, se lanzara la primera sobre Hiroshima, hace ahora 60 años. La ciudad portuaria de Nagasaki, al igual que Hiroshima, no habia sido bombardeada hasta entonces por los norteamericanos quienes en cambio arrasaron con bombas incendiarias otras casi 70 ciudades y villas de Japón durante medio año. ¿La razón? Se quería comprobar con todo detalle cuáles eran los efectos nucleares en grandes ciudades habitadas sin que la observación fuera perturbada por la destrucción anterior de bombas convencionales.

Nagasaki fue el holocausto cristiano católico japonés. La ciudad era un caso aparte en la historia del recelo yamato hacia Occidente. En pleno ‘shogunado’ fue el único puerto abierto al exterior gracias a los tratados suscritos con Portugal en 1571 por el daimyo Omura Sumitada. El navarro San Francisco Javier –festividad de 3 de diciembre, ‘San Francisco Javier y mártires del Japón’- predicó en esa ciudad en 1549. Hacia 1580 había ya 150.000 cristianos católicos, muchos de ellos samurais que se batían con cruces en sus cascos y rosarios católicos al grito de “Jesús y Santa María”, y que al bautizarse escogían nombres españoles como Pablo o Bartolomeo. Pero la oposición a la fe extranjera existía. En 1596, el shogun Hideyoshi Toyotomi prohibió el Cristianismo y decretó la crucifixión de 26 católicos –entre ellos el japonés Pablo Miki, luego santo, y una media docena de misioneros y seglares españoles. Ser cristiano se castigaba con la muerte.

En 1614, el shogun Tokugawa Ieyasu deportó a los misioneros franciscanos españoles y jesuitas portugueses, misiones e iglesias fueron destruidas y los samurais católicos que pudieron hacerlo se exiliaron en Manila bajo el amparo del virrey de España. En 1637, 37.000 cristianos, pobres campesinos, artesanos ahogados por los impuestos y samurais ronin vagabundos que profesaban en secreto, se rebelaron en Shimabara, península cercana a Nagasaki; fueron aplastados por un ejército de 120.000 soldados con la ayuda de barcos de guerra de holandeses –cristianos también, pero protestantes- y no se perdonó ni a uno solo. Se dice que en los tres últimos días fueron decapitados con katana cinco millares de cristianos. Durante tres siglos Shimabara fue un lugar maldito y triste; las excavaciones de hace veinte años sacaron a la luz centenares de cráneos decapitados y unas decenas de toscas crucecillas de plomo…

Tras la masacre de Shimabara los restos de la comunidad cristiana sobrevivieron en silencio y en secreto durante más de 200 años, sin sacerdotes ni sacramentos y sin ni siquiera unos Evangelios escritos en los que apoyar su fe. Hasta que el fin de los Tokugawa y la instauración de la época Meiji, tras el tratado con USA forzado en 1853, abrió un resquicio de libertad religiosa. Nagasaki seguía siendo el centro del catolicismo japonés, y de raíz ‘ibérica’; allí se ubicaba la mayor catedral de Oriente, consagrada a Nuestra Señora en 1917, levantada con las aportaciones propias de la comunidad católica ante la indiferencia de las autoridades japonesas y el desprecio bushido hacia lo occidental.

Eran las 11.02 de la mañana del 9 de agosto de 1945 cuando se lanzó la bomba sobre Nagasaki. El ingenio atómico fue nombrado como Fat Boy, en ‘honor’ de Winston Churchill. La aguja de la catedral de Nuestra Señora en el distrito del valle del río Urakami fue el hito que guió al observador del B29 para orientarse. Huelga decir que casi todas las víctimas de Nagasaki, un centenar de miles en el momento del impacto y decenas de miles más en años sucesivos debido a la radiación, fueron cristianos católicos.

Cuando los tripulantes del B29 regresaron a su base de las Marianas –archipiélago que había estado bajo administración española hasta 1898- y revelaron el resultado de su misión, los capellanes católico y luterano de los aviadores, el padre George Zabelka y el pastor William Downey, quedaron horrorizados: lo que no había conseguido la intolerancia en 350 años, que nunca pudo eliminar a los católicos japoneses, lo habían logrado casi por completo ‘sus ovejas’ del aire ¡en una sola mañana! Zabelka y Downey dedicaron el resto de sus vidas al pacifismo y a la denuncia del militarismo.

Desde 1945 existe el debate sobre si la bomba de Nagasaki estaba justificada o no: la guarnición militar era sólo el 3 por 100 de la población total; el complejo industrial Mitsubishi carecía de combustible desde hacía semanas. Un bloqueo naval que aislara al Japón sin necesidad de un desembarco aliado, ¿habría bastado para imponer la rendición al Japón, que ya estaba arrasado de arriba a abajo por los bombardeos convencionales? Todos los puertos y bahías del país habían sido minados por los aviones USA, no existía flota japonesa ni mercante ni militar, el mando japonés no tenía medios para repatriar a más de 35 divisiones aisladas en China, Manchuria y Sudeste asiático. El emperador Hiro Hito y el primer ministro Kantaro Suzuki ya habían iniciado contactos para la paz antes de la masacre de Hiroshima. La URSS también había declarado la guerra al Japón, la sombra del hambre aparecería en cuestión de días…

Se calcula que entre marzo y agosto de 1945 murieron no menos de un millón de civiles japoneses debido a los bombardeos incendiarios, los tres meses de campaña en Okinawa y las bombas atómicas. De ellos, un buen puñado fueron los mártires de Nagasaki ¿Hasta qué punto influyeron el racismo y los prejuicios en el lanzamiento de Fat Boy?

 

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