Mohamed Ziane-Khodja

BOUTEFLIKA Y SU NEFASTA POLÍTICA

 

Traducción de Victoria Debrigode y Reynaldo Pérez Só.

Este artículo estaba destinado a la prensa argelina, donde no se pudo publicar.

Apareció en la revista “El Vigía” (Islas Canarias), en mayo de 2001.

        Siempre se ha dicho que un pueblo sin memoria está condenado a revivir los errores del pasado. Ni siquiera vamos a añadir que los tres mil años de equívocos e titubeos –siempre dolorosos- no han bastado para construir una convivencia pacífica. Pero no es preciso. Pues si uno revisa las cuatro últimas décadas, enseguida constata una amarga realidad: no hay interés en llevar al país por el buen camino, ni indicios de que se esté dispuesto a ello. Al menos ésa es la impresión que se tiene cuando se observa la situación de parálisis, marasmo e indecisión que atravesamos en esta tormenta. Es evidente que todo el mundo percibe que la fractura es profunda, incluso muy grave y trágica. Es lo que ocurre en aquellos países donde los gobiernos autoproclamados carecen de perspectivas reales, adaptadas a sus pueblos. Allí donde lo único que se hace son acciones chapuceras y continuas moratorias, mientras que las cuestiones vitales acucian. Conclusión: es el politiquero ruin que no tiene como horizonte sino el abismo, en el que se ha conducido al pueblo. Sino, ¿cómo se explica que se haya llegado a esta situación? Es moverse en el terreno del absurdo constatar que en un país como Argelia, potencia de primera línea en hidrocarburos, con un volumen de negocios de 22 billones de dólares el año pasado, la gente o encuentra su salvación personal en el suicidio o se muere... de inanición. Y qué decir del retroceso de nuestro sistema educativo, sólido del régimen, destinado normalmente a formar a la juventud, que es eje fundamental en cualquier otra nación, y que tiene que ser capaz de superar serenamente cualquier reto por circunstancial que sea: en la actualidad se ha convertido más bien en caldo de cultivo de los descuartizadores de mujeres y niños. Digámoslo de una vez y bien alto: esta es la suerte de todos los argelinos, de generaciones enteras, prisioneros, excluidos. Y de forma irremediable.

            Ya hace un poco más de doce años desde los sangrientos tumultos de octubre de 1988, y pronto hará diez años del golpe de timón republicano de enero de 1992, en que toda la sociedad se debate como alma en pena. Datos constatados: más de 150.000 muertos, algunos elevan la cifra a 200.000; miles de desaparecidos; igual número de argelinos, principalmente niños supervivientes y testigos de las macabras acciones terroristas, traumatizados para siempre; éxodos rurales forzados de aldeas enteras que huyen de la furia de los “Fous de Dieu” (Locos de Dios); el entramado económico, cuando existe, desapareció a causa de los atentados, con sus implicaciones sabidas: paro forzoso o técnico, a corto o a largo plazo (cuando no es consecuencia de las directrices del FMI)... La lista es larga, interminable. También habría que añadir que los argelinos políticamente son vistos como menores de edad por sus gobernantes “autistas”; y que se les acuse de ser congénitamente incapaces, por muchos detractores extranjeros -¡se nos asedia por todas partes!-, quienes les reprenden, de mala manera además... Como si los argelinos no fueran merecedores de una democracia verdadera, hecha a la medida de su sacrificio.

         Sí, desde hace más de doce años, pues no se puede olvidar el octubre de 1988, mucha sangre ha corrido bajo los puentes de las indiferencias. Se podría creer que nuestro drama cotidiano es una preocupación menor de nuestros sucesivos gobiernos. ¡Es inaguantable! Mientras se continúa a merced de ser degollado en cualquier esquina, en el transcurso de una “falsa alcabala”, o en la casa de uno, sin más, muchos “han elegido” marcharse... Desolación en el alma. No basta con que los tiempos actuales sean favorables a la amnesia que absuelve o amnistía a los bárbaros; al silencio oficial, cercano al desprecio, en lo que concierne a las masacres de inocentes desarmados; a la caza de parejas, acción inquisitorial versión siglo XXI; a la crítica de cualquier objeción, de todo aquello que no complazca a Su Majestad el Presidente; al maltrato de las madres, esposas e hijos de desaparecidos, por haberse involucrado y hastiado de esperar indefinidamente, y sumidos en la incertidumbre; a la nostalgia política, causa del fortalecimiento de viejos fósiles de aquellos años grises, a las peticiones; a la Asamblea y a la coalición corrupta, conminadas a celebrar todo lo que se relaciona con Su Majestad; en una palabra, se ha abierto la caja de truenos: enmiendas del código penal para amordazar a la prensa privada... Es decir, la libertad de expresión. Porque es cierto que es el único vestigio de octubre de 1988, y que disiente con el panorama de los que son refractarios a cualquier cambio. Maticemos: no siempre se quiere renunciar a la escuela embrutecedora; al complejo político-lingüístico, paralelo a la uniformidad de una única televisión (!!!) desde hace cuarenta años; al código medieval de la familia... Todo ello en nombre de los sacrosantos principios nacionales. Y entonces se comprende que nos han vendido castillos en el aire, sacrificando a cientos de miles de los más valiosos argelinos que este país haya conocido. Que tragedia que en nuestro propio país se decida un destino así para treinta millones de ciudadanos. Como si se tratase de ovejas de Panurgo. Y mientras, en el exterior, en países que se respetan, se sucedan los gobiernos y permanece inamovible la libertad de expresión. En nuestro país es la libertad la que huye. Es una verdadera lástima  que no haya habido varios Richards Nixon*. La flor y nata del país, o lo que queda, ya en vías de extinción, una vez que desentraña las redes del poder depredador, emigra... para morir en cualquier rincón del planeta. Y la mala hierba avanza, se extiende. ¡Que ruina! Es una sangría de la que el país se resentirá durante generaciones.

         Es evidente que yo no puedo aprobar, ni comprender al señor Fattani** cuando habla de “su” honestidad intelectual, de “políticamente incorrecto”, e incluso “inaceptable”, la idea de que se juzguen los dos años en el poder del señor Bouteflika, o sea la más alta magistratura del país. Según su opinión, eso sería “una pelea de traperos” (sic) y todo un desorden. Por lo tanto sería necesario esperar aún tres interminables años, cuando se tiene más de cuarenta años esperando, sumergidos en lo que ya es cotidiano: la política de “cuanto peor, mejor”. Y, al mismo tiempo, se permite el lujo de alabar la “concordia civil”, de mentar el lobo al cordero. Y sin mencionar en ningún momento las habituales masacres de ciudadanos inocentes, cada vez más frecuentes. Pues son la antítesis de esa misma “concordia”. De acuerdo, que le vaya bien. Sin embargo, no está de más precisar: que se evalúe la salud política del país, tal como se hace en las sociedades más desarrolladas que la nuestra. Se realizan encuestas de opinión, análisis de todo tipo, estadísticas, cada cierto tiempo. Ahora bien, hablar de los dos años de presidencia del señor Bouteflika no es otra cosa que enfrentarse a la realidad. Cualquier otra actitud es huida a ciegas.

         A buen entendedor...

         15 de abril de 2001

        

* Me refiero al escándalo de Watergate (1972-1974) revelado por Washington Post, y que acabó con la dimisión de

Richard Nixon de su cargo de presidente de los Estados Unidos de América...

** Director de “L’EXPRESSION” ( diario pro-gobierno), cuyo artículo “Querelles des chiffonniers” apareció el 12 de abril de 2001, en el periódico argelino “Le Matin”.

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