El niño y el perrito cojo
Christopher Langley Kirke me reenvió esto
Un granjero tenía que vender unos perritos. Pintó un cartel anunciando los cuatro cachorros. Y lo clavó en un poste en la valla de su patio. Cuando estaba terminando, notó que alguien le tiraba de los pantalones. Miró abajo y se encontró los ojos de un niño pequeño.
"Señor", dijo, "quiero comprarle un perrito."
"Bueno", dijo el granjero, mientras se secaba el sudor del pescuezo, "estos cachorros son de perros de raza y cuestan una buena cantidad de dinero".
El niño bajó la cabeza un momento. Se metió la mano en el bolsillo, sacó un puñado de monedas y se lo enseñó al granjero".
"Tengo treinte y nueve centavos. ¿Es suficiente para echar un vistazo?"
"Claro", dijo el granjero. Y con eso dio un silbido.
"¡Aquí, Dolly!", llamó.
Dolly bajó corriendo la rampa de la perrera, seguida por cuatro bolitas de pelo.
"Quiero ése", dijo el niño, señalando al canijo.
El granjero se agachó junto al niño y le respondió, "Hijo, tú no quieres este cachorro. Nunca podrá correr y jugar contigo como los demás".
Con eso, el niño dio un paso atrás, se inclinó y empezó a subirse una pernera de los pantalones. Con eso dejó a la vista una armadura de acero que le bajaba por los dos lados de la pantorrilla hasta una bota ortopédica. Mirando al granjero, le dijo,
"Ya ve usted, señor, que yo tampoco puedo correr muy bien, y él necesitará alguien que lo entienda".
Con lágrimas en los ojos, el granjero cogió el perrito con cuidado y se lo dio al niño.
"¿Cuánto vale?". preguntó el niño.
"Nada", respondió el granjero, "el amor no tiene precio".
El mundo está lleno de gente que necesita alguien que los entienda.