Juan Manuel Grijalvo -

Esbozo de programa de
la asignatura de zoología fantástica de
la Facultad de Ciencias Inútiles

 

Comencemos por una definición de la materia. La zoología fantástica es el estudio de los animales imaginarios. ¿Es preciso demostrar su inutilidad? Si alguien lo pide, estoy dispuesto a hacerlo. Bueno, para eso ya estará la cátedra de Anonetología...

Tiene "fronteras comunes" con algunas ciencias útiles. Es fácil deslindarla de la paleontología, que es indudablemente "seria", aunque una fracción no despreciable de sus trabajos sea casi zoología fantástica. Es lo menos que se puede decir de una ciencia que "reconstruye" animales completos a partir de fósiles casi siempre fragmentarios. Pero se basa en objetos materiales. Un cuerno de unicornio no le sirve para maldita la cosa a un zoólogo fantástico: si "existe", ya no es imaginario.

Cabe apostillar que, para el "gran público", el cien por ciento de la paleontología es fantasía: las nociones vulgares sobre el tema no tienen ningún contenido objetivo ni científico. Son "antediluvianas". La prueba más reciente es "Jurassic Park", que es sólo un episodio más de "dinomanía", fenómeno del mismo jaez que la "ufomanía", la "cometamanía" o la "spicemanía".

Otra ciencia "vecina" es la criptozoología. Su utilidad es discutible, aunque eso habría que preguntárselo a los hoteleros del Loch Ness. Difiere radicalmente de la zoología fantástica, porque sus enfoques tienen raíces "realistas". Estudia unos animales que quizá existan, pero se mantienen ocultos a la ciencia "convencional". Sus máximas "estrellas" son los antropoides como el yeti, que quizá sea otra especie del género "Homo". Pero también se interesan por todos los seres con aspecto de dinosaurio, por las serpientes gigantes, por todos los animales supuestamente extinguidos, etcétera. Los criptozoólogos se han apuntado bastantes éxitos cazando bichos raros cuya existencia negaban los científicos "oficiales". Y es que dichas bestezuelas eran demasiado astutas para caer en los burdos lazos de según qué aprendiz de trampero. En general, los animalitos muestran una deplorable falta de ganas de dejarse disecar por los naturalistas. E.g., los calamares gigantes tienen los ojos más grandes de toda la fauna del planeta; es improbable que corran al encuentro de un batiscafo, que es como una falla valenciana en inmersión, sólo por salir retratados en "National Geographic". En fin, lo más prudente será no rechazar nada "a priori". Es seguro que hay muchas especies desconocidas en los mares de este planeta llamado "Tierra"; quizá "Agua" sería un nombre más adecuado.

Volviendo a la zoología fantástica, su materia es inmaterial por definición. Es la tradición oral y escrita; el mundo de las leyendas, tan inmensamente rico en todo el mundo, como nos ha demostrado el amigo Fernando Martínez. Y Cataluña, sin ir más lejos, está familiarizada con los dragones desde siempre.

Hay algunos autores modernos, pero dignos de estudio. Aunque sus obras quizá carezcan de la fuerza mítica que sólo dan los siglos, no hay por qué privarse de su lectura. Por no citar más que los pocos que han llegado a mi conocimiento, han incluido animales fantásticos en sus obras Albanell, Benni, Carroll, Eddison, Ende o Tolkien, que bien merece un párrafo aparte.

A pesar de, o quizá por haber vivido en el desgraciado siglo XX, Tolkien es una de las máximas autoridades en la materia de todos los tiempos. Su subcreación mítica es de primer orden, y sus animales imaginarios son tan terribles como los que más. Por no citar más que unos pocos, ahí están Smaug, Shelob, Glaurung, Carcharoth, Huan, Thorondor o Chrysophilax Dives. De la obra de Tolkien se puede sacar un bestiario; la prueba es que ya se ha hecho.

Bastantes libros modernos se enmarcan en eso que se ha dado en etiquetar como "ciencia ficción". Para mí, la literatura se divide en buena y mala. En este "género" hay obras excelentes y obras pésimas, como en todos los demás. No es cosa de no leer ninguna porque sean "libros de evasión". Generalmente, la "ciencia" es sólo un recurso para hacer un poco de antropofuguismo y presentarnos otra Humanidad de "ficción", en un planeta muy lejano, en una época muy futura... El caso es que suelen tener unos problemas sospechosamente parecidos a los nuestros. Es que si no, no los entenderíamos y no nos interesarían.

Algunos ejemplos: Frank Herbert, Stanislaw Lem, Cordwainer Smith, Olaf Stapledon, H. G. Wells. Y no puedo dejar de citar aquí un par de relatos. Uno es "Sandkings", de George R. R. Martin.

Sandkings

Hay traducción castellana como "Los reyes de la arena" en "Canciones que cantan los muertos", Martínez Roca, ISBN 84-270-1008-7. Y el otro es "Beyond Lies the Wub", de Philip K. Dick. Yo lo tengo en "Constellations", una antología publicada por Penguin con el ISBN 0 14 00.6734 5. No sé si hay traducción castellana. Ambos tienen una característica que aprecio mucho, a saber, están laboriosamente amañados para que el lector no vea de qué iba la broma hasta las últimas frases. Como en aquel relato de García Márquez, "Blacamán el bueno, vendedor de milagros". Tiene un final como un trallazo, y son dos palabras.

Y también hay que beber de las fuentes secundarias: las obras de los muchos estudiosos que nos han precedido. Los bestiarios antiguos y medievales, las gárgolas de las iglesias, y la insistencia de los periódicos en publicar noticias sobre "serpientes de verano" dan testimonio del interés que despierta la materia desde que el mundo es mundo.

A mí me ha sido muy útil el "Manual de zoología fantástica" de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, publicado por el F.C.E., ISBN 968-16-0404-0. Otros recopiladores son Cunqueiro, Claudio Eliano, cuya "Historia de los animales" recomiendan Albaigès y Borges, y Roger Lancelyn Green.

Las fábulas tocan de cerca nuestro campo de estudio. Muchas veces las protagonizan animales parlantes, pero casi nunca fantásticos. Es fácil distinguirlas como género literario, porque tienen unos caracteres de fondo y forma muy marcados, desde sus orígenes antiquísimos hasta la "Animal Farm" de Orwell.

En épocas modernas, varios autores se han ocupado de la zoología fantástica desde el punto de vista de la Psicología, que es (probablemente) una ciencia útil. Aquí cabe mencionar las aportaciones de Fromm, Jung y Steiner: el inconsciente colectivo, los arquetipos, etcétera.

Otros autores han tratado la temática en el marco del simbolismo tradicional de raíz más o menos esotérica: Cirlot, Dumezil, Eliade, Guenon, Wirth, entre otros. Hay muchas oscuras menciones de animales fantásticos en las obras de los alquimistas.

Y podemos concretar algo más el campo de investigación poniendo algunos ejemplos de bestias fantásticas. La condición a cumplir es, obviamente, que han de ser animales, aunque piensen y hablen. Esto excluye todo tipo de seres sobrenaturales, incluso si se materializan con aspecto de macho cabrío.

Hay varios textos en forma de catálogo más o menos sistemático. A mí me gusta mucho el "Manual" de Borges citado más arriba.

Valgan, pues, como ejemplos el Ave Fénix, el Basilisco, el Dragón, el Grifo, la Hidra, el Hipogrifo, el Kraken, el Leviatán, el Mantícora, la Quimera, la Serpiente de Mar, la Serpiente Ouroboros, la Tarasca y, "last but not least", el Unicornio.

Por el contrario, entiendo que no son competencia de la zoología fantástica los seres humanoides, aunque no hablen ni piensen. Como dice Borges, "deliberadamente, excluimos ... las leyendas sobre transformaciones del ser humano". Así, no trataremos de Androides, Berserkers, Cíclopes, Cocos, Duendes, Elfos, Enanos, Extraterrestres, Gigantes, Gnomos, Hadas, Incubos, Licántropos, Momias, Monstruos del Dr. Frankenstein, Ogros, Sacamantecas, Súcubos, Trolls de una o más cabezas, Vampiros, Zombis...

Tolkien también trata este tipo de seres con grandísima competencia. Por cierto, la "fandom" de la Tierra Media lleva décadas debatiendo si los Orcos tienen alma. Si no, habría que encuadrarlos en la zoología fantástica.

Por supuesto, abundan los casos dudosos: seres con cuerpo humano y cabeza de animal o viceversa, como centauros, esfinges, minotauros, sátiros y varios dioses egipcios. Una de las asignaturas de esta cátedra será un debate, cuanto más bizantino mejor, sobre su correcta ubicación clasificatoria.

Las obras de Lovecraft y sus continuadores describen una amplia variedad de entidades que van de lo monstruoso a lo sobrenatural. Yo diría que sólo unos pocos se podrían calificar como animales, fantásticos o no. En muchos casos, no hay suficiente información en el texto como para determinar de qué o de quién se trata: es parte de su técnica para "ambientar" las historias. Los animales imaginarios no son sobrenaturales. Comen, vuelan, defecan y mueren siguiendo unas leyes físicas y químicas que sólo incumplen cuando no hay más remedio.

Swift también propone diversos seres dignos de mención, especialmente en su "Viaje al pais de los Houyhnhms". Le es de plena aplicación lo que le dijo el rey Genialón al constructor Trurl: "Sigue ocultando al mundo las verdades demasiado crueles para él, y dándoles, para disimular, el aspecto de unos cuentos..." (Stanislaw Lem, "Ciberíada", Ed. Bruguera, Col. Nova, pág. 246).

Recapitulando: la zoología fantástica es el estudio de los animales imaginarios. Pero como dice Tolkien, 'Do we walk in legends or on the green earth in the daylight?' 'A man may do both,' said Aragorn. 'For not we but those who come after will make the legends of our time. The green earth, say you? That is a mighty matter of legend, though you tread it under the light of day!'

'¿Caminamos por las leyendas o sobre la tierra verde a la luz del día?' 'Un hombre puede hacer ambas cosas', dijo Aragorn. 'No seremos nosotros, sino los que vengan después, los que hagan las leyendas de nuestro tiempo. ¿La tierra verde, decís? Esta es una gran materia de leyenda, aunque la holléis bajo la luz del día'.

Con ese espíritu hay que viajar a la Tierra Media y a los mundos de la fantasía, donde moran los Dragones.

juan_manuel@grijalvo.com

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