JOTA - José Manuel Romero - EUROSIS OBSESIVA

 

¿Han comprado ustedes alguna vez una caja de veinticuatro latas de fabada "Litoral"? ¿O comprado diez cartones de tabaco? (los fumadores). ¿O llenado varias garrafas de combustible para su automóvil? Seguro que no: ustedes compran un par de latitas, un cartón (los fumadores) o llenan el depósito.

Es tradición que en este país de analfabetos compulsivos - entendámonos, hay analfabetos vocacionales - nos dediquemos a llenar las bañeras y todo recipiente que tengamos a mano cuando nos dicen que habrá restricciones en el abastecimiento de agua. O que hagamos largas colas en las gasolineras si van a subir el carburante un duro (perdón, 0,03 Euros) al día siguiente. A NADIE se le ocurre entonces decir que ha habido "entusiasmo" o "gran acogida" por el agua, la gasolina o, ya puestos, la fabada. Imaginen los titulares:

Colapso en los supermercados, grandes superficies y minoristas de alimentación ante la avalancha de enardecidos consumidores de fabada "Litoral"

Algo así está pasando con nuestro viejo y entrañable Euro. Viejo, porque llevamos más de tres años con él aunque haya entrado por la puerta hace pocos días; y entrañable porque algo tendrá que no podemos vivir sin él desde que apareció: todos lo queremos en casa y mucho, mucho tiempo. No se puede explicar de otro modo el ansia y el afán irracionales de acumularlo, ¡como si se fueran a acabar! Eso sí, con entusiasmo.

¡Y un cuerno! Ese "entusiasmo" es el mismo que provoca que el consumo de agua aumente con las restricciones o que gastemos medio depósito para, luego, llenarlo otra vez... y ahorrarnos cuarenta duros (perdón, 1,20 Euros).

En cualquier caso, nuestro viejo y entrañable Euro es como el familiar que viene de visita: a los pocos días ya estamos hartos de él. No le entendemos, porque nos obliga a pensar distinto a como estamos acostumbrados. Es sucio (¿han visto cómo se ennegrecen las piezas de 1, 2 y 5 cents?). Y, a mí al menos, no me gusta cómo habla. Les sugiero un pequeño experimento: tomen en una mano un puñado de monedas surtidas de Euro. En la otra, si no han ido ya a toda prisa a cambiarlas como si les fuese la vida en ello, un puñado de monedas de peseta. Agiten las pesetas. ¿Cómo suenan? "Como siempre", dirán; "cling, cling", sonoras, alegres, tintineantes. Agiten la otra mano. ¿Y ahora? "Crong, crong", como guijarros del río.

Supongo que empiezan a notarlo. Son tristes, les falta alegría. No suenan con esa musiquilla que alegra los oídos. Son sobrios, serios, austeros: ¡enhorabuena!, empezamos a ser Europeos. Y nos ha faltado tiempo para ir a buscarlos...

 

Génova (Palma de Mallorca), 15 de enero de 2002

 

JOTA (José Manuel Romero - Palma de Mallorca) email: j-o-t-a@ono.com

 

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