Juan Manuel Grijalvo - Marcianos de videojuego

 

 

2004

 

Hace tiempo que no hablábamos usted y yo de la guerra de Irak. Seguramente, no ha dejado de importarnos. Pero ya sabe usted que prefiero centrarme en los problemas de la movilidad en y entre Eivissa y Formentera, porque me parece que mis limitadas energías resultan más útiles si las invierto en las materias que nos son más próximas.

Ahora se ha desatado un escándalo más bien farisaico a cuenta de unas imágenes de la muerte de unos iraquíes, tal vez armados, tomadas al parecer con una cámara de infrarrojos desde un helicóptero. Es como si la "opinión publicada" hubiera descubierto por primera vez que los muertos de la guerra son personas, en vez de una especie de marcianos de videojuego con la sangre verde. Durante la primera fase del "conflicto" nos decían que "una división de la Guardia Republicana ha sido destruida". Eso equivalía a una cifra espantosa de muertos, heridos y mutilados. Los efectos de una ráfaga de balas de 30 milímetros sobre un ser humano son literalmente indescriptibles.

Uno de mis cuentos favoritos se titula "Beyond Lies the Wub". Es de Philip K. Dick, el autor de "Do Androids Dream of Electric Sheep?", el libro que dio origen al guión de "Blade Runner". Son dos obras de bastante calado filosófico. En la historia del Wub, uno de los personajes desafía a otro y le pregunta si es capaz de matarlo mientras lo mira a los ojos. En las guerras de hoy, el artillero de un helicóptero no ve directamente el blanco: se limita a centrarlo en una pantalla en la que aparece una imagen captada por una cámara de infrarrojos. La ametralladora automática hará el resto.

Un iraquí es un ser humano que sufre y que tiene miedo y sed. Tiene madre, padre y probablemente hijos. Una muerte en su familia le aflige tanto como a usted o a mí. Hace falta todo un sistema de manipulación mental para convertirlo en una cosa, lo que vuelve pensable el acto de achicharrarlo con bombas de napalm desde un avión. Y si no hay más remedio, se hace a pie, con un lanzallamas. Estamos ante una nueva edición de un debate moral muy antiguo: ¿el fin justifica los medios?

La guerra no es una película, ni una serie de televisión. No es un juego de ordenador, ni una partida de ajedrez. Tampoco es un evento deportivo. Por todo eso, me extraña mucho que alguien se sorprenda ahora por unas informaciones sobre heridos rematados en el suelo, o unos "simples" malos tratos en alguna cárcel. No me vale como excusa el hecho (perfectamente demostrable) de que las peores sevicias que puedan haber infligido los americanos en Afganistán, en Guantánamo o en Irak, son como las "novatadas" de la "mili" al lado de la práctica cotidiana de las comisarías de Sadam Husein.

 

 

Otro de mis libros favoritos es "Stalky and Co.", de Rudyard Kipling. Uno de los capítulos, "The Moral Reformers" trata de las consecuencias prácticas de ciertos métodos educativos... en el contexto de un internado inglés, hacia 1880. Los castigos corporales eran una parte más de las medidas disciplinarias. Sin embargo, los alumnos... bueno, léalo usted mismo. El original está disponible en Internet. Hay una traducción castellana de Antonio Ribera Jordà, que transmite bastante bien los conceptos del autor. Se supone que los "occidentales" venimos a ser los "Moral Reformers" de Kipling. Por eso no podemos permitirnos el más mínimo desliz en materia de derechos humanos. Será amplificado un millón de veces por los medios de comunicación. Y ya sabe usted que ahora las guerras se ganan y se pierden cada vez más en Internet, en la CNN y en Al Jazira. Según los ideólogos del PP, sus resultados electorales no tuvieron relación alguna con el juicio moral de la ciudadanía respecto a la guerra. Todo fue cosa de cuatro resentidos que se pasaban mensajes con el móvil, y de algún periódico. Bueno, ya veremos qué pasa cuando Mr. Bush se presente a la reelección. Y es que los cambios mentales que convierten a un sano muchachito de Kentucky en un "marine" pueden ser reversibles o no. Reintegrar a la vida civil a los veteranos de guerra resulta ser una tarea bastante ardua. ¿Usted sabe si los móviles de Estados Unidos sirven para mandar SMS?

Y seguimos sin querer ver las implicaciones de nuestro estúpido modelo de movilidad en estas guerras. La causa última del conflicto no es que a nadie le importe un rábano que en Irak haya una dictadura o no. Es el esfuerzo por seguir controlando el comercio de petróleo, y los flujos financieros que conlleva. Detalles tan morales como el porcentaje de las ventas de crudo que Irak formaliza en dólares o en euros influyen sensiblemente en las posturas de los Estados Unidos y la Unión Europea.

Aquí y ahora, nuestras autoridades están apostando muy fuerte por un modelo de movilidad que consiste en más de lo mismo. Se basa en mantener por tiempo indefinido el suministro de petróleo barato. Los precios se fijan en un mercado libre. Bueno, tan libre como lo puede ser cuando los propietarios de los pozos negocian en el suelo y los compradores, desde helicópteros artillados.

Ahora, alguien tan poco sospechoso de estar en connivencia con la "plataforma anti-autopista" como don Rodrigo Rato ha manifestado públicamente que la subida de los precios del petróleo puede dar al traste con las previsiones de crecimiento económico en Europa para una buena temporada. Tal vez sería hora de que alguien se planteara cambiar el modelo de movilidad de aquí. El futuro bien puede ser de un sistema de transporte guiado y eléctrico. El aumento de precio de los combustibles fósiles puede hacer viable la captación de energía solar en cantidades industriales. La electricidad se transporta con cables; qué más lógico que usarlos también como vía para los vehículos. Si además vivimos en dos islas y la mejor manera de comunicarlas es un puente compuesto sólo de cables, resolvemos nuestra demanda de movilidad sin comprar ni quemar combustibles fósiles. Dejamos de contaminar la atmósfera con el triple de lo que nos toca según unos protocolos de Kioto que sólo sirven para administrar la catástrofe.

 

 

Y tampoco tendremos un interés inmediato y directo en que "nuestros" aliados sigan rematando heridos con balas de 30 milímetros, cosa que no fomenta la cooperación internacional... ¿Usted ha disparado alguna vez un arma de fuego? Yo sí. La munición era del 7,62.

juan_manuel@grijalvo.com

Kipling - Stalky and Co.

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