Juan Manuel Grijalvo - Los helicópteros de Saigón

 

(Ultima Hora, FDS, 22 de noviembre de 2002)

 

Tal vez se acuerde usted de los últimos días de la guerra de Vietnam, y tal vez no. A medida que se retiraban los americanos, el ejército regular del Norte se hacía cargo de las cosas. Como es natural, aquello no convino a todo el mundo. Los ciudadanos que habían pertenecido a los, digamos, aparatos represivos del Estado en el Sur procuraban salir del país... por lo que pudiera ser. Tal vez recuerde usted alguna fotografía de aquella gente, intentando subir a los helicópteros americanos...

 

Esta foto tiene copyright. No sé el nombre del fotógrafo. Yo no cobro por esto. Creo que vale la pena que usted la vea. Técnicamente, la he robado. Si sabe usted quién la hizo, dígamelo para citarlo en esta página... Se lo merece.

 

La situación del mundo, ahora mismo, me recuerda un poco lo que fue aquel momento histórico. Algunas personas están en lugares donde, por la razón que sea, no se encuentran a gusto. Son situaciones muy, muy variadas. Hay quien tiene algo de dinero en su país, y hace el viaje porque cree que ganará más en otro sitio. Y quien tiene que irse para que no lo maten. Y también hay países enteros que se han ido al cuerno, porque los Estados que los gobernaban, mal o peor, han dejado de funcionar del todo.

Por todo ello hay personas que intentan salir de su país, cruzando fronteras, ríos, estrechos, mares o lo que haga falta. Generalmente desean ir a eso que se ha dado en llamar "primer mundo", vaya usted a saber por qué.

 

Un bote salvavidas del "Titanic"

 

Aquellos helicópteros eran como los botes de salvamento del "Titanic": tenían una capacidad finita. Podemos discutir toda la vida sobre cuánta gente cabe en la vieja Europa. Mientras tanto, ya nos dice Francisco Rubio Llorente que "contra los hechos opacos de este mundo poco o nada valen las ideas brillantes y la vigorosa expresión": van a seguir viniendo.

La solución obvia es una especie de "plan Marshall" para enderezar económicamente esos países. Especialmente, las zonas rurales. Eso es más fácil de decir que de hacer. Las estructuras políticas que causan y mantienen la situación siguen funcionando. Enviar fondos sin controlar su destino sólo sirve para enriquecer - aún más - a los poderosos. Condonar la deuda de los países pobres es ignorar que están regidos por dictadores corruptos que gastaron ese dinero en comprarse camas de oro.

Si no hemos sido capaces de contener el éxodo de la población rural europea, no veo cómo vamos a conseguir que millones de personas que tienen acceso a más información cada semana que sus abuelos en un año - o en toda su vida - se queden quietos en su parcelita, como siervos de la gleba. Mientras tanto, los que hemos tenido la suerte de nacer por aquí vivimos cómodamente... quemando el gas natural de Argelia y el petróleo de Guinea Ecuatorial, del Ecuador o de Argentina. Y usando la mano de obra barata que nos proporciona la inmigración ilegal, mientras los helicópteros de Saigón siguen volando...

juan_manuel@grijalvo.com

 

Ultimo día en Vietnam

 

Post Scriptum:

Tal vez usted que me conoce y me lee porque me quiere piense que este artículo está inspirado por su propia historia, en la medida en que usted me la ha contado. La respuesta es, como todas las mías, sí y no. En la medida en que sea la suya propia, sí. En realidad, resume lo poco que sé de centenares de historias de seres humanos.

Es posible que le apetezca comentar este artículo. No acostumbro a publicar sin más los mensajes que me llegan. En la medida en que el remitente desea compartirlos, suelo incorporar su contenido en otros artículos. En este caso estoy dispuesto a hacer excepciones, a tratar individualmente.

 

Comentarios (ya hay uno...)

 

((Pendiente: ilustración de Pep Tur))

 

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