Juan Manuel Grijalvo - "Star Wars", la saga continúa

 

En su momento robé esta ilustración, y no apunté de dónde...

 

Ultima Hora, FDS, 2001

 

Si ha leído usted alguna de mis reseñas de libros y películas de ciencia-ficción, tal vez crea que sólo me gusta el segmento más, digamos, "cabezahuevo", cuyo buque insignia es - obviamente - "2001", y que no soy capaz de ir a ver "Star Wars". Pues no debe ser el caso, porque en cierta ocasión entré en un cine de sesión continua a ver dos veces seguidas "El retorno del Jedi", hasta que repitieron la secuencia de las motos que vuelan a través del bosque de Endor.

En casa tenemos las cuatro películas en video. Y es que si no le gusta a usted la carrera de vainas de "La amenaza fantasma", con su claro "homenaje" a las cuádrigas de Ben-Hur, es que no le gusta el cine. Que es arte si produce emociones en el espectador. A poder ser, fuertes.

"Star Wars" es un buen producto "made in Hollywood". Esto implica ciertas virtudes, que son inseparables de ciertos defectos. Por cierto, ¿quién habrá traducido "star" por "galaxias"? Como no es la adaptación de un libro, el "mensaje" es más simple. Se compone de vagas alusiones a un mundo esotérico. Las enseñanzas de Yoda se quedan en lo que se puede decir en el ratito que está con Luke para entrenarlo: conócete a ti mismo, no te fíes de tu razón, sigue tus instintos, deja fluir la Fuerza. Todo tiene un cierto aire oriental. Pero no importa profundizar mucho porque todo eso es materia reservada a los Caballeros Jedi.

Sin negar lo que se ha dicho sobre la "deuda" de Lucas con Tolkien, yo encuentro en "Star Wars" bastantes más "ecos" de "Dune". En realidad, no es que los autores se "inspiren" unos en otros, sino que todos beben de unas fuentes comunes. Son los mitos iniciáticos, la recurrente historia del rey perdido, etcétera. Una historia nos interesa si nos dice algo a nosotros, y eso pasa generalmente cuando el espectador se identifica con un personaje y "vive" la aventura más o menos metido en su piel y andando con sus zapatos durante todo el trayecto. Por eso una novela o una película han de repartir muchos papeles, para que los lectores encuentren "el suyo". Es una de las razones del éxito de "El Señor de los Anillos": hay muchos para escoger.

"Star Wars" tiene unos objetivos más limitados. El efecto depende mucho... de a qué edad la vio usted por primera vez. Cuanto más joven, más le impresionó. Para muchas personas fue el primer contacto con el mundo de la fantasía y la ciencia-ficción. Los que quisieron seguir por esos caminos descubrieron otros mitos, otras guerras y otros héroes. Pero cuando vuelven la vista atrás, recuerdan con cariño aquellas películas con efectos especiales laboriosamente amañados moviendo maquetas sobre un fondo negro... Qué diferencia con las animaciones por ordenador.

Uno de los efectos imprevistos del progreso técnico es que nos va costar mucho explicar a nuestros nietos por qué en la primera entrega los malos mandan un inmenso ejército de androides de guerra a zurrarse la badana con los buenos, y en la cuarta tienen que ir ellos mismos, enfundados en armaduras de plástico, a jugarse el físico en batallas de pronóstico incierto. Vaya usted pensando en algo creíble...

Ya sabe usted que estoy esperando con impaciencia el estreno de "El Señor de los Anillos". Si Eru me mantiene la salud y la vida, hablaremos de eso en cuanto la vea. Pero también espero la próxima entrega de "Star Wars". Y también he visto "Harry Potter", con el maravilloso viaje en tren estupendamente fotografiado. Si usted quiere, ya le diré qué me parece todo ello... cuando lea el libro, naturalmente.

 

Estoy en juan_manuel@grijalvo.com

 

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