(Ultima Hora, FDS, 13 de diciembre de 2002)
Ya sabe usted que muchas veces las "adaptaciones" al cine guardan
poca semejanza con las obras literarias de las que proceden. En algunos
casos, el guión las sigue con gran exactitud. En otros, la coincidencia
se limita al título. En "Alguien voló sobre el nido
del cuco" (One Flew Over the Cuckoo's Nest), la divergencia entre
la novela y la película alcanza niveles propios de un manicomio.
Muy oportunamente, porque la acción se produce en una de tales
instituciones.
El presente texto presupone que ha visto usted la película de Milos
Forman y recuerda las líneas generales del argumento. El protagonista
es Jack Nicholson. Se pasa dos horas haciendo de Jack Nicholson. Llega
al manicomio y se encuentra con un indio que no habla, interpretado por
Will Sampson. Pone en jaque al aparato de poder y hace su santa voluntad,
mientras el público, usted y yo le reímos las gracias.
El libro de Ken Kesey es, bueno, es otra cosa. De entrada, está
contado desde el punto de vista... del indio. Que, efectivamente, no habla.
Le llaman Chief Bromden. El Jack Nicholson del libro se llama McMurphy
y se hace cargo de él. El nudo de la historia es la curación
del indio.
McMurphy se enfrenta con el aparato de poder. Cualquier parecido con lo
que ocurre en la película es pura coincidencia. El resultado del
combate entre el individuo y la institución está decidido
de antemano. McMurphy ha estado antes en diversos centros penitenciarios.
La gran diferencia entre una prisión y un manicomio es que se entra
en la cárcel hasta una fecha fija: las condenas se cumplen en un
plazo determinado. En cambio, los locos siguen encerrados hasta que los
custodios de la institución decidan que están cuerdos...
cosa que puede no ocurrir nunca.
McMurphy lo sabe perfectamente. A pesar de ello, decide luchar. El personaje
del libro es unas doscientas o trescientas veces más heroico que
Jack Nicholson. Porque no se enfrenta con una actriz, sino con un grupo
compacto de enemigos armados con drogas, electroshocks y, como último
y definitivo recurso, la lobotomía.
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