Juan Manuel Grijalvo - Director de orquesta

 

(Ultima Hora, FDS, 31 de enero de 2003)

Cuando se habla de trabajos agradables y bien remunerados, es frecuente que se cite en primer lugar el del director de orquesta. La imagen que se suele tener del cargo es que se trata de un señor que cobra una fortuna por mover los brazos al compás de la música cuando hay un concierto. Esto simplifica considerablemente la realidad, como veremos a continuación...

Hay un chiste del genial Sempé en que un director de orquesta se dirige a los profesores en los siguientes términos:

"Ludwig van Beethoven escribió esta sinfonía en un momento de profundo desánimo. Esta obra contiene movimientos de una lucidez cercana al desasosiego, pero también movimientos de esperanza y de orgullo. Orgullo propio de la naturaleza humana, que es esencial comunicar, como les he explicado frecuentemente en nuestros numerosos ensayos. Ayer por la noche, en un movimiento de esperanza, escuché las cintas de nuestros ensayos. Tuve un momento de lucidez cercano al desasosiego. Después, en un movimiento de orgullo, escribí, cediendo a un momento de profundo desánimo, mi carta de dimisión".

Ahora ya empezamos a percibir mejor las complejidades de este quehacer... El director de orquesta es como el entrenador de un equipo de fútbol. Es el que toca el instrumento más difícil: la orquesta entera. Tiene que hacer que suene como un conjunto y no como un saco lleno de gatos, perros y gallinas.

Eso no es fácil. El verdadero sonido de la orquesta se obtiene cuando todos tienen bien aprendida la obra, el conjunto suena como un solo instrumento y los solistas, como si estuvieran improvisando. Lo más divertido es cuando interpretan en público "variaciones" sobre un tema. La cosa suele ser que tocan una partitura reescrita nota por nota por el director y repetida las veces que ha hecho falta hasta que sale "natural". El director ha sustituido el látigo que usa habitualmente en los ensayos por una batuta. Y usted se va con la sensación de que el trompetista ha tocado con la misma libertad que en una sesión de jazz, y de haber asistido a una creación espontánea. Nada más lejos de la realidad. Todo está laboriosamente dispuesto por el director.

Dicho esto, se entiende por qué hay tan pocos, por qué están bien pagados y por qué los entendidos discuten con tanta vehemencia los méritos respectivos de uno u otro. La orquesta lleva la impronta de su director, como un equipo de fútbol está marcado por su entrenador. Por eso no consigo entender que la Orquestra Simfònica d'Eivissa tenga cuatro. Quizá usted pueda explicármelo.

Otro día, si usted quiere, podemos seguir hablando de músicos y de la infraestructura que precisamos para que la música en Eivissa esté en el lugar que le corresponde. A ver si alguien nos hace caso...

juan_manuel@grijalvo.com

 

Ilustración de Pep Tur

 

Música clásica en Eivissa...