Juan Manuel Grijalvo - Caballos y...

 

 

 

Ultima Hora,  FDS,  17 de mayo de 2002

 

Estamos en una época de cambios.

He leído en un periódico que cierta sociedad anónima bancaria abrió su memoria anual con una cita de Karl Popper. Es como sigue: "¿Cómo es posible el cambio: es decir, cómo es lógicamente posible? ¿Cómo puede cambiar una cosa sin perder su identidad? Si permanece la misma, no cambia; sin embargo, si pierde su identidad, entonces ya no es aquella cosa que ha cambiado".

Como uno a veces también se siente un poco filósofo, intentaré contestar estas preguntas. No es la primera vez que las personas jurídicas tienen crisis de identidad, como los clientes de los psicoanalistas. Resulta contradictorio, porque sociedad anónima viene de sociedad sin nombre, si no tiene nombre no tiene alma, y por eso se hace tan difícil ver de qué identidad estamos hablando. Y el caso es que existe.

El primer paso para plantear el problema sería definir el término "identidad". Si lo asimilamos a la esencia o substancia metafísica de la cosa, vemos que sus cualidades accesorias, los accidentes, pueden cambiar sin que pierda la identidad. Un caballo blanco sigue siendo un caballo aunque lo tiñamos de negro. Un burro blanco sigue siendo un burro aunque lo tiñamos del color que sea. Una entidad sigue siendo la misma aunque le hayan cambiado el nombre, y tal vez lo siga siendo cuando se lo vuelvan a cambiar. El nombre de la cosa también es un accidente.

Así, ¿cómo cambia la esencia de una cosa, de forma que se pierde su identidad anterior, y la cosa deviene otra? Si las esencias son inmutables, un caballo no se puede convertir en un burro, ni viceversa. ¿Qué diferencia substancial hay entre las dos especies? No mucha. La prueba es que pueden, digamos, mezclarse, y de ahí vienen los mulos; y los burdéganos, que son los hijos de caballo y burra. Pero algo se pierde en el camino, porque casi siempre resultan ser estériles.

Así, puede ser que las diferencias entre especies no sean de esencia, sino una suma de diferencias accidentales. Según los hegelianos, la acumulación de diferencias cuantitativas lleva a un salto cualitativo, a un cambio en la esencia de la cosa. Volviendo al ejemplo de los cuadrúpedos, todo el mundo sabe que un camello es un caballo diseñado por un comité. A pesar de esta identidad esencial, no pueden, digamos, mezclarse unos y otros. Probablemente tienen un antepasado común, allá lejos en el árbol evolutivo. Pero ahora son especies diferentes. Una suma de cambios accidentales da como resultado un cambio esencial. Los caballos se convierten en burros o en camellos y eso se produce mediante mutaciones individualmente imperceptibles, en un proceso lento, cuyos efectos sólo se hacen aparentes a largo plazo.

 

 

En el caso de las entidades, que existen sobre todo como una idea en los intelectos de los individuos que las componen, estos cambios afectan a los términos en que se expresa dicha idea. Manipulando el lenguaje se puede modificar su significado hasta vaciarlos de sentido. El siguiente paso es cambiarlos por otros. Finalmente, los nuevos términos se redefinen, en función de los intereses de los que han puesto en marcha el proceso.

Esto está pasando delante de nuestras narices, pero estamos tan ocupados resolviendo los pequeños asuntos que nos absorben cada día que el bosque no nos deja ver los árboles. La subversión de los términos lleva a la de los conceptos, y ésta a la de los valores.

Cerraré esta glosa a Popper y Cía. con unas citas sobre el cambio que he encontrado por ahí.

"Señor, danos gracia para aceptar con serenidad las cosas que no se pueden cambiar, valor para cambiar las cosas que se deberían cambiar, y la sabiduría para distinguir las unas de las otras" (Reinhold Niebuhr)

Una variante...

"Señor, dame el valor para cambiar lo que puedo cambiar, la sabiduría para aceptar lo que no puedo cambiar, y la artillería pesada para compensar la diferencia" (Patrick L. Humphrey)

"El problema imposible se resuelve cuando vemos que sólo es una decisión difícil esperando que la tomemos" (Robert Schuller)

juan_manuel@grijalvo.com

 

P.S.- Watterson nos da otra visión de la cosa...

Calvin y Hobbes

C.- ¿Sabes lo que me gustaría?
H.- ¿
Qué?
C.-
Tener fuerza para cambiar lo que pueda, resignación para aceptar lo que no pueda cambiar e incapacidad para ver la diferencia.
H.- Tu vida va a ser muy interesante.
C.- Oh, ¡ya lo es!

 

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