Juan Manuel Grijalvo - 8 d'agost de 1235

 

(Ultima Hora, 21 de octubre de 2002)


En 1235, las fuerzas catalanas conquistaron Eivissa. Naturalmente, impusieron una administración nueva, pero mantuvieron los "quartons". Quizá fuese porque no trajeron grandes novedades en cuanto a transporte y comunicaciones. Las distancias se medían en horas de camino, a pie y a caballo. El territorio se controlaba desde iglesias fortificadas. Las construían en puntos elevados, como Dalt Vila. Ello tenía ventajas militares... e higiénicas, porque la lluvia arrastraba cuesta abajo los, ejem, detritus. Esa, ejem, mezcla fluía hacia las tierras de labor y terminaba en el mar.

Desde entonces ha llovido mucho. Carreteras, automóviles, teléfonos y - últimamente - Internet han cambiado radicalmente nuestra percepción de las distancias. Si los catalanes hubieran tenido esos medios técnicos, tal vez habrían implantado una administración única en Eivissa. O tal vez no, porque el territorio se había de repartir equitativamente... entre los "capitalistas" que financiaron la guerra, claro. Pero eso ya era un problema
político.

El caso es que hemos heredado una división administrativa que perdura sin mayores cambios desde mucho antes de 1235. Nuestra historia es importante. Es muy bueno recordar esas fechas que nos dan raíces identitarias. Si no sabemos quiénes somos, tampoco sabemos de dónde venimos, ni a dónde queremos ir. La falta de reflexión sobre estas cuestiones está en la base de buena parte de los problemas que nos ocupan actualmente.

Una de tales conmemoraciones fue cambiarle el nombre al Vial Perimetral de Eivissa por Avinguda del Vuit d'Agost de 1235. Curiosamente, la mayor parte de los vecinos la llaman "Ocho de Agosto". Es difícil traducir símbolos de una lengua a otra. Pero ya da lo mismo: pronto será más conocida como "Achte August".

Estamos en el siglo XXI. Hasta nueva orden, el urbanismo no viene determinado por consideraciones de índole militar. Los progresos técnicos de la construcción permiten hacer cimientos y levantar casas en sitios que hace pocos años eran inedificables. Pero las ventajas no se pueden separar de los inconvenientes. Construir en las tierras de labor implica que la lluvia sigue trayendo de arriba la misma, ejem, mezcla que antes.

Trazar acequias es un arte. Requiere una vista aguda y entrenada para captar pendientes casi imperceptibles. Las tierras de labor son horizontales... porque muchísimos siglos de erosión las han ido nivelando. Por eso, la tarea de confinar la, ejem, lluvia a las alcantarillas de los ensanches de Eivissa está erizada de dificultades. A falta de desnivel, el agua se remansa. La solución obvia es impulsarla con máquinas. Pero aquí y ahora, la energía que las mueve sale de una sola central eléctrica. Que sigue la Ley de Murphy. Por eso tiene la costumbre de averiarse cuando hay tormenta. Es decir, cuando más falta hace.

Lo más expeditivo es abrir cauces hasta el mar a través de las tierras de labor. En Eivissa, esto funcionó bastante bien hasta que la modernidad nos trajo las administraciones especializadas. Las zonas litorales pasaron a depender de la Demarcación de Costas, es decir, de Madrid. El puerto, de la Autoridad portuaria de Balears, es decir, de Palma. Las sucesivas "mejoras" de su funcionalidad alteraron las corrientes. Ya no era tan fácil verter la, ejem, mezcla al mar. Fue preciso canalizarla y conducirla hasta una Estación Depuradora de Aguas Residuales. Por si el nombre no fuera bastante camuflaje, suelen llamarla EDAR. Es una sigla bonita, sobre todo si la comparamos con las del PRUG, el POOT y esa del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales que no puedo poner aquí: me bloqueará este artículo como "para adultos" cuando lo publique en Internet.

Hablar de la depuradora me ha traído el recuerdo de Roberto Felipe Castillo Aldrich, que trabajó en su puesta en marcha. Era exactamente cinco años mayor que yo. Murió en un accidente deportivo. Que Déu l'hagi perdonat.

Hasta aquí el diagnóstico. En cuanto a la terapia, hay una cuestión previa: un médico cura al enfermo, dos médicos lo estabilizan, tres médicos lo matan. Aunque no tuviera otras ventajas, la administración única en Eivissa nos ahorraría algunos espectáculos más bien tristes. En el caso que nos ocupa, evitaría que un notario de Vila no llegue a levantar acta de unos vertidos, tal vez procedentes de la EDAR de Vila, porque no puede traspasar la linde del término municipal de Santa Eulària. Me recuerda aquellas películas del oeste, cuando los cuatreros arrean las vacas que acaban de robar. El "sheriff" los persigue velozmente, a lomos de su corcel de pura raza árabe. Los villanos van perdiendo la carrera: como bien sabe usted, los caballos de los malos siempre son más lentos. De pronto llegan a la frontera, la cruzan y el sheriff ya no puede hacerles nada: están fuera de su condado. Hasta que cometan un delito federal, pero eso ya es otra película...

Mutatis mutandis, la EDAR funciona igual. La gestiona el Ibasan, es decir Palma. Recibe la, ejem, mezcla desde Vila. Emite sus, ejem, aromas hasta Jesús. Y cuando los cauces y depósitos rebosan de, ejem, mezcla, sigue fluyendo aguas abajo hacia el mar, pasando por las tierras de labor. Como se han convertido en zonas residenciales, por obra y gracia de urbanistas poco avisados, los vecinos que soportan su paso junto a sus casas gruñen cada vez que, ejem, llueve.

La búsqueda de soluciones es compleja. Una administración única tal vez resuelva el problema, o tal vez no. Lo que ya está demostrado es que la situación actual sería un buen libreto para una ópera bufa... si no fuera por el pataleo del público, harto de ver con qué desenvoltura se pasan la pelota los responsables de los desaguisados. Si se aplica la misma filosofía organizativa que en otros casos, lo suyo sería que el Consell pida al Govern la transferencia de la EDAR y que funde otro consorcio insular para la gestión de las conducciones de, ejem, mezcla. Es decir, añadir otro piso de burocracia a la torre de Babel que ya estamos padeciendo.

Ya sabe usted que yo escribo casi siempre sobre movilidad. Aunque parezca otra cosa, hoy también. Tal vez la administración única no resuelva los problemas de la movilidad en y entre Eivissa y Formentera. Pero es seguro que el presente caos no lo hará. Y no diga usted que quiero llevar el agua a mi molino. Porque hoy nos tocó hablar de, ejem, mezcla...

juan_manuel@grijalvo.com

 

Una Administración única en Eivissa...

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