Juan Manuel Grijalvo - La Diócesis y Dalt Vila


Por diversas razones, en Dalt Vila hay muchos lugares de culto católico. La Diócesis de Eivissa y otras instituciones religiosas son propietarias de una serie de fincas... cuyo mantenimiento resulta ser muy oneroso para sus finanzas. Eso es así porque cualquier obra en Dalt Vila cuesta más que en cualquier otro sitio. Es imprescindible contar con personal especializado. Y mover los materiales es caro porque sólo se puede subir con vehículos pequeños, tipo "dumper"... que necesitan un conductor cada uno, igual que los camiones grandes. Además, son lentos y ruidosos. Vamos, una maravilla. El señor Obispo es una de las primeras víctimas de todo eso: su domicilio es muy poco accesible.

En mi opinión, Dalt Vila ha de ser un barrio tan habitable como los demás. Recuperarlo ha de ser uno de los ejes de cualquier proyecto de futuro para Eivissa, tanto para la ciudad como para la isla entera. Es uno de los rasgos que diferencian nuestra oferta turística de las otras. No hay muchas ciudades amuralladas en el Mediterráneo, ni en el mundo. Y un hotel y un auditorio siempre serán más interesantes si tienen al lado un castillo y una catedral.

La rehabilitación pasa por implantar en el barrio unos sistemas nuevos de transporte. Nos hace falta repensar todo el modelo de movilidad a la luz de una filosofía que es al mismo tiempo nueva y profundamente antigua. El transporte debe estar al servicio de las personas. La situación actual es diametralmente opuesta.

En Dalt Vila este cambio consiste en un conjunto de ascensores que lleven a residentes y visitantes a los lugares más altos. Continúa con galerías horizontales que los conectan con varios puntos estratégicos desde los "pisos" intermedios. Así, todos los desplazamientos se pueden hacer a pie, y cuesta abajo, a favor de la gravedad. Y se completa con dos túneles de Aerobus que los comunican con una red nueva de transporte público. De paso mejoramos las comunicaciones de Sa Penya, La Marina, Sa Capelleta, Es Soto, el Puig des Molins, la calle de Ramon Muntaner, la Policlínica Vilàs, la sede del Consell, etcétera.

Lo ideal es que la maquinaria y los accesos al sistema estén "camuflados" dentro de los edificios existentes. Con eso reducimos el impacto visual a cero. A falta de un estudio más detenido, tal vez fuera posible ubicar alguna de estas instalaciones en los edificios religiosos menos usados. Ello genera ingresos que permiten su conservación. Otra ventaja es que un sistema nuevo para mover personal y materiales puede reducir el coste de mantenimiento de las fincas. De las eclesiásticas y de las demás.

El señor Obispo de Eivissa puede ser un excelente portavoz de todas las instituciones católicas con algo que decir sobre estos asuntos, por la autoridad que tiene sobre el clero secular y por sus buenas relaciones con el regular. Por lo que sé de él, está en el mundo sin ser mundano. Y basta ver cualquiera de sus textos para advertir que tiene unos dones intelectuales de primera fila. Por cierto, este párrafo lo había escrito yo antes de leer "Huellas de inmortalidad", publicado en Ultima Hora el 12 de marzo de 2003. Este artículo demuestra por sí solo todo eso que le digo sobre sus talentos.

Dicho todo esto, la primera pregunta es si existe un inventario de las propiedades eclesiásticas en Dalt Vila. Bajando desde la Catedral, encontramos la casa del propio señor Obispo, el convento de clausura de las Agustinas, la parroquia de Santo Domingo y - probablemente - otras fincas que desconozco.

La forma de instrumentar todo esto sería que la Diócesis y otras instituciones católicas entrasen en la sociedad que ha de construir la red de transporte, aportando espacios y servidumbres en algunas de sus fincas. Todas se revalorizarían con la mejora de las comunicaciones.

Hay varios precedentes de enajenación de propiedades eclesiásticas, como la Casa del Canonge, el Seminario, el claustro de Santo Domingo o parte de la finca de Sa Real. Con mi propuesta, la Diócesis deja de perder su patrimonio histórico y los clérigos, religiosos y religiosas pueden seguir viviendo en Dalt Vila, en condiciones mucho mejores que las actuales.

Bueno, y ahora sólo me falta explicarle todo esto al señor Obispo. Deséeme suerte.

juan_manuel@grijalvo.com

Movilidad - Dalt Vila...

 

juan_manuel@grijalvo.com