Juan Manuel Grijalvo - Funcionarios en Formentera

 

Ultima Hora, 8 de junio de 2003

 

En Eivissa, muchos funcionarios son forasteros. Cuando se cansan de arruinarse a plazos pagando cada mes un alquiler demencial, se embarcan en una hipoteca o piden el traslado. La primera opción tiene la ventaja de que no excluye la segunda. Cuando consiguen otro destino, ponen el piso en venta. Para que lo compre, como es natural... el siguiente funcionario. La segunda opción es una de las causas de que algunos entes públicos no funcionen bien en las Pitiüses. Sin un núcleo estable no hay modo de montar una plantilla eficaz. Sin ningún incentivo para permanecer aquí, el personal desfila por la pasarela sin la menor intención de quedarse, con nula ventaja para el servicio.

Se supone que los funcionarios deben residir en el municipio en el que tienen su destino. En Eivissa, en la práctica, basta con vivir en la isla. Eso abre un poco el abanico de ofertas de vivienda y permite acceder a precios menos inasequibles. Pero esos ahorros son más teóricos que reales. Se convierten rápidamente en humo, porque suelen implicar la compra de un segundo coche, con los gastos que comporta eso.

En Formentera las cosas ya han llegado a lo que puede ser muy bien la próxima etapa de Eivissa. Al parecer, resultó muy difícil encontrar personal para la guardería pública. El problema es que los sueldos del Consell no permiten vivir en la isla. Esto es así porque nuestro curioso sistema económico no asigna los bienes a quienes más los necesitan, sino a quienes pagan más por ellos. Funciona como una subasta. El propietario de un piso en alquiler pide un precio máximo. Para hacer rebajas siempre estará a tiempo. Naturalmente, el contrato lo firmará con el mejor postor. Esto es lo que hay.

En Formentera el municipio coincide con la isla, y los funcionarios compiten en el mercado de alquileres contra personas que pagan más por unos pocos meses de temporada de lo que pueden "aflojar" ellos por todo el año. No hay plus de insularidad que nivele esta diferencia.

En otros lugares, la solución suele venir de la mano de un aumento de la oferta. Los promotores inmobiliarios ven el negocio, compran terrenos, edifican casas, las venden, ganan dinero y yattá. Probablemente, la presión sobre el territorio en Formentera ya es excesiva. Pero la creciente demanda de servicios crea empleo, atrae forasteros... y lo demás se sigue lógicamente.

Otra "solución" es construir viviendas oficiales. Aunque no tuviera otros inconvenientes, eso implica que el coste final para el erario público será aproximadamente el triple que si la gestión la lleva el sector privado. Por otra parte, los diversos trámites administrativos pueden dilatar el plazo de entrega de llaves hasta lo inverosímil. Y los problemas prácticos del día a día están haciendo que los diversos Ministerios que aún mantenían este sistema lo abandonen.

Un puente para cruzar en automóvil entre las dos islas permitiría a los funcionarios - y al resto de la ciudadanía - residir, por ejemplo, en Sant Jordi, y trabajar en Formentera. A primera vista, parece una buena idea. Rebaja la presión demográfica, urbanística y especulativa sobre la isla más pequeña, y por ende más frágil y más susceptible de degradación. Pero las ventajas son inseparables de los inconvenientes. Si Formentera ya soporta muchos más vehículos de lo razonable, no quiero pensar en lo que ocurriría si tooodo el parque móvil de Eivissa pudiera acceder a sus playas sin cortapisas. Sería un desastre.

El caso es que, a falta de un sistema eficaz de transporte entre las dos islas, la sobrerrepresentación electoral de Formentera causa un interés desmedido entre los políticos. La idea es dotarla de todo tipo de servicios inaugurables. Por eso se hizo la guardería. Por eso se hará el "hospital". Y tal vez se haga un juzgado, una cárcel o cualquier otro invento del mismo jaez.

Pero el talón de Aquiles de todas esas maravillas es que no funcionan sin personal. Las mismas razones que han causado que en Formentera haya menos médicos que en Eivissa harán que sea difícil dotar debidamente el "hospital" de facultativos. Lo mismo reza para jueces, funcionarios de prisiones y el resto de los empleados públicos.

Pues ya lo sabe usted. El Aerobus, aunque no tuviera otras ventajas, que las tiene, no está pensado para que crucen coches. Sólo pasarán personas, equipajes y contenedores de mercancías. Puede resolver los desplazamientos de los funcionarios que viajen cada día a Formentera. Y los de quienes deban venir a Eivissa por cuestiones de salud. Y los trayectos interiores en la isla. Y comunicar y hacer accesible más suelo urbano en Eivissa. Piénselo un poco y verá que no es ninguna utopía. En cambio, seguir con el modelo de movilidad al uso es una estupidez muy peligrosa que le puede costar la vida mañana mismo...

Para más detalles, me encuentra en :

juan_manuel@grijalvo.com

 

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