Juan Manuel Grijalvo - Sa Penya - Movilidad y accesibilidad

 

(Ultima Hora, 24 de octubre de 2002)


El barrio de Sa Penya tiene una serie de problemas que lo hacen diferente de otros. Uno de tantos es que las noticias nos llegan envueltas en una espesa capa de prejuicios. No tengo información de primera mano. Tampoco he estudiado el asunto lo suficiente como para aportar soluciones pormenorizadas. Lo que sigue es un esbozo de cómo se aplican mis teorías generales al caso particular de Sa Penya.

El mar es una sopa nutritiva que tiene todo tipo de sustancias químicas en disolución. El plancton marino forma parte de esa sopa. Se compone de vegetales y animales diminutos o microscópicos. El agua de mar lleva disuelta una gran cantidad de desechos. O de nutrientes, según se mire: los desechos de los animales son los nutrientes de los vegetales.

La prueba de lo muy alimenticia que es el agua de mar la tenemos en las ballenas, animales nada microscópicos que viven - y engordan lo indecible - filtrando de ella las cantidades industriales de comida que necesitan para mantener en marcha su metabolismo. Ser grande tiene sus ventajas. A nivel interno, necesitan un aparato circulatorio para repartir los nutrientes y retirar los desechos.

Todos los seres vivos tienen algún tipo de sistema circulatorio. El de los seres humanos consiste en arterias y venas por las que circula la sangre. Es un líquido bastante parecido al agua de mar. Lleva en disolución una gran cantidad de nutrientes y de desechos. En ella viven muchos seres microscópicos. Algunos son partes autónomas de nuestro organismo, como los glóbulos blancos. Con los demás estamos en simbiosis o en guerra.

En el mar hay una clase de animales que ha resuelto el problema del tamaño de otra forma que los cetáceos. Los corales son colonias muy grandes de animales muy pequeños. Cuando los individuos mueren, sus partes blandas se disuelven en la sopa. Sus exoesqueletos van quedando sobre los de sus antepasados hasta formar un arrecife sobre cuya superficie siguen creciendo los individuos vivos. Con este proceder, unos seres minúsculos han edificado la Gran Barrera de Coral, que mide más de dos mil kilómetros y se puede ver desde la Luna.

Y vamos a por la primera teoría general. Ahora que ya tenemos los ejemplos para hacer el símil, podemos decir que, mutatis mutandis, una ciudad es como un ser vivo. También necesita algún tipo de aparato circulatorio. Si no lo hay, el centro urbano muere. Faltas de las reparaciones imprescindibles, las casas se convierten en esqueletos y por fin se desploman.

Naturalmente, los urbanistas han descubierto estas perogrulladas hace siglos. Por eso se han dedicado a remodelar las ciudades, para impedir que mueran aplastadas por su propio peso, como las ballenas varadas. En París derribaron las murallas y abrieron avenidas y bulevares. Para eso trasladaron los, ejem, cementerios y destriparon literalmente el casco antiguo de la ciudad. Con ello se facilitaba el control policial de las algaradas del populacho. Desde la Place de l'Étoile se puede batir media ciudad con artillería ligera. La hicieron así precisamente por eso.

En Barcelona fue más o menos lo mismo. Los reformadores urbanos, que por rara coincidencia también solían ser ingenieros militares, abrieron calles anchas demoliendo manzanas enteras. Cuando el populacho levantaba barricadas con los adoquines, las tropas las deshacían a cañonazos. Los reformadores tuvieron el buen sentido de alargar un poco las obras y construir túneles bajo algunas calles nuevas por el procedimiento más barato. Consiste en cavar una zanja poco profunda y hacerle un techo. Luego le pone usted un ferrocarril dentro, y ya tiene el Metro en marcha.

Los grandes beneficiarios de las remodelaciones urbanas son los intermediarios del mercado de inmuebles. Compran ruinas a precio de saldo y venden solares a precios exorbitantes. La mejora de la movilidad metamorfosea los antiguos arrabales en barrios de moda. Los privilegiados que viven allí van a trabajar al centro dando un paseíto, en vez de tirarse horas en los atascos. O de meterse en el Metro, que a mí me encanta, pero ya sé que no le gusta a todo el mundo. Bueno... donde no hay tráfico, las calles son silenciosas y se puede dormir en paz. Hoy en día, el lujo es eso.

A estas alturas ya se estará preguntando usted qué rayos tiene que ver Sa Penya con la Gran Barrera de Coral. Pues verá, las ciudades crecen hacia fuera. Los cascos urbanos van quedando rodeados por barrios periféricos, las comunicaciones se van volviendo cada vez más difíciles y terminan igual que los corales, como núcleos muertos rodeados de individuos vivos. Este fenómeno se ve perfectamente en el mapa de Madrid. El centro histórico es inaccesible. Está rodeado de autopistas de circunvalación, que sirven para evitar que entre usted en la ciudad. Y para ir rápido, rápido, de un suburbio a otro. Para llegar a la Puerta del Sol tiene que tomar usted, obviamente, el Metro. Los ferrocarriles subterráneos son las arterias de las grandes ciudades, el medio de transporte que ha permitido mantener la accesibilidad de sus núcleos. Así, el Metro funciona como el sistema circulatorio de las ballenas.

¿Cómo se aplica esta teoría a Sa Penya? Pues haciendo dos túneles de Aerobus desde el puerto. Pasamos por debajo de Dalt Vila y del Puig des Molins, y llegaremos al enlace con la línea 1, de Gesa a Formentera. Estará en un cruce de calles de la Avinguda de Sant Jordi. Por un túnel circularán los pasajeros, y por el otro... lo adivinó usted, los nutrientes y los desechos.

¿Usted quiere recuperar Sa Penya para la ciudad? Con los métodos actuales, lo veo difícil. Un transporte subterráneo es caro de construir, pero barato de explotar. Además, es una solución que respeta totalmente un entorno que es Patrimonio de la Humanidad. Otras cosas son... más de lo mismo.

Segunda teoría general: cualquier solución para Sa Penya necesita como condición previa una administración única en Eivissa. El actual descuartizamiento de competencias está impidiendo la solución de los problemas del barrio... y los del resto de la isla.

Y para terminar, una pregunta: ¿usted sabe cuántos túneles hay en Dalt Vila?

juan_manuel@grijalvo.com

 

Fotografías de Jorge Tutor

 

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