Juan Manuel Grijalvo - Guerra y movilidad

 

(Ultima Hora, 28 de junio de 2003)

 

En cierto punto del "Señor de los Anillos", Tolkien pone en boca del Guardián de las Casas de Curación lo que sigue:

"Pero durante largos años los sanadores hemos tratado sólo de remendar los desgarrones que hacen los hombres de armas. Aunque tendríamos suficientes quehaceres sin ellos: el mundo ya está bastante lleno de dolores y desastres, sin guerras para multiplicarlos". Los errores de traducción son míos.

Ahora mismo, esta cita viene a cuento por más de una razón. Había empezado a redactar este texto a raíz del muy lamentable accidente del Yakovlev 42 en el que murieron sesenta y dos militares españoles y sus doce tripulantes ucranianos. Hemos asistido a una ceremonia de la confusión cuyo "leit motiv" ha sido la frenética búsqueda de culpables allende las fronteras patrias. La compañía aérea, la NAMSA o la propia OTAN, cualquiera vale para cargar con estos muertos tan, pero que tan incómodos.

En el proceso nos hemos enterado de que la práctica totalidad de las bajas que van sufriendo las Fuerzas Armadas españolas en sus numerosas intervenciones exteriores se han debido a prosaicos accidentes de circulación. Al parecer, es mucho más peligroso enfrentarse a las carreteras de Bosnia o de Afganistán que a los naturales, por muy agresivos que sean o nos hayan contado que son. Lo mismo reza para los militares norteamericanos. Hoy por hoy, perecen cada vez más en choques entre sus propios helicópteros o por "fuego amigo", y cada vez menos a consecuencia de la acción adversaria.

De todas formas, la catástrofe de Trebisonda ha ocurrido en un punto geográfico lejano y no será difícil encontrar algún chivo expiatorio para echarle encima las responsabilidades. Cuando aún no se había apagado el griterío, asistimos a otro espectáculo horroroso... sólo que esta vez ha ocurrido cerca del campo de maniobras militares de Chinchilla. No habrá forma de endosarles las culpas a los ingenieros rusos que diseñaron el vehículo, ni a los controladores turcos, ni a los pilotos ucranianos... Vamos, a ningún extranjero. Un Talgo choca de frente contra un mercancías en un tramo de vía única. Un fallo, los jueces dirán de qué o de quién, ha resultado irreparable porque no hay un sistema eficaz de telecontrol en esa línea. Ni siquiera hay forma de comunicarse con los maquinistas. Y uno de los trenes más seguros del mundo se convierte en una trampa letal para unos pasajeros que mueren quemados vivos... uno de los suplicios más espantosos que hay.

Verá usted, yo soy amigo del ferrocarril desde siempre. Una de las ramas ortodoxas de esta mi nefanda secta es la de los modelistas. Son esos señores mayores que juegan con toda seriedad a lo que se llama popularmente "trenes eléctricos". Hoy en día casi todas las maquetas tienen dispositivos de bloqueo automático que dirigen la circulación con una eficacia absoluta. Cada vez es más frecuente que incorporen también un ordenador. El modelista controla un tren y la máquina se encarga de los demás, evitando toda interferencia entre ellos. Como no puede ser de otra manera, el futuro Aerobus de Eivissa y Formentera será gobernado por un programa informático desde un solo puesto de mando central. Entra dentro de lo posible que la Compañía "fiche" modelistas para tripularlo, porque el trabajo será mucho más parecido a gestionar una maqueta que a conducir una locomotora. Bueno, si estos equipos están al alcance de unos ciudadanos particulares, que los usan para actividades lúdicas. ¿cuánto más se debe hacer por la seguridad de una línea ferroviaria real por la que circulan trenes rápidos con pasajeros y tripulantes de carne y hueso?

Estos dos accidentes ponen de manifiesto un nivel de chapuza que creíamos haber dejado atrás en el siglo XX. Y es que el modelo de movilidad al uso tiene mucho más que ver con lo que se hizo durante ese nefasto siglo que con lo que la ciencia-ficción anticipaba para 2001. Por ejemplo, no estamos en la Luna... aunque a veces lo parezca. Por eso no hemos encontrado aún el TMA-1. Y el descenso de un vehículo espacial hasta la superficie de Marte fracasó por la estupidez increíble de que una parte del sistema de guía trabajaba en pies y millas... y el resto en metros y kilómetros. Suerte que no era un vuelo tripulado.

Los dos me han causado una desazón muy considerable. Ambos son consecuencia directa del modelo de movilidad al uso. Si el valor supremo es el dinero, todo lo demás se sigue lógicamente. Si alguna vez entra usted en combate, "never forget that your weapon was made by the lowest bidder", no olvide nunca que su arma la hizo... el fabricante que presentó la oferta más barata. En cuanto al Talgo de Cartagena, ya sabe usted que me encanta equivocarme en mis pronósticos... cuando no son positivos. Pero ésos los acierto casi todos. Hacia 1992 dejé escrito en "Lo que pienso del Tren de Gran Velocidad" que...

"Si continúa la misma tónica, uno de los escenarios posibles a medio plazo se obtiene postulando una concentración de los recursos disponibles en la parte rentable de la red, en detrimento del resto. En castellano: mientras pregonan la moderna y maravillosa red de alta velocidad, irán cerrando el resto de las líneas. Dentro de la península hay regiones de primera, segunda y tercera división; la Renfe, con muy buen ojo, tiene su red clasificada en tres clases, que sintomáticamente no se llaman primera, segunda y tercera, sino 'básica', 'primaria' y 'secundaria'. Por más eufemismos que le echen, está claro que no habrá dinero para todo. Podemos anticipar una reducción de la población y del territorio servidos por el ferrocarril, según criterios de rentabilidad pura y dura.

En este contexto, lo que se podría esperar es que una parte de la red quede en la misma situación en que están los residuos de la otrora importante red de vía estrecha: un conjunto de apéndices de las nuevas líneas, en proceso de atrofia; resultado de la asfixia, por supuesto".

Las guerras de hoy se hacen por el control de los movimientos financieros asociados al comercio del petróleo. Que se explica a su vez por nuestro insostenible modelo de movilidad. Que sigue relegando los ferrocarriles a papeles secundarios. Ello "justifica" que no haya presupuesto para poner su seguridad en los niveles más altos que permita la tecnología. Es la asfixia económica de las líneas "de tercera", aquí y en Ucrania.

La raíz del mal es el culto al becerro de oro.

juan_manuel@grijalvo.com

 

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