Juan Manuel Grijalvo - Un hotel en el Castillo

(Ultima Hora, 5 de febrero de 2003)

He leído en Ultima Hora de 23 de enero de 2003 un artículo de Julio Herranz titulado "Una propuesta que no pudo ser". Nos habla de Tono Vila Ramis, Premi d'Arquitectura Ciutat de Palma por sus meritorias obras de renovación de inmuebles antiguos. Respetando las fachadas, construye viviendas con las instalaciones y comodidades que esperamos encontrar en una casa moderna... "Rehabilitar puede no significar volver al estado primitivo". Me ha interesado mucho, porque eso es exactamente lo que hace falta en Dalt Vila. Si no queremos que se convierta en una especie de museo de casitas de muñecas, puras fachadas sin nada detrás, hay que intervenir cuanto antes. Y las viviendas no es que tengan que ser tan buenas como las de "Ibiza Nueva", es que han de ser bastante mejores, so pena de que nadie quiera mudarse a un barrio que por obvias razones físicas queda cuesta arriba.

En 1988, durante el mandato de Enrique Fajarnés Ribas como alcalde, Tono Vila elaboró un proyecto para construir un hotel en el recinto del castillo. Por la razón que fuera, la cosa no se materializó. El castillo y el resto de Dalt Vila siguieron degradándose y Eivissa perdió la oportunidad histórica de comenzar la recuperación del barrio para la ciudad.

Y es que la idea es eminentemente sensata. Si se pretende que Dalt Vila deje de ser como el núcleo muerto de un arrecife de coral, hay que poner en marcha unas actividades económicas normales. Comercio, hostelería y servicios de primera calidad, y todo lo que demanda hoy en día nuestra clientela turística y residencial de mayor poder adquisitivo. En este contexto, el hotel del castillo ha de ser de la máxima categoría, porque compite con toda la oferta de lujo del mundo. El adecentamiento general del barrio tiene que ponerlo al nivel de los cascos históricos de las ciudades que comparten con ésta el título de ser Patrimonio de la Humanidad.

Ya dije en otra ocasión ("Vivir en un castillo", 18 de abril de 2002) que "Se ha hablado de convertir el castillo en un hotel de lujo, pero de verdadero lujo, para gente que no tenga que organizar sus vacaciones cuando se las den en la empresa... Para eso son los dueños. De paso, puede estar abierto todo el año". Aunque no tuviera otras ventajas sobre los equipamientos culturales públicos, los huéspedes y los empleados del hotel darían mucha más vida al barrio, todos los días y a todas horas.

En mi opinión, esa revitalización atraería habitantes nuevos. Han de ser básicamente personas adineradas, porque el dispendio preciso para reconvertir una casa antigua en una vivienda del siglo XXI no está al alcance de cualquiera. Tampoco se trata de que sea un "ghetto" para multimillonarios. Habría de tener una composición social variada. Las personas que trabajan en un barrio habrían de poder vivir en él. Eliminar los viajes forzados por razones laborales es la primera característica de una movilidad sostenible.

Dicho esto, el barrio no puede ser "self-contained", que se diría en inglés. Hay que pensar en la demanda de movilidad. Las personas viajan, por trabajo, por razones familiares, por necesidad, por placer... Hay que traer de fuera los materiales de construcción para rehabilitar los edificios, los mil y un suministros del hotel, las mercancías para el comercio y, "last but not least", los caprichos de los habitantes.

Hoy por hoy, todo eso requiere viales, conductores y muchos vehículos. Y el barrio está poco habitado, pero los de residentes y visitantes ya colapsan las calles. Si pretendemos resolver a base de coches la movilidad de las personas y mercancías que podrían transitar por una Dalt Vila repoblada, la congestión de tráfico es mortal de necesidad.

Sigo pensando que un hotel de lujo es la mejor alternativa de uso para el castillo, y me ratifico en que sólo será posible hacerlo en el marco de un cambio del modelo de movilidad en el barrio y en toda la isla. En el caso de Dalt Vila, mi propuesta es hacer un sistema de ascensores para que los trayectos cotidianos sean cuesta abajo. Al pie de los pozos hay dos túneles superpuestos, que los comunican con la red de un sistema nuevo de transporte público que ha de ser guiado, elevado, eléctrico y automático. Con eso deviene posible que las limusinas del hotel recojan a los huéspedes al pie de la escalerilla de su Learjet privado en el aeropuerto y los lleven hasta la misma puerta principal, porque los demás ya no necesitamos movernos en coche por la carretera del aeropuerto para ir a Ses Salines.

Y ya sabe, si cree usted que tengo razón, o que no, dígamelo. Yo solo no voy a conseguir nada. Juntos sí podemos.

juan_manuel@grijalvo.com

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