Juan Manuel Grijalvo - Equipajes

 

 

Fotografía de Kike Taberner, que apareció el 7 de mayo de 2003 en Ultima Hora...
es decir: yo no la había visto antes de escribir este texto, que fue publicado en abril

 

(Ultima Hora, FDS, 25 de abril de 2003)

 

Los cambios económicos y políticos que ha traído Eurolandia nos permiten repensar la forma de mover los equipajes de las personas que vienen a pasar las vacaciones a Eivissa. O de las que se van, para el caso.

Antes, el objetivo de la maniobra era el control aduanero de las fronteras terrestres, marítimas y aéreas. La idea era cobrar aranceles por los cartones de tabaco o las botellas de licor... e impedir que las personas se dedicaran profesionalmente al contrabando. Que era una actividad lucrativa y arriesgada, con un cierto componente lúdico. Esquivar a los funcionarios responsables de su represión requería ingenio, valor y suerte. Bueno, todo el mundo sabe que, en la actualidad, el contrabando ha desaparecido por completo en Eivissa. En el resto del mundo aún son posibles escenas como la que vive el capitán Haddock en "Objetivo: la Luna", cuando un oficial de aduanas le abre la maleta y encuentra el whisky:

"¿Y esto?... ¡Alcohol!... Mucho pagar derechos entrada, siñor.
Aquí, en Sildavia, siempre agua mineral..."

(Hergé - Tintín - El cetro de Ottokar)

 

Ahora, mover equipajes es un simple problema de logística. El objetivo de la maniobra es transportar unos objetos. Generalmente son maletas, pero pueden ser contenedores, cajas de cartón o petates de lona. Basta que el exterior sea resistente.

Los bultos no tienen por qué viajar en el mismo avión que los pasajeros. Ni siquiera tienen por qué viajar en avión. Podemos usar otros medios, como los trenes de alta velocidad, con un coste energético seis veces menor. O los ferrocarriles normales, si los enviamos con algo más de tiempo. El último salto a Eivissa se puede hacer en ekranoplano. O simplemente en barco. Las maletas no protestan si tienen que esperar tres horas para hacer un transbordo, no se marean y suelen ser mucho más fáciles de tratar que el pasaje.

Desde el punto de vista de la comodidad, es mejor hacer los viajes con un bolso de mano, sin arrastrar un montón de kilos de un lado a otro. Ya sabe usted que muchas tendinitis tienen su causa en esos trajines aeroportuarios.

Desde el punto de vista de la seguridad, tal vez haya visto usted alguna vez cómo los mozos sacan las maletas de la bodega de su avión y las disponen pulcramente sobre la pista. Llegan esos perros tan guapos que tiene la Guardia Civil y las olfatean delicadamente, una por una. Mientras tanto, usted piensa en Mohamed Atta y sus amigos, y reflexiona sobre las ventajas del transporte aéreo... Que son inseparables de los inconvenientes, claro.

Y todo esto se vuelve cada vez más importante a medida que vamos siendo de más edad, saber y gobierno, como se decía antes. Eso de que "no pesan los años, pesan los kilos" es una verdad a medias... Los años no perdonan.

La raíz del mal es el culto al becerro de oro.

juan_manuel@grijalvo.com

 

Ilustración de Pep Tur (pendiente)

 

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