Juan Manuel Grijalvo - Sentido común

 

(Ultima Hora, 29 de julio de 2002)

 

Vivir en Formentera tiene ventajas e inconvenientes. Es un lugar tranquilo. En agosto, quizá un poco menos. La dotación de servicios es mejorable, como todo en este mundo. Por ejemplo, la atención sanitaria. He leído en este periódico dos noticias que me han hecho pensar. La primera es que desde abril de 2002 hay una consulta de cirugía. Un profesional se desplaza todas las semanas para realizar intervenciones. La segunda es que el IB-Salut se propone pagar el hotel en Eivissa a los pacientes de Formentera que no puedan regresar por la noche si les dan el alta.

Los inconvenientes de vivir en Formentera se vuelven mayores a medida que usted se hace mayor. Sobre el papel, todos tenemos el mismo derecho constitucional a la salud. Pero nadie se está planteando darle el mismo nivel de atención médica que en Eivissa, por las mismas razones que hacen que ciertos pacientes de Ca'n Misses sean trasladados a Mallorca, a la península o a los Estados Unidos.

Simplificando la situación, podríamos decir que los casos clínicos normales son los que se pueden tratar con los medios que hay en Formentera. Los demás exigen un desplazamiento. Se traslada al paciente en helicóptero sólo si el médico de guardia lo cree preciso. Ya me contará usted cómo se mueven los demás.

¿Cuánto vale la vida de una persona? El servicio de evacuación urgente no lo presta una entidad filantrópica. Es una sociedad mercantil que factura un importe convenido por cada viaje. Igual que un taxi. Pero no tiene garantía sobre cuántos hará. La Administración sanitaria tiene un coste aleatorio, pero se ahorra comprar el helicóptero... y tripularlo con funcionarios. Ignoro las condiciones laborales de los pilotos, pero deben ser incómodas. Y se juegan la vida en cada viaje. Algunos ya la perdieron. Para mejorar la atención sanitaria de la población de Formentera podemos hacer dos cosas: llevar los enfermos a la consulta del médico o viceversa. Desde el punto de vista de la movilidad, es mejor llevar el médico. Mover una sola persona cuesta menos que transportar un número aleatorio de pacientes. Desde el punto de vista de la contabilidad, la cosa no está tan clara. Cada hora de la jornada laboral de un médico vale dinero, y no poco. Para la sanidad pública es más rentable tenerlo en una consulta que pagarle el viaje en barca y el tiempo que se va en conducir un automóvil.

Para la Seguridad Social, el tiempo que pierden los trabajadores activos desplazándose y haciendo cola en la consulta no vale nada, porque lo pagan las empresas. Y el de los jubilados no vale nada para nadie, porque no lo paga nadie. En cambio, para ellos su tiempo de vida es precioso: cada día les queda un día menos. Es una pena gastarlo en viajes para ir al médico, en salas de espera, en conseguir volantes de especialista, en fin...

Hasta aquí el diagnóstico. En cuanto a la terapia, ya sabe usted que yo receto Aerobus para todas las, ejem, disfunciones de la movilidad. Se trata de un sistema guiado, eléctrico, elevado y automático. Y permite hacer un enlace fijo entre Eivissa y Formentera. ¿Qué pasaría si hubiera una línea de Aerobus entre Ca'n Misses y Formentera? Los desplazamientos de los pacientes se convertirían en un solo trayecto. No habría transbordos, ni problemas con el horario de las barcas, ni pernoctaciones innecesarias.

Y los viajes de los médicos, igual. Serían mucho más breves, y podrían hacer cosas por el camino. Organizarse la agenda, usar un ordenador portátil, leer un artículo sobre terapias nuevas... O relajarse, dejar la mente en blanco y disfrutar de la vista increíble que habrá desde el puente de Santiago Calatrava. Es Vedrà i es Vedranell a un lado y las bellas costas de Eivissa al otro. Al frente, la isla mediterránea que inspiró estas palabras a Marià Villangómez :

 

                                                                      Assolellats els camins

                                                                      de sorra; de roques netes,

                                                                      la plaça amb quatre casetes;

                                                                      i més amunt, uns molins,

                                                                      molins on la vela espera,

                                                                      entre vuit vents, quin vindrà

                                                                      a moldre aquest poc de gra

                                                                      d'on prengué nom Formentera

 

Es una isla pequeña, donde las distancias permiten que las personas se desplacen a pie, en bicicleta o en Aerobus. Y las mercancías, en carritos y camionetas eléctricas. No hay más automóviles y motocicletas que los imprescindibles. Y se trabaja para prescindir hasta de ésos...

¿Ciencia ficción? No. Sentido común.

juan_manuel@grijalvo.com

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