Juan Manuel Grijalvo  -  Subir a Dalt Vila

 

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Simon Lathlane  -  FlyingScotsman4472  at  Flickr

 

 

Ultima Hora,  FDS,  31 de mayo y 7 de junio de 2002

 

El 12 de mayo de 2002 subí en autobús hasta Es Soto para ir al Mercat Medieval. Vivo en Eivissa desde 1982, pero era la primera vez que pasaba por allí. Fue un estudio práctico de movilidad sumamente interesante. Y de sociología de estar por casa...

El viaje empezó en Vara de Rey. Subimos por la calle de Joan Xicó. El conductor fue sorteando - con dificultades - el tráfico en sentido opuesto y los coches aparcados. Le hubiera sido imposible cruzarse con otro autobús. En muy poco tiempo llegamos hasta Es Soto. Pero ha de estar usted en buena forma física para usar ese acceso. Entra por una puerta en la muralla y sube por unos túneles más bien estrechos, con mucha pendiente. Si tuviera que llevar usted por ahí, digamos, una nevera, no le arriendo la ganancia.

Por fin sale delante del castillo y empieza a disfrutar del ambiente de fiesta, de la variada oferta comercial y gastronómica, de la exhibición de cetrería, en fin... El primer conocido que me encuentro es el señor Obispo, naturalmente. Usted ya sabe que me encantan las parábolas. Probablemente, al señor Obispo también... Vamos a ver si consigo que ésta les guste.

La función de una locomotora de vapor es tirar de un tren. Cuando ya no la desempeña, pierde el objetivo para el que fue construida. Por lo mismo, se convierte en chatarra para el desguace o en una posible pieza de museo, que se puede almacenar o exhibir. Pero no es lo mismo abandonarla a la intemperie sobre un pedestal, guardarla en un recinto cubierto, o conservarla en estado de marcha. En el primer caso, pronto se volverá... chatarra, naturalmente. En el segundo, tampoco se cumple el objetivo museístico, que es mostrar las piezas al público. El tercero es el más deseable, pero nunca alcanza el dinero para mantener la locomotora a punto. Piense usted que estamos hablando de una especie de olla a presión sobre ruedas. Sólo para ponerla en marcha, el fogonero tiene que pasar unas buenas dos horas metiendo carbón en el hogar - con una pala, naturalmente - hasta tener suficiente vapor en la caldera para salir a la vía.

En la realidad real se producen las tres situaciones. La última se suele dar cuando un grupo de voluntarios se hace cargo de la locomotora. Ojo aquí, no he dicho de "aficionados". Mantener estas máquinas en marcha no es un trabajito de bricolaje. Pero no hay otra forma. No hay piezas de recambio en la ferretería. Se han de hacer una por una, con estas manitas. Eso cuesta mucho, mucho dinero. Y no hay subvenciones.

Por eso corren por ahí máquinas antiquísimas, verdaderas piezas de museo que no pasarían la ITV más benévola. Andan a fuerza de mimos. Pero no sirven para dar un servicio diario. Ni siquiera para trenes turísticos. Cada viaje las deteriora un poco más. Las piezas se desgastan y cogen holguras. Si sale usted de viaje de placer, ha de llevar una máquina fiable, que no le deje "tirado" en mitad del panorama. Y ya no tenemos ese "know how" que sólo da el trato diario con ellas.

Ya sabe usted que el ferrocarril, tal como lo conocemos hoy, fue inventado en Inglaterra a principios del siglo XIX. Cuando las autoridades competentes - es un decir - iniciaron la triste tarea de trocear con un hacha su otrora espléndida red, bastantes líneas locales quedaron a la buena de Dios. Heroicos equipos de voluntarios las mantuvieron contra viento y marea, ofreciendo trenes turísticos los fines de semana. ¿Ha visto usted la primera película de Harry Potter? Pues como ese maravilloso tren de Hogwarts, pero sin nada de dinero. Por eso los ojeadores ingleses se van de safari por todo el mundo a la caza de máquinas abandonadas. Que muchas veces son de construcción inglesa. Han de transportarlas hasta allí, restaurarlas... y después, mantenerlas, claro.

Tal vez la cruz más pesada de gestionar una de estas líneas sea luchar contra la tentación constante de cambiar a tracción diesel. Gira usted una llave y el motor de arranque le pone en marcha la máquina. Empuja el acelerador con la mano, porque las locomotoras no tienen pedales, y ya empieza a correr. Mueve una palanca y un sistema de aire comprimido le frena el tren entero. Y yattá. Conducir una locomotora eléctrica es todavía más fácil. En cambio, gobernar una máquina de vapor es... Lea usted "El intrépido aprendiz", en "Mar y Tierra", de Kipling, y luego hablamos.

¿Y qué solución tiene eso?

Es muy sencilla. Es hacer lo mismo que las compañías ferroviarias: comprar máquinas nuevas. Buscamos fábricas que hagan locomotoras de vapor, diseñadas, eso sí, con los últimos adelantos técnicos para simplificar su explotación. Las encontraremos, probablemente, en China. Aquí hemos de conservar las manos, la vista y -sobre todo- la cabeza que hacen falta para conducirlas y mantenerlas.

¿En qué se parece Dalt Vila a una locomotora de vapor? En que las dos cosas han perdido sus funciones propias. Dalt Vila sigue siendo "dalt", pero ya no es "vila". El futuro depende de lo que se haga en el castillo. Poner un museo allí es redundante: ya es una pieza de museo, porque todo Dalt Vila es un museo. No cumple ninguna de las funciones que se exigen ahora mismo de un barrio residencial, comercial o industrial.

Y las opciones son las mismas de la locomotora: dejarla a la intemperie, meterla en un armario con naftalina, o restaurarla a su estado original. A primera vista, ésta es la mejor. Pero usted no querrá vivir en una casa sin agua corriente, sin electricidad, sin gas canalizado, sin... etcétera.

 

 

El Mercat Medieval es una buena idea. Goza de una aceptación popular excelente. Durante un fin de semana, Dalt Vila cumple funciones comerciales y lúdicas, como un tren turístico a vapor. Pero resultan ser del todo incompatibles con la vida normal de los vecinos... Si tiene que volver a ser un barrio vivo y habitado, procede estudiar su "metabolismo" para resolver la movilidad de las personas, de las mercancías y de los, ejem, "residuos sólidos urbanos". La condición previa para que funcione es un "aparato circulatorio": un sistema de transporte integrado, multifuncional y permanente.

¿Y qué locomotora nueva tira de ese tren? El problema de Dalt Vila no se puede separar de la movilidad en toda Eivissa. Mientras predomine el coche, las autoridades seguirán asfaltando la isla para que los conductores conduzcan y aparquen. Por esa regla de tres, Dalt Vila ha de tener viales y estacionamientos, a razón de dos plazas por vivienda, como el resto de los barrios.

El otro modelo de movilidad para Eivissa es un sistema de transporte público elevado, que también puede circular bajo tierra. La idea, que no es mía, es perforar dos túneles paralelos empezando por el puerto. Así podemos traer la maquinaria en barcos, sacar la piedra por mar, usarla para hacer escolleras y evitar "regeneraciones" de playas.

El primer túnel alberga un solo Aerobus, que lleva pasajeros entre el puerto y el enlace con la red. En el segundo hay otro vehículo similar para mercancías y, ejem, detritus varios. También sirve como salida de seguridad de los pasajeros, a cuyo efecto hay conexiones transversales. El Aerobus se detiene en varias paradas intermedias, en la vertical de los puntos más altos de Dalt Vila y del Puig des Molins. Las personas suben en ascensores y las mercancías en montacargas. "Camuflamos" las salidas dentro de edificios existentes. Y todos los desplazamientos se hacen cuesta abajo. Que era el objetivo de la maniobra.

Desde las estaciones hay galerías horizontales a Ramon Muntaner, a Sa Capelleta, al Parque, al Mercat Vell, al Museo Arqueológico, a la Policlínica y, "last but not least", al Consell. Los ciudadanos pueden llegar cómodamente a todos esos lugares sin aparcar coches en barrios poco propicios para tal menester.

Otro día, si usted quiere, hablaremos de por qué razones tenemos que ir los ciudadanos en cuerpo y alma al Consell. La tecnología del siglo pasado ya nos dio el teléfono, el fax, el correo electrónico, las reuniones a distancia, Internet, etcétera. Pero las leyes de Parkinson y de Peter, que gobiernan el crecimiento de la burocracia, son tan inexorables como la de Murphy...

juan_manuel@grijalvo.com

 

 

Ángel Maestro - Locomotoras de vapor chinas para Estados Unidos

 

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