Juan Manuel Grijalvo - Telemedicina

 

(Ultima Hora, 26 de julio de 2002)

 

La mayor parte de las unidades que configuran la presente división administrativa del Estado español son, digamos, "continentales". Por analogía con ellas, los dos archipiélagos están encajonados - un tanto arbitrariamente - en provincias y comunidades autónomas. La discontinuidad del territorio impide el uso de medios de transporte terrestre y crea situaciones bastante kafkianas. Por ejemplo, sólo hay oficinas del Banco de España en las capitales de provincia. Este verano sacará usted del armario la ropa ligera y tal vez se encuentre un billete de mil en el bolsillo de un pantalón corto. Mil pesetas, claro... No iban a ser mil euros. Si vive usted en Sant Llorenç des Cardassar, un día baja a Palma a lo que sea, se acerca al banco, lo cambia por seis euros, deja el centimito en la hucha de alguna ONG y yattá. En cambio, si vive en Sant Llorenç de Balàfia, un día irá a Palma... pero le saldrá mucho más caro. La lógica nos dice que el Banco de España tendría que ofrecer alguna solución para las "islas menores", porque los turistas del último año de la peseta encontrarán algunos billetes en sus respectivos pantalones cortos. El hecho es que se termina el plazo de canje y yo, por lo menos, no tengo noticia de cuál va a ser.

Pues todo lo demás funciona de parejo modo. Hay miles de agravios comparativos entre los habitantes de las grandes urbes, las pequeñas, los pueblos y las casas aisladas. La igualdad entre los ciudadanos que proclama la Constitución implica dotar a cada uno de todos los servicios que disfruta... el que tenga más, naturalmente. Lo mismo ocurre con cada unidad territorial. Todos queremos más: lo mismo que tienen los de Palma, los de Barcelona o los de Madrid. Sobre el papel, un pastor de ovejas que vive solo en mitad del campo tiene el mismo derecho a la salud que cualquier otro ciudadano. Si se pone enfermo, procede enviar un helicóptero para trasladarlo a donde corresponda.

Ahora estamos viendo cómo se implanta la telemedicina en Formentera. La idea es mejorar la atención médica y evitar traslados. Las modernas herramientas de diagnóstico tienen una batería de sensores que obtienen información sobre el paciente. Un ordenador la elabora y la muestra al médico en una pantalla. Si añadimos un par de módems y una línea de datos, el paciente puede estar en Formentera y el médico en Estados Unidos. Eso, en sí, no es más que el desarrollo lógico de la sustitución del ojo clínico por el ojo cibernético. Y cada día está más cerca la mecanización de la cirugía. El progreso, o lo que sea, convertirá los quirófanos en algo parecido a una cadena de montaje de automóviles. Entra usted rodando en una camilla. Un ordenador lo pesa, lo mide, le analiza la sangre y le aplica la dosis exacta del anestésico más indicado para mantener sus constantes vitales en la mejor forma posible. Cuando está usted bien frito o frita, llega Robocop, pulcramente vestido de verde, empuña un bisturí láser y le opera la vesícula biliar con una precisión inconcebible en un médico de carne y hueso. Piense usted que el mejor cirujano del mundo le puede mirar con sus dos ojos por un microscopio y puede hacerle cortes diminutos con un microtomo... hasta que se canse, claro. En cambio, el robot le hace una ecografía tridimensional y otra media docena de exploraciones al mismo tiempo. Y sus movimientos van a ser exactamente igual de precisos al principio de la intervención que al cabo de seis horas. Y no necesita mascarilla para no contagiarle el catarro: nunca tiene.

Ahora mismo, los barcos y los aviones van dirigidos casi todo el tiempo por pilotos automáticos. Los tripulantes humanos podrían pasar el viaje durmiendo a pierna suelta, sin merma apreciable de la seguridad. Las mismas razones que nos han llevado a esta situación harán que una serie de actividades que están reservadas, hoy por hoy, a las personas, pasen a las manos, o lo que sea, de los robots. Un robot cirujano se puede enviar a Formentera pulcramente embalado en una caja para objetos frágiles. Pero las mismas razones que hacen que no resulte económico construir allí un quirófano aséptico, enviar cirujanos de carne y hueso y montar una UCI con medios a la última moda me inclinan a creer que no veremos por allí a nuestro Robocop, o lo que sea.

A mí, esto de la telemedicina para Formentera me parece un tanto rebuscado. Y sólo resuelve algunos problemas de salud, y no todos. Para el resto de cosas, desde el billete de mil pesetas hasta el comercio especializado, tiene que seguir usando usted la barca o el helicóptero, y presentarse en carne y hueso ante el poncio de turno. Un enlace fijo entre Eivissa y Formentera facilita los desplazamientos para ir al médico y todos los demás. Si lo completamos con una red de Aerobus que comunique las dos islas, puede resultar tan sencillo ir de su casa en Formentera a Ca'n Misses como al ambulatorio. Las soluciones parciales, los célebres "parches", tienen la ventaja de que se ven en poco tiempo. Lo demás son inconvenientes. A medio plazo, siempre resultan mucho más caras. Si la raíz de los problemas es la discontinuidad del territorio, busquemos la forma de resolver eso. Lo demás se nos dará por añadidura.

juan_manuel@grijalvo.com

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