Juan Manuel Grijalvo - Vivir sin coche

 

(Ultima Hora, 23 de mayo de 2002)

 

París es una ciudad maravillosa. Por lo mismo, vivir en el centro es muy caro. Por eso las personas que tienen un sueldo normal prefieren trabajar junto a las estaciones de ferrocarril y metro. Compran una casa en las afueras, cerca de otra estación, y van y vienen a la oficina a toda velocidad en los famosos trenes de cercanías del RER, el Réseau Express Régional, que llevan más de dos mil pasajeros cada uno.

Cuando hay una huelga de maquinistas, han de moverse por carretera. Suponiendo que se pongan de acuerdo para ir dos en cada coche y que un automóvil mida cuatro metros, cada tren equivale a una caravana de coches de cuatro kilómetros. Y aún les falta aparcar...

Los ciudadanos de mayor poder adquisitivo han descubierto que pueden hacer lo mismo con el TGV. Se van a vivir a más de cien kilómetros de su oficina y hacen cada día un viaje de ida y vuelta. Tardan menos que en coche, sin atascos y sin aparcar. Y pueden trabajar con el portátil, hablar con el móvil y afeitarse por el camino... De manera que compran una casa en cualquier ciudad próxima, donde tienen una calidad de vida muy buena a precios más asequibles, y usan el tren como una especie de metro de lujo. Naturalmente, esto influye al alza en el mercado de fincas. A medida que crezca la red de alta velocidad, se dará el mismo fenómeno en Madrid, Barcelona, etcétera.

Una de las gracias del esquema es que permite prescindir de uno de los dos automóviles. Tener un solo coche representa un ahorro considerable. Y lo mejor es no tener ninguno. Pero se diría que es una obligación. Por eso será que el Gobierno considera que un demandante de empleo no debe rechazar un puesto de trabajo a menos de cincuenta kilómetros de su domicilio, basándose en quién sabe qué burdas excusas. Si el Gobierno le buscase un empleo bien remunerado, le pusiera una estación de TGV cerca de su casa, y le regalase el abono mensual para ir a trabajar en tren, probablemente habría cola para apuntarse, ¿no le parece? Pero las cosas no son exactamente así...

Hace unos días habíamos hablado un poco de los problemas de movilidad de Dalt Vila. Le decía que no se pueden resolver con automóviles. Y los de Ca'n Misses, tampoco. El caso es que, hoy por hoy, es difícil moverse por Eivissa con transportes públicos. El microbús de Dalt Vila es un paso en la dirección correcta, pero es corto y queda mucho por hacer. No se puede cubrir el incremento previsible de la demanda de movilidad en Eivissa y Formentera con autobuses, porque los conductores tampoco pueden vivir aquí con un sueldo normal.

Si no hay suficientes en Eivissa, hay que buscarlos en otros sitios. Para que vengan, habrá que ofrecerles, por ejemplo, el doble de lo que estén ganando. Si es para un empleo de temporada, se les pedirá que trabajen, por ejemplo, el triple. Y cuando alquilen una vivienda, habrán de pagar, por ejemplo, cuatro veces más. Por eso no se puede aumentar indefinidamente la oferta de autobuses.

Hace poco he leído que algunos funcionarios con destino en Formentera dicen que un sueldo normal no les permite pagar el alquiler de una vivienda todo el año. Tal vez podrían vivir en Eivissa y cruzar es Freus para ir a trabajar... si hubiera TGV, claro. Pero ya ve usted que los alquileres en Eivissa tampoco están al alcance de un sueldo normal. Como es más barato pagar la cuota de una hipoteca, los funcionarios se embarcan en comprar un piso. Y cuando consiguen un destino en la Península, lo ponen en venta. Para que lo compre... el siguiente funcionario, naturalmente.

¿Por qué es tan caro vivir en Eivissa y Formentera? La insularidad tiene unos costes logísticos que le son inherentes. El mercado de viviendas en venta y en alquiler está muy distorsionado. La oferta de suelo edificable está sujeta a diversos factores aleatorios. La demanda no para de crecer. El modelo de movilidad vigente obliga a mantener un coche por familia, como mínimo. Y nada de eso es gratis...

Hasta aquí el diagnóstico. Pero la terapia no es el TGV; no soy ningún fanático de la alta velocidad. Ni siquiera de la velocidad a secas. En mi opinión, lo primero es la seguridad, lo segundo es más seguridad, y lo tercero es poder emplear el tiempo de viaje en hacer algo útil. Por ejemplo, en dormir...

Por eso promuevo un sistema nuevo de transporte público que se llama Aerobus. Mejorar la oferta de movilidad reduce el "coste de la vida", es decir, los precios de lo necesario. Hay más suelo edificable, porque las comunicaciones estructuran el crecimiento urbano en torno a las estaciones, en vez de diseminarlo de cualquier manera por ahí, como hasta ahora. Eso permite reducir el uso del automóvil. Y el Aerobus puede pasar a Formentera por un puente de Santiago Calatrava y dar la vuelta a la isla en cuestión de minutos.

Y es que no basta con que sea posible vivir sin coche en Eivissa y Formentera: ha de ser lo más fácil. Aunque no tuviera otros inconvenientes, tener - y mantener - un vehículo le está costando una cuarta parte de sus ingresos. Otro día, si usted quiere, hablaremos de lo que gastan las administraciones públicas. Porque también lo pagan con su dinero...

 

juan_manuel@grijalvo.com

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