Juan Manuel Grijalvo - Ahorro de energía, cambio de hora...

 

Dedicado a Vicent Ferrer Mayans, Morna

 

2001

 

(Yo quería que este artículo apareciera en Ultima Hora un poco después del cambio de hora de la primavera de 2001. Los duendes de la imprenta hicieron que apareciera dos veces "Calidad". Internet me permite rehacer la secuencia lógica y colocarlo en su sitio. Ventajas de las nuevas tecnologías...)

 

Ya hemos vuelto a adelantar los relojes a cuenta del famoso ahorro de energía. Podría ser bueno pensar un poco en lo que representa esto de cambiar de hora cada primavera en términos de salud y bienestar. Aceptamos mansamente la incomodidad de mudar nuestros horarios de sueño porque nos dicen que es por el bien común. Pues no. Cada vez más oficinas, fábricas y comercios usan luz artificial durante toda la jornada. Los cambios de hora generan una pérdida de productividad laboral que al parecer no preocupa a nadie, complican el funcionamiento de los transportes dos veces al año y tienen otras desventajas. En mi opinión, el argumento definitivo es que a los niños no se les puede cambiar el horario porque sí: la macroeconomía les importa un bledo. No hay forma de mandarlos a dormir una hora antes. Y levantarlos una hora antes... bueno, mientras discuto con ellos sobre si tienen sueño o no, mis pensamientos se vuelven más y más impublicables. Vamos, que la idea sólo se le pudo ocurrir a alguien que no tenía críos.

Si las autoridades competentes quisieran de verdad ahorrar energía, se tendría que notar en otras cosas. Por ejemplo, pondrían semáforos sincronizados en vez de pasos cebra. Así, los automóviles no tendrían que parar y arrancar cuatro veces como mínimo para recorrer alguna avenida de Vila. Se fomenta el consumo, cuando no el despilfarro, porque el negocio es vender gasolina, electricidad, coches, o lo que sea. A ver si con esta hora más de luz que dicen que tenemos conseguimos hablar hoy de la carga útil de las barcas de Formentera.

Una barca no es una nave espacial, pero podemos descomponerla en una serie de elementos bastante parecidos. En vez de fuselaje tiene casco; pero el motor, el combustible, el pasaje, la tripulación, la carga y el sistema de guía se llaman igual. Cuando ponemos en marcha el motor, el combustible arde y la barca arranca, soltando una nube de humo más o menos espeso. También produce una buena cantidad de ruido.

Ya sabemos que la carga útil, para la naviera, es lo que paga pasaje o flete por hacer la travesía. Mover el barco de vacío no es más que convertir dinero en humo. El combustible no es parte de la carga útil. Y todo lo demás es accesorio.

Desde el punto de vista de los que pagan, la cosa difiere un tanto. Para los turistas, la carga útil es su propio cuerpo. Sin él, no podrían disfrutar de las maravillosas playas de Formentera. A los residentes fijos, en cambio, el hecho en sí de que un montón de miles de ellos vengan a bañarse cada verano sólo les reporta inconvenientes. Desde su punto de vista, la carga útil de las barcas es el dinero que gastan los turistas en adquirir bienes y servicios en Formentera. Eso consiste, por ejemplo, en degustar una paella en un chiringuito. Como cada vez más gente paga con tarjeta de crédito, diremos que la carga útil de las barcas es... el estómago de los turistas. ¿Usted se marea? Es Freus suelen maltratar precisamente ese órgano interno de quienes viajan a Formentera. Por cada apetito echado a perder, se vende una ración de paella menos. Un sistema de transporte que evite el mareo sería bueno para los chiringuitos.

En cuanto al ahorro de energía, las barcas funcionan quemando petróleo. Cuesta cada vez más caro. Cada litro que arde destruye oxígeno y genera humos que contribuyen al cambio climático. Como los vientos esparcen sobre el mar la contaminación que producimos en Eivissa y Formentera, parece que no exista.

 

Pero si usted mira, la contaminación se ve...

 

Pues mire usted, es mucha y se queda toda en este planeta. Y no tenemos otro. Lo que hacemos aquí contribuye a destrozarlo, exactamente igual que en una ciudad grande rodeada de tierra firme. Aunque no se nos acumule encima. Aquí y ahora, la electricidad se obtiene quemando combustibles fósiles en centrales térmicas. No creo que la cosa cambie mucho por sustituir el "fuel-oil" por gas canalizado. Tal vez lleguemos a generar electricidad en cantidades útiles con centrales solares, eólicas o lo que sea. Lo que no parece lógico es gastarla en fabricar combustibles, si la podemos usar directamente para mover medios de transporte. Mientras Mr. Spock no divulgue la tecnología de teleportación de Star Trek, habrá que tender redes de cables para distribuirla. También está el problema de almacenarla para usos nocturnos, pero cuando lleguemos a ese puente ya lo pasaremos.

Vaya, hoy tampoco hemos hablado de la carga útil de esas motocicletas que circulan de noche junto a su casa, cuando usted quería dormir porque ha de levantarse una hora antes a la mañana siguiente. Tal vez sería mejor no decir nada, porque el desarrollo de este tema podría alterar esa ecuanimidad que nos caracteriza a usted y a mí... Para terminar, piense usted que eso del cambio de hora no es un mandato divino. No es más que una disposición administrativa. Se puede suprimir con otra disposición administrativa. Piense en las maldiciones que ha mascullado mientras el despertador rompía sus hermosos sueños. Ganaremos salud y felicidad, porque la energía mental es más importante que la eléctrica.

juan_manuel@grijalvo.com

 

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