Juan Manuel Grijalvo - Los costes del transporte

 

És vell però està pagat !!

Es viejo pero está pagado

 

(Diario de Ibiza, 24 de febrero de 2000)

 

Bueno, a estas alturas, todos estaremos de acuerdo en que los vehículos de carretera no pueden seguir siendo el único medio de transporte en Eivissa. Para el siglo XXI, o sea, para el año que viene, habríamos de poner las bases de algo distinto. Si dependiera de mí, sería un tren como el de Sóller. Como eso es muy difícil, me conformo con un sistema eléctrico elevado, que tiene casi todas las ventajas del ferrocarril. Además, reduce al mínimo las expropiaciones de terrenos, no complica el tráfico de las vías existentes, y lo mejor es que las líneas pueden prolongarse hasta y por Formentera.

Me han hecho varias preguntas sobre la propuesta. La primera es inevitable: ¿cómo se financia eso? O, más crudo, ¿quién lo paga?

Bueno, lo primero es hacer un estudio para cuantificar las inversiones. Suponiendo que tenemos esas cifras en la mano, veamos qué alternativas hay.

La más obvia sería lo que se puede hacer en Mallorca: el Govern recupera los ferrocarriles clausurados, se hace cargo de las obras, de la explotación, y de los eventuales déficits, y yattá. Esto, aunque no tuviera otros inconvenientes, nos pone en la cola de las disponibilidades presupuestarias. A mí me gustaría ver la inauguración, y ya tengo cuarenta y cinco años...

Otra posibilidad sería montar una sociedad anónima, como se hizo en su día con el ferrocarril de Sóller. Obtenemos una concesión administrativa. Colocamos las acciones. Buscamos financiación en el mercado. Pedimos subvenciones públicas. Conseguimos fondos europeos para hacer un enlace fijo con Formentera. Abrimos la línea. Transportamos pasajeros y mercancías. Ganamos dinero. Devolvemos los créditos. Por fin, repartimos dividendos a los accionistas.

Si supiera cuánto cuesta el proyecto, también sabría si esta empresa se puede hacer con pocos socios que aporten mucho capital cada uno. No sé si bastaría con el ahorro por no renovar las flotas actuales de barcos, autobuses y otros vehículos. Las empresas que mueven ahora todo eso pueden dedicarse a llevar la gestión. Y las subvenciones públicas pueden salir de lo que no se irá en conservar carreteras machacadas por el tráfico pesado o en ampliar puertos.

También se puede enfocar como una empresa con muchos socios que aporten cantidades pequeñas. A mí me gustaría que las acciones tuvieran un precio asequible, y que las suscribieran los futuros clientes. Así se implicarían en el proyecto desde el principio. Pero nada impide que se pongan de acuerdo todos los posibles interesados. Se puede estar en una sociedad anónima con mil acciones o con una sola. Por eso no es lo mismo si son de diez euros, de cien o de mil.

Una parte importante del estudio es la previsión de rentabilidad. Los ingresos dependen del número de pasajeros, de las tarifas, de las subvenciones para ofrecer precios políticos y atraer usuarios... Y los costos de explotación de este sistema son muy bajos. Las instalaciones y el material rodante duran mucho, el mantenimiento es mínimo, gasta poca energía y casi no necesita empleados. Cuando las inversiones estén amortizadas, la mayor parte de los ingresos serán beneficios. Sin ir más lejos, el ferrocarril de Sóller ya es rentable.

Las líneas pueden construirse por tramos, empezando por los que vayan a dar más dinero. Cuanto más amplia y coherente sea la red, más usuarios tendrá. Para que sea una verdadera alternativa al automóvil, no basta con una línea o dos. Tiene que estar cerca de donde vivimos; y tiene que llegar a todos los sitios a donde vamos con frecuencia en coche particular.

A veces se olvida que tener coche no es gratis. Se lo tiene que comprar usted, pagando al contado o en "cómodos" plazos. Lleva IVA, matriculación, seguro, IVTM. Lo tiene que aparcar. En la calle se estropea. Vale más alquilar o comprar una plaza de garaje. A veces cuesta más que el coche. Y lleva IVA, IBI, tasa de basuras y gastos de comunidad.

Si además quiere usted ir con él a cualquier sitio, paga la gasolina, los cambios de aceite, cada tanto tiene que pasar la ITV, y cuando llega tiene que aparcar. No siempre es fácil, ni gratuito; ni siquiera barato. Un coche lo mueve quizá una hora al día. Las otras veintitrés no es más que un estorbo. Cuando está sucio debería lavarlo. Ah, y suelen averiarse en el momento menos oportuno. Pague grúas y talleres... Si la reparación se alarga, alquile otro.

Una parte nada desdeñable de la fortuna que se nos va en impuestos se gasta en carreteras. Si usáramos otros medios de transporte más racionales, incluyendo por supuesto los taxis, las administraciones tendrían recursos para hacer cosas más útiles.

En fin... Lo que es pagar, pagaremos los de siempre. Sólo que esto es mejor y más barato. Yo creo que es el transporte del siglo XXI, pero no se pone en marcha en cuatro días. Razón de más para hacerlo cuanto antes. Y las reservas de terrenos hay que hacerlas ahora mismo.

Y otro día hablaremos de los accidentes de tráfico, que tienen algunos costes que se pueden medir en dinero, y otros que no se pueden pagar con todo el oro del mundo.

juan_manuel@grijalvo.com

 

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