Juan Manuel Grijalvo - Monorraíl

 

Dedicado a José Miguel Romero

 

(Ultima Hora, 22 de febrero de 2001)

 

 

Monorraíl de Seattle y otros: http://www.monorails.org/index.html

 

Un buen amigo mío me ha pasado copias de unos artículos publicados en la prensa en 1975. Hablan de un proyecto para instalar un monorraíl en Eivissa. Los he leído con grandísimo interés. Si hubiera estado aquí, me habría unido al grupo de promotores.

Las razones a favor de un transporte público elevado que daban en 1975 siguen siendo tan válidas como siempre. En síntesis, venían a decir que era lo mejor para resolver la movilidad en Eivissa. No me ha sorprendido hallar en aquellos textos varias expresiones que he usado literalmente igual en los míos. Y es que no hay tantas soluciones para un problema que en estos años no ha hecho sino empeorar.

No todo era estupendo en la propuesta. Ya hubo quien decía que la línea iba a perjudicar el paisaje. Uno de los promotores salió al paso de las objeciones diciendo que "una infraestructura realizada en hormigón de color homogéneo gris o blanco y bien acabado no sólo no deteriora la estética del lugar, sino que la enriquece". Bueno, yo no diría tanto. Lo que sí digo es que desde siete metros de altura los viajeros tienen mejores vistas del panorama que si van a ras de tierra en automóvil. Y también que, con los actuales criterios de impacto visual, hay que demoler inmediatamente el acueducto de Segovia y las murallas de Eivissa. El caso es que han sido obras de indudable utilidad pública, que ahora son sólo monumentos. Todo el mundo está de acuerdo en conservarlos, aunque no mantengan sus funciones originales.

A pesar de todo el debate estético, yo hubiera apostado por ese monorraíl. Aunque a mí lo que me guste de verdad sea el ferrocarril de Sóller. Cualquier transporte público, incluyendo por supuesto el taxi, es mejor que la invasión incontrolable de los automóviles privados.

Podemos especular sobre los efectos que hubiera tenido en el crecimiento urbano. Las estaciones del transporte público atraen población. Aquí tal vez hubiera servido para organizar el desarrollo a lo largo de unas arterias. Eso es preferible a las urbanizaciones en forma de manchas de aceite sobre el mapa, que son a la vez efecto y causa del uso - y abuso - que se hace de los automóviles particulares.

Aquel monorraíl ya cumplía tres de las cuatro condiciones que ha de reunir el transporte del siglo XXI en Eivissa. Era guiado, elevado y eléctrico. La cuarta es que sea automático, como un ascensor. El Aerobus es posible porque incorpora los progresos impresionantes que ha hecho la cibernética en estos cinco lustros. Ahora hay ordenadores y sistemas de telecomunicación que nos permiten controlar todas las líneas desde un solo puesto central de mando. Por eso cuesta tan poco mover los vehículos: no necesitan conductores. Circulan de noche con tanta seguridad como de día. Se adaptan bien a las variaciones estacionales de la demanda. Y el servicio será tan puntual que podrá usted poner su reloj en hora cuando pase un vehículo. No son ventajas pequeñas. Y tienen muchas más.

Otra cosa que ya estaba clara en el planteamiento de 1975 es que el monorraíl habría de tenderlo y explotarlo una empresa privada. Probablemente pensaron que iba a ser más fácil poner de acuerdo a los particulares que quisieran invertir capital en el proyecto que a las administraciones públicas. Yo soy de la misma opinión. Creo que lo más práctico es fundar una sociedad anónima donde cada uno suscribe las acciones que quiera y pueda. Es el primer paso del camino. Y cuando vayamos llegando a los puentes, ya los pasaremos.

No sé si los promotores de aquella loable iniciativa leerán estas líneas. Era gente con visión de futuro. Me interesaría mucho hablar con ellos, para aprender de su experiencia. En 1975, el monorraíl hubiera sido útil. Hoy ya sería imprescindible. Bueno, según la Ley de Nito Verdera, en Eivissa hacen falta veinticinco años para poner en marcha cualquier cosa. Por lo tanto, el transporte público del siglo XXI está al caer.

Ahora, mi próximo problema técnico es decidir a qué precio hemos de poner las acciones de la sociedad anónima. No es lo mismo que sean de un euro, de diez, de cien o de mil. Por cierto, ¿cuántas quiere comprar usted?

juan_manuel@grijalvo.com

Aerobus...

Eivissa - Ibiza...

Monorraíl en Eivissa - Ibiza...

Movilidad...

Movilidad - Eivissa...

Transporte elevado...

Transporte urbano y periurbano...