Juan Manuel Grijalvo - De Palma a Quito

 

Dedicado a T. M. R.

 

(Ultima Hora, 1 de abril de 2001)

 

Ya sabe usted que están regresando a España los ecuatorianos que volvieron a su país para solicitar el permiso de residencia en Quito. Decíamos en otra ocasión que el cálculo de la carga útil de un barco es un caso particular de una teoría que se puede aplicar a otros vehículos. Por ejemplo, a los aviones de Palma, a las barcas de Formentera, y también a esas motocicletas que circulan de noche por delante de su casa. A ver si podemos sacarle algún partido hoy...

No sé si va usted con frecuencia a Palma. Yo sólo he ido tres o cuatro veces en la vida, pero me dicen que algunas personas van y vienen tres o cuatro veces cada mes... o cada semana. Lo hacen porque tienen cargos políticos o técnicos en las administraciones públicas. Viajan para resolver trámites, por participar en reuniones, o porque son de Eivissa pero ejercen sus funciones allí. En estos casos, la carga útil no es el cuerpo físico de la persona, sino sus aptitudes innatas de razonamiento, su formación académica, su experiencia profesional... En una palabra, su mente.

Estos desplazamientos suelen consistir en conducir un automóvil entre un domicilio y el aeropuerto, dejarlo aparcado todo el día, viajar en avión, seguir en taxi a Palma, hacer algo allí y desandar el camino. Todo eso tiene un coste en dinero, en combustibles fósiles y en contaminación. Por otra parte, estas personas se han ganado el cargo por sus méritos. Y se pasan una parte sustancial de su vida conduciendo un automóvil y viajando como pasajeros en varios medios de transporte. Que, en principio, no están pensados para ejercer en ellos las actividades que les son propias. Este coste resulta más difícil de cuantificar, pero ya ve usted que no es pequeño.

Un reparto de las competencias administrativas que tenga más en cuenta estos factores permite suprimir algunos viajes. Y un uso creativo de las nuevas tecnologías de comunicación puede sustituir el desplazamiento de personas por el intercambio de mensajes. Las empresas privadas las usan cada vez más. Y yo no diría que sean menos eficaces por eso.

Algunas reuniones están perfectamente justificadas. Es mucho más fácil hablar por teléfono si nos hemos encontrado alguna vez en carne y hueso con nuestro interlocutor. Es necesario y útil verse las caras. Pero... ¿cuántas veces al mes? La sustancia de algunas conversaciones es que "Vengo a decirte que me han dicho que te diga..." y para ese viaje no hacían falta tantas alforjas.

Y todo esto es desde el lado de las administraciones. Para los "administrados", los viajes a la capital vienen a ser una carga fiscal invisible. La mentalidad burocrática implica que cada trámite se ha de efectuar en la ventanilla que reglamentariamente se determine. Para según qué cosas hay que ir a Palma. Por la misma regla de tres, a los ecuatorianos se les envía a presentar la instancia en Quito. Según mi Psion, Quito está a 9.154 kilómetros de Eivissa, y Palma a 129. Una simple división nos dice que por cada 70,96 viajes a Palma nos han mandado una vez a Quito.

Pero esto es en términos de distancia. Midiéndola en tiempo de vida, la cosa cambia mucho. No es lo mismo hacer dos vuelos más o menos continuos en avión que hacer 70,96 veces dos vuelos cortos... y cuatro viajes al aeropuerto.

En términos de carga útil, la del ciudadano ecuatoriano tal vez sea la mano para firmar la instancia por triplicado, o la cara para que le hagan cuatro fotografías tamaño pasaporte, o una fotocopia de su partida de nacimiento, no sé... Sin entrar en otras consideraciones, estaremos de acuerdo en que no es la mejor solución en términos de ahorro de combustibles fósiles.

Si le parece un despropósito mandar a una persona a Quito para realizar un trámite administrativo, piense usted que es lo más coherente desde la lógica de la burocracia. Es la persona la que debe seguir el conducto reglamentario, llevando en la mano el expediente en que se va recogiendo la documentación precisa, hasta que se determine si el solicitante reúne todos los requisitos que enumera la legislación aplicable, en cuyo caso será resuelto positivamente.

Y ya ve usted que en términos de tiempo de vida no hay tanta diferencia entre ir a Quito o a Palma. Especialmente si vive usted en Formentera.

Hoy ya no me da tiempo de hablarle de la carga útil de las barcas, ni de esas motocicletas que circulan de noche por delante de su casa. Ni del ferrocarril de Sóller. Otro día, si usted quiere, podemos seguir buscándole tres pies al gato. Todo será que le encontremos cinco...

 

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