Juan Manuel Grijalvo - La "receta Bilbao"

 

Dedicado a Txaber Gandariasbeitia

 

(Ultima Hora, 11 de octubre de 2000)

 

Esta postal de Bilbao me la dio mi padre, Juan Grijalvo Valdeón

 

Ya hemos hablado de la "receta Barcelona" y de la "receta Disneylandia". Hoy, si usted quiere, podemos seguir con algunas cosas que han ido ocurriendo en la Villa de Bilbao.

Para que se haga usted una idea, le diré que está encajada entre montañas bastante altas. La Ría la parte en dos. Es lo bastante honda y ancha como para que entren barcos de altura hasta el mismo centro de la ciudad.

El término municipal es diminuto. El Gran Bilbao se compone de docenas de ayuntamientos, con una tradición multisecular de enfrentamiento de una margen contra la otra, y de los municipios rurales contra los "bocheros". Todo eso causa una serie de problemas técnicos. En cuanto a los problemas políticos, esos que yo no toco, ya sabe usted que allí son, por decirlo en términos del más exquisito eufemismo, bastante graves.

Las demandas de movilidad de la población se habían cubierto siempre con transporte público. La Ría determina el urbanismo siguiendo dos ejes, uno en cada margen. Es muy fácil dibujar sobre el mapa por dónde hay que tender las líneas de ferrocarril. En cambio, hacerlas sobre el terreno es dificilísimo. Hay montañas por todas partes. Y casas en lugares inverosímiles. A pesar de todo, Bilbao tuvo una red bastante densa de ferrocarriles, tranvías, trolebuses y autobuses.

Donde no podían llegar, los imaginativos ingenieros de la Villa montaron sistemas de transporte estilo traje a medida, como el ascensor de Begoña, el funicular de Archanda y sobre todo el Puente Vizcaya, una elegante solución para transportar personas y vehículos entre las dos márgenes de la Ría, dejando paso libre al tráfico marítimo.

Cuando el progreso trajo los automóviles, las autoridades se apuntaron a la moda y fueron suprimiendo tranvías y trolebuses. Las calles de la Villa, que eran pocas y estrechas, se convirtieron pronto en un atasco permanente. Las autoridades aplicaron a rajatabla la "receta Barcelona". Hicieron aparcamientos subterráneos en el centro, autopistas periféricas, el puente de la Salve (que tiene incorporado un ascensor para peatones), la "solución Centro", el puente de Rontegi (pronúncielo "Rontegui"), la "solución Sur"... Pero a cada nueva "solución", el problema se hacía más grande.

Un buen día las autoridades decidieron por fin poner a régimen al dragón y construir el Metro. Pusieron la ciudad "patas arriba" de verdad. Los periódicos publicaban el santoral del día, el parte meteorológico y la lista de calles cortadas por obras. Aquello duró aaaños. Fue terriiible. Ahora vaya usted allí a ver el Guggenheim y pregunte a cualquiera, lo que se dice a cualquiera, si valió la pena y si vive mejor desde que lo pusieron en marcha. Escuche la respuesta. Si le parece que exagera, pregunte a otro. Le dirá más o menos lo mismo. Están todos encantados con su Metro...

Por cierto, es tan digno de verse como el Guggenheim. No es que las estaciones sean como para presentarlas a premios internacionales de diseño, es que los han ganado. Son amplias y cómodas y están siempre limpias. Como servicio de transporte, su éxito ha superado con mucho las previsiones más optimistas.

Y es que el transporte público de calidad no sólo absorbe la demanda que hay: hace aflorar una demanda latente, porque ofrece movilidad a personas que antes estaban condenadas a no salir de su casa. Desde que funciona, el Ayuntamiento ha empezado a tomar medidas palpables para restituir las calles a sus verdaderos dueños, a saber, los peatones. Por ejemplo, donde era usual ver coches aparcados en doble fila suprimen carriles de circulación, o sea, de estacionamiento prohibido, y ensanchan las aceras. Ver para creer...

El Metro es el "buque insignia" de un proceso de reorganización de la movilidad que está haciendo la ciudad mucho más habitable. Entre otras muchas acciones, están prolongando las líneas de ferrocarril. La idea es conectarlas todas entre sí y con el Metro, hasta que funcionen como una red unificada.

Esto es más fácil de decir que de hacer. A ver qué se le ocurre a usted para perforar un túnel bajo la Ría, por un subsuelo literalmente empapado de agua. La solución, la próxima vez que hablemos. La "receta Bilbao" da a las autoridades una posibilidad (ojo, sólo una posibilidad) de organizar el crecimiento urbano a lo largo de unas arterias y evitar, al menos en parte, el caos urbanístico y el colapso del tráfico. Para acabar por hoy, una pregunta fácil: ¿qué habrá pasado en Eivissa y Formentera dentro de diez años si no se implanta un sistema nuevo de transporte público?

juan_manuel@grijalvo.com

 

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