Juan Manuel Grijalvo - Saint-Exupèry

 

Dedicado a y en memoria de Saint-Exupèry

 

(Ultima Hora, "FDS" 7 y 14 de septiembre de 2001)

 

 

- Buenos días - dijo el principito.

- Buenos días - contestó el guardagujas.

- ¿Qué haces aquí? - dijo el principito.

- Formo con los pasajeros grupos de mil - dijo el guardagujas - y expido los trenes que los llevan tanto hacia la derecha como hacia la izquierda. Y un tren rápido iluminado, rugiendo como un trueno, hizo temblar la caseta del guardagujas.

- Tienen mucha prisa - dijo el principito -. ¿Qué buscan?

- El mismo conductor no lo sabe - le contestó el guardagujas. Y rugió en sentido inverso un segundo tren rápido iluminado.

- ¿Regresan ya? - preguntó el principito.

- No son los mismos - le contestó el guardagujas -. Es un cambio.

- ¿Es que no se sentían contentos donde estaban?

- Jamás se siente uno contento donde está - le respondió el guardagujas -. Y rugió un tercer tren rápido iluminado.

- ¿Persiguen a los primeros viajeros? - preguntó el principito.

- No persiguen a nadie - dijo el guardagujas -. Duermen ahí dentro, o bostezan. Solamente los niños aplastan sus narices contra los vidrios.

- Sólo los niños saben lo que buscan - dijo el principito -. Los niños pierden el tiempo con una muñeca de trapo, que es lo más importante para ellos, y si se la quitan, lloran...

- ¡Qué suerte la suya! - dijo el guardagujas.

 

Esto es el capítulo XXII de "El principito" de Antoine de Saint-Exupèry.

Tras esta cita introductoria, pasemos a considerar la cuestión. La idea de que la velocidad es buena "per se" es uno de los grandes errores de esta época que nos ha tocado en suerte. Nuestra percepción de la cosa no viene de la observación empírica de la realidad, sino de la propaganda con que nos bombardean los mentirosos profesionales a sueldo de los fabricantes de coches.

En términos físicos, el transporte es mover objetos entre dos puntos del espacio. Este proceso consume energía y tiempo. Dividiendo la distancia recorrida entre la duración del viaje obtenemos la velocidad media. Pero hay que repasar bien las cuentas... Los anuncios jamás muestran el producto en condiciones reales de funcionamiento. Los coches aparecen circulando a toda galleta por una carretera privada, hecha para el disfrute particular de una sola persona. Tiran millas infinitas sin encontrar nunca otro vehículo.Será por eso que creemos que la velocidad punta es la velocidad real de los desplazamientos...

El viaje en coche dura lo que tardamos de puerta a puerta, desde origen a destino. Es decir, ir a pie hasta el lugar en que se halle el coche, "desatracarlo", recorrer cierta distancia, pasar atascos, encontrar aparcamiento en destino, y completar el trayecto a pie. La línea recta es la distancia más corta entre dos puntos. Lo más sensato y lo más económico es buscar el camino más corto. Pues no. La prioridad es hacer los viajes en el mínimo de tiempo. Como los anuncios nos han hecho creer que si vamos deprisa llegamos antes, para ir a lugares que están cerca a vuelo de pájaro damos largos rodeos por "vías rápidas". Lo mismo tardamos menos a pie...

En el caso de Eivissa, no sé qué efectos tendrá la conversión de la primera ronda en una avenida urbana. Probablemente daremos rodeos aún más largos para ir a cualquier parte. En coche, naturalmente...

En términos físicos, la velocidad es el espacio recorrido por unidad de tiempo. Para hacer bien las cuentas, tendríamos que sumar las distancias a vuelo de pájaro de nuestros trayectos. Es decir, el recorrido realmente necesario. Y dividirlas entre todo el tiempo que invertimos. Que no es sólo lo que duran los viajes. Tiene que contar usted las horas que trabaja para comprar el coche, para mantenerlo y para pagar los impuestos que se llevan las carreteras. Y los beneficios de Repsol-YPF. Y los costes de la contaminación atmosférica y acústica, y la siniestralidad, y la merma general de nuestra calidad de vida. Haga usted bien las cuentas, pero todas, y verá que la velocidad de los coches de verdad no tiene nada que ver con lo que dicen los anuncios.

Y sigue el capitulo XXIII:

- Buenos días - dijo el principito.

- Buenos días - respondió el comerciante. Era un vendedor de píldoras perfeccionadas que apagaban la sed. Se toma una por semana y no se siente en ese tiempo ganas de beber.

-¿Por qué vendes eso? - preguntó el principito.

- Representa una gran economía de tiempo - le dijo el vendedor -. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

- ¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos? - Se hace lo que se quiere...

"Si yo tuviera cincuenta y tres minutos para emplearlos en lo que quisiera - se dijo el principito -, caminaría tranquilamente hacia una fuente"...

juan_manuel@grijalvo.com

 

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