Juan Manuel Grijalvo - Vivir en Dalt Vila

 

(Ultima Hora, 21 de abril de 2002)

 

Dedicado a D. Luis Cervera Miralles

 

El día 11 de abril fui al Museu d'Art Contemporani para asistir a la presentación del libro "Els carrers de Dalt Vila", del arquitecto D. Luis Cervera. Subí para aplaudirle, porque tiene ojos, manos y corazón de artista, y porque no se guarda sus talentos. Sus trabajos anteriores hablan por sí mismos. Por eso estoy seguro de que el libro es excelente.

Su gran valor es que nos da una vista ideal que completa y mejora la que tenemos al pasear por allí. Para ver lo que nos muestra habría que demoler la mitad de las casas del barrio, y con eso ganaríamos la perspectiva para contemplar la otra mitad... con cierto coste, claro.

Como es natural, los dibujos muestran las fachadas de las casas. Pero la pregunta obvia es qué hay detrás... Vamos a ver, ¿cómo define usted eso de Patrimonio de la Humanidad?

Al parecer, la tesis oficial es que consiste en el conjunto de las fachadas. Es como esos pueblos de las películas del Oeste. El pistolero camina lentamente por la calle principal, que tiene a cada lado una serie de casas huecas... Todo es puro decorado: sólo "existen" el "saloon" y la cárcel.

¿A usted le gustaría vivir en un sitio así? Pues a mí tampoco... Será por eso que las casas de Dalt Vila se caen de viejas, mientras las autoridades barajan planes de renovación urbana con presupuestos que se agotan antes de pagar los estudios técnicos preliminares.

Para que vuelvan a vivir familias con niños en Dalt Vila habrá que darles, por lo menos, la misma movilidad y los mismos servicios que tendrían, digamos, en Ca'n Misses. Eso se puede hacer como en Ca'n Misses: a base de coches. Como no hay comercios de alimentación, ni empresas, ni oficinas, ni fábricas, en cada casa "hacen falta" dos vehículos para que los dos miembros de la pareja vayan a trabajar, a hacer gestiones y a comprar víveres en esos supermercados que los urbanistas del automóvil han instalado en esos lugares tan céntricos...

Por lo tanto, demoleremos la mitad de las casas de Dalt Vila para ensanchar las calles a cuatro carriles, convertiremos las plantas bajas en garajes y haremos jardines en los patios para que jueguen los niños, porque si los dejamos salir a la calle los atropellarán. También hay que poner un colegio privado y otro público, unos multicines, y varias instalaciones deportivas. El campo de fútbol lo colocamos en el castillo, y de esta manera garantizamos que haya tráfico los fines de semana, que el barrio tenga vida y que las familias con niños se hipotequen para veinte años - o más - por el gusto de vivir allí. A usted todo esto le parecerá una tontería... Pues mire, es exactamente lo que se hace en Ca'n Misses, caso ejemplar del modelo de movilidad al uso. Y si no lo cambiamos, es lo que se seguirá haciendo en todos y cada uno de los ensanches y urbanizaciones residenciales de la isla.

 

 

El crecimiento urbano en Eivissa no es armónico. Es como el de un coral... Tiene un núcleo muerto que se extiende hacia afuera, ocupando cada vez más territorio. Dalt Vila puede convertirse en una hilera de fachadas vacías, con una especie de casitas de muñecas dentro. Algunas están habitadas por personas que aman su barrio sobre todas las cosas. Aguantarán el asedio cueste lo que cueste. Podríamos hacer una encuesta sobre las motivaciones de los que aún resisten allí, en plan Numancia, arrostrando una incomodidad tras otra. Pero dudo que haya presupuesto para algo con tan poca rentabilidad electoral...

Dalt Vila puede ser un marco incomparable para que se hagan retratos los insignes próceres que aspiran a regir nuestros destinos. Pero la materia prima de la vida de las personas es el tiempo. Hay que darle un uso eficaz. No estoy diciendo que vivir sea estar siempre produciendo algo "útil", es decir, dinero... En absoluto. Si tiene usted sueño, lo más eficaz que puede hacer es dormir una siesta. Pero hay usos claramente ineficaces. Cuando una persona que tiene una casa maravillosa en Dalt Vila ha de bajar hasta la entrada para abrir el famoso pivote a los coches de sus invitados cada vez que quiere dar una fiesta, total para que no puedan aparcarlos en ningún sitio, la casa deja de parecerle tan maravillosa, supongo... O cuando tiene que bajar al Mercat Vell a por un kilo de patatas... y volver a subir a pie, naturalmente. Cuando se cansa usted de perder el corto tiempo que dura la vida en estos viajecitos, se muda a otra parte y yattá.

El transporte del siglo XXI en Eivissa ha de ser guiado, eléctrico y automático. Para acceder a Dalt Vila sin impacto visual, tendrá que ser también subterráneo. Eso no es fácil ni barato, pero las verdaderas soluciones nunca lo son. Si no resolvemos de veras la movilidad en Dalt Vila, no importa que nos llenemos la boca de aire para hablar del Patrimonio de la Humanidad con Mayúsculas. Y es que por el camino nos estamos olvidando... de la humanidad con minúscula.

Por cierto, el libro de D. Luis Cervera estará a la venta el próximo día 23. Cómprelo y consiga que se lo firme. Los autógrafos son buenos para los libros... y para los autores también.

juan_manuel@grijalvo.com

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