Juan Manuel Grijalvo - Vivir en un castillo

 

 

(Ultima Hora, FDS, 18 de abril de 2002)

 

Debe ser estupendo tener un castillo. Si también se pudiera vivir en él, es que ya sería maravilloso...

¿Cómo define usted eso de vivir? Por reducción al contrario, bastaría con no estar muerto. Pero no es lo mismo vivir que estar vivo. Bueno, digamos que es "vivir la vida".

¿Y qué es eso de la vida? Buscando otra antítesis, usted me entiende sin más cuando le digo que "esto no es vida"... La vida es la "buena vida".

Ahora que hemos acotado un poco los términos, intentaré una definición más positiva. Empezando por lo elemental, la vida tiene una serie de necesidades. No se puede vivir sin comer, sin beber, sin dormir a cubierto, sin cierta higiene... Nuestra civilización nos resuelve un montón de papeletas. Nos permite tener viviendas con saneamiento, calefacción, refrigeración, etcétera. Hoy por hoy, eso implica una red de conducciones de agua corriente y electricidad, alcantarillado, sistemas de transporte, telecomunicaciones... En fin, ya ve usted que esto de vivir a secas se ha vuelto bastante complicado.

Lo que excede de lo necesario es tal vez superfluo, pero ya ve usted que todo lo que da color a la vida siempre resulta ser un lujo y, como tal, prescindible.

Y es que la "buena vida" es cara por definición... La hay más barata, pero ya no es lo mismo. Toda esta serie de necesidades más o menos perentorias, más o menos artificiales, se puede describir en términos de dinero. Hemos de consumir bienes y servicios que tienen un coste. Pero nuestro curioso sistema económico llama "coste de la vida" a lo que es más exactamente su precio, su valoración en el mercado. En otras palabras, la vida es dinero...

Volviendo a nuestro castillo, todo este andamiaje que sostiene nuestro modo de vida resulta más difícil de montar, y por ende, más caro. Para mantenerlo hay que ser rico.

¿Y cómo define usted eso de ser rico? Antes era tener fortuna. Ahora, el fisco grava los patrimonios. Para ser rico - y seguirlo siendo - hay que tener rentas. Para mantener un castillo en buenas condiciones, han de ser elevadas. Pero los ricos aspiran a tener verdadera calidad de vida. No les basta con la satisfacción un tanto abstracta de echar, ejem, una siesta en un edificio con mucho "status". También quieren servicios de buena calidad, y los prefieren de lujo.

Bueno, el único castillo que tenemos a mano es el de Dalt Vila, y no está en venta... al menos, por ahora. Es el mayor - y mejor - espacio libre de Dalt Vila. Sin entrar en el uso que debe dársele, estará usted de acuerdo en que hace falta un sistema de transporte mejor que los actuales para acceder al recinto.

¿Y para qué puede servir el castillo? Se le puede dar un uso público. Alguien dijo, tal vez en broma, que había que poner la sede del Consell, para obligar a los ciudadanos a subir andando y dar vida al barrio. Bueno, el Ayuntamiento sigue por allí cerca y ya ve usted lo bien que nos va.

Otra idea es hacer un centro cultural, como un auditorio o cosa parecida. Eso, desde el punto de vista de la movilidad, es como poner un campo de fútbol. El día del partido, cientos de aficionados vienen en coche y lo aparcan lo más cerca que pueden. El resto del tiempo no viene casi nadie. Bonito panorama...

Y el uso público, aunque no tuviera otros inconvenientes, implica unos gastos fijos que hipotecan el erario público a perpetuidad. Y ya ve usted que mantener cualquier cosa en Dalt Vila cuesta más caro que en cualquier otra parte.

Se ha hablado de convertir el castillo en un hotel de lujo, pero de verdadero lujo, para gente que no tenga que organizar sus vacaciones cuando se las den en la empresa... Para eso son los dueños. De paso, puede estar abierto todo el año. En términos de movilidad, tiene un impacto más repartido y por lo mismo más asumible.

La condición "sine qua non" para cualquiera de las tres cosas - o esa otra que va a proponerme usted esta tarde - es que se lleve a efecto un verdadero plan de renovación urbana. En Dalt Vila, eso implica un sistema práctico para transportar materiales y retirar escombros. Una escuadrilla de "dumpers" yendo y viniendo toooda la tarde bajo su ventana puede privarle muy eficazmente de aquella satisfacción de echar, ejem, la siesta que decíamos antes... Por no hablar de lo que había sido ya oírlos toooda la mañana, por supuesto.

Los planes de renovación urbana son caros. El de Dalt Vila, si se hace bien, no será caro: será exorbitante. Por lo mismo, si no se enfoca el resultado para que les guste a los ricos, lo que se dice ricos de verdad, es tirar el dinero. Será otro parche y no servirá para nada. Mejor dicho, para nada bueno...

juan_manuel@grijalvo.com

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